22 de mayo de 2020
22.05.2020
Diario de Mallorca

Primer día con mascarillas obligatorias: "Serán nuestro nuevo día a día"

Los ciudadanos responden positivamente a la imposición de llevar mascarilla y se ajustan el dispositivo al rostro

22.05.2020 | 00:48

La nueva normalidad se abre paso. Muchos de los viandantes que circulaban ayer por las calles más céntricas de Palma portaban mascarilla. Casi todos conocían la obligatoriedad de llevarla en espacios públicos cerrados y se mostraron de acuerdo con la nueva medida

Tres amigas se disponen a cruzar la plaza Major de Palma. Apenas hay peatones y solo la terraza de una cafetería montada. Las tres llevan mascarilla. "Creo que es necesario, hay personas que tosen y no se cubren", se queja Gisela Silva. Sus amigas asienten. "Es un poco incómodo llevarla, pero te acostumbras. Será nuestro nuevo día a día", augura. Esmeralda Bolaños cree que ha sido una buena idea implantar su uso: "Han subido un poco los casos", comentó algo insegura, "lo leí en prensa", matiza. Cree que por esto la obligación de protegerse está justificada. Poca afluencia de paseantes en el centro si se compara con los tiempos anteriores al coronavirus. Algunas tiendas permanecen cerradas. Las que están abiertas advierten con carteles: "Por favor, solo una persona". "Utilice el desinfectante".

Un hombre parado en una esquina fuma un cigarrillo. La mascarilla descansa bajo la barbilla. Una chica se la retira para atender el teléfono: "Espera, que no aguanto la mascarilla". Otros la llevan a modo de brazalete. Un señor circula con ella colocada correctamente. En el bolsillo interior de la americana asoma una de repuesto. Bajo la nariz, sobre la barbilla, en el cuello... Los gestos para recolocarla se repiten de modo incorrecto. Joan Colom, farmacéutico con oficina en la calle Jaume II, cree que hay mucha gente que aun no sabe como llevarla. Con la entrada en vigor de la obligatoriedad ha notado un aumento en las ventas. Personas que se han despistado y compran solo una para salir del paso, otras que adquieren de uno u otro modelo, dependiendo del uso que vayan a darle. Colom opina que vale la pena sufrir la incomodidad que supone su uso para ganar más libertad de movimientos. Cree que en el centro de la ciudad habrá más personas que la utilicen: "En estas calles es más difícil mantener la distancia social y si te paras en un semáforo mucho menos", explica.

"Soy enfermo de diálisis peritoneal y nos obligan a llevar mascarilla cuando nos conectamos y desconectamos a la máquina así que estoy acostumbrado", dice Toni Rafel Capó desde el interior de la tienda Vol Ras, en los Geranios. A su juicio existe falta de responsabilidad entre la población a la hora de respetar la distancia de dos metros. "Creo que mucha gente se pondrá la mascarilla para evitar que le pongan una multa", opina. Pilar Vidal, propietaria del establecimiento, está de acuerdo con esa apreciación y también apela al sentido común y la responsabilidad, dos cualidades que ha apreciado en los clientes que se acercan a su local: "Son todos muy correctos". En este primer día Pilar ha detectado más rostros cubiertos en las calles. Muchos de ellos ya habían incorporado este dispositivo a su atuendo habitual. "Todos la deberíamos llevar. Yo me la pongo desde el principio. Cómodo no es, pero estoy protegida. Cuando veo grupos de gente sin llevarla me pongo histérica", dice Paqui Robles en la calle Sant Miquel. Su amiga Pilar Domínguez advierte sobre la gravedad del asunto: "La gente no lo entiende. Esto no es una simple gripe. Ahora he visto a unas chicas en una terraza sin mascarilla", lamenta. "Tú lo tienes que hacer bien pero los demás también para que funcione", argumenta Román Tarongí. Este joven también había incorporado el uso de la mascarilla a su rutina diaria. "Creo que está demostrado que estás más protegido", concluye. En la plaza de Cort, la imagen del distanciamiento social es la de tres personas sentadas en el banco del Ayuntamiento, guardando las obligadas distancias. Ninguno de ellos lleva mascarilla.

Muy cerca de allí, en Santa Eulàlia Ignasi Trueba ha previsto que no podrá guardar la distancia social, y coloca la mascarilla sobre su rostro antes de explicar por qué no aplaude la obligatoriedad de su uso: "Pienso que las otras medidas son suficientes no estoy de acuerdo en que impongan más normas, nos tenemos que fiar de la responsabilidad de las personas. Yo creo que la gente está muy concienciada, al menos con quines yo me relaciono. Aquí hemos vivido un confinamiento muy radical", reflexiona.

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