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Opinión

Bienvenidos al tercermundismo

El Govern ya ha traído 430 toneladas de material sanitario desde China y asegura tener reservas para cuatro meses.

El Govern ya ha traído 430 toneladas de material sanitario desde China y asegura tener reservas para cuatro meses. CAIB

Los solidarios de salón denigraban la utilización de la palabra tercermundista, que tachaban de ofensiva para sus países protegidos. Bienvenidos pues al tercermundismo, que gobierna las relaciones comerciales según demuestran las compras apresuradas, sin control de calidad y con pagos vertiginosos de la conselleria de Sanidad a China.

En una de las primeras gestiones del Govern a través de los inevitables intermediarios, el proveedor chino exigía cobrar a la entrega del material sanitario en Shanghái. La interventora de la conselleria se plantó, negándose a cualquier desembolso hasta un día después del aterrizaje de la carga en Son Sant Joan. No hubo acuerdo, pero fue el último desencuentro y es fácil adivinar qué tesis se impuso en los subsiguientes suministros.

El Síndic de Comptes clama anualmente contra la arbitrariedad que rige los contratos llevados a cabo por el IB-Salut. Con la excusa del objetivo sanitario, se incumplen por sistema los "trámites administrativos" que el Govern considera detestables en su Decreto urbanístico. Pues bien, es preferible que el Síndico no reciba el detalle de las transacciones con China, porque se arriesga a sufrir un síncope.

El supuesto estado de necesidad generado por la pandemia se extenderá como un manto benéfico sobre operaciones en las que han jugado un papel decisivo las relaciones sexuales, el ejército, los restaurantes chinos y algunos de los personajes más inefables de las últimas décadas de la vida balear.

Este periódico ya adelantó que los médicos mallorquines no pudieron evaluar el material en China, lo cual devolvió a la actualidad al singular Paco Calatayud, hombre para todo de Michael Douglas y Jaume Matas erigido en árbitro de calidad. Respecto al papel jugado por el abogado José María Lafuente, su defensa del papel de benefactor remunerado demuestra que Mallorca está especialmente acondicionada para la nueva normalidad tercermundista.

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