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Opinión

Botellón ante el Consolat

Botellón ante el Consolat

Botellón ante el Consolat

La biografía de la mayoría de mallorquines perdería todo su atractivo si se despojara del horario nocturno. En caso de duda, Armengol puede explicarle esta particularidad noctámbula de la idiosincrasia local a Negueruela. Ahora bien, la programación de un macrobotellón ante el Consolat, a cargo además de la industria del consumo de alcohol, supone una sobrecarga emotiva para nostálgicos.

El Govern ha expulsado a los mercaderes de los templos nocturnos, hasta el punto de que la tractorada reglamentaria en cada legislatura progresista se transforma en una manifestación matutina, ni siquiera tardeo, donde los participantes llevarán un vaso largo en la mano. En honor del empresariado del ocio, se enfrentaron con igual furia a la Ley Delgado que los ponía a los pies de los hoteleros.

Los rebrotes le están dando la razón a Negueruela, en su plan de aprovechar el coronavirus para transformar el turismo de borrachera en un paraíso familiar. Sin embargo, en el primer día en que la UCI del hospital de Bérgamo no tiene un solo paciente con covid, conviene recelar de la manipulación política del "enemigo invisible", como lo llamó Trump.

La desaceleración de la pandemia implica el rebrote del turismo basura, pero la identificación del ocio nocturno con el hooliganismo y solo en zonas muy determinadas es difícil de aceptar desde una perspectiva liberal, o solo bruselense. El Govern alcanzaría un mayor consenso popular determinando que su decreto se dirige contra los establecimientos de Cursach. Por supuesto, este enfoque le crearía problemas con la autoridad policial, más entregada al magnate que Juan Carlos I a Corinna.

Las once de la mañana es un horario impropio por madrugador para noctívagos, lo cual introduce una duda sobre la asistencia al macrobotellón político. Sin embargo, la disparatada situación obliga a recordar el riesgo de la cruzada moralizadora con la excusa del coronavirus, denunciada ahora mismo por Noam Chomsky. Aparte de que el ruido y los chiringuitos de Costas dañan más que un pub.

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