19 de mayo de 2020
19.05.2020
Diario de Mallorca

Las terrazas maquillan la realidad de la desescalada

La gran ocupación de mesas al aire libre en bares y restaurantes contrasta con la falta de actividad y clientes en el pequeño comercio

18.05.2020 | 22:22

Ocho días después de que Mallorca entrara en la fase 1 del plan de desescalada, el balance en los negocios que abrieron sus puertas arroja dos realidades muy distintas a pie de calle. Mientras que la mayoría de terrazas del sector hostelero funcionan a buen ritmo, siendo el epicentro de reuniones de amigos y familias durante todo el día, los pequeños comercios muestran la cara más cruda y amarga de la vuelta al trabajo.

Clientes a cuentagotas visitan los establecimientos en jornadas en las que se acusa una gran falta de movimiento [vea aquí las imágenes]. Un fuerte contraste tras una semana de reactivación del negocio que refleja la dura situación a la que deben hacer frente una gran parte de ellos para intentar salir del bache económico que les ha supuesto el confinamiento. Pese a estas dificultades, ayer abrieron sus puertas grandes comercios, con una superficie mayor a 400 metros cuadrados, del centro de Palma, aunque la superficie de compra estaba limitada.

A pesar de que habia mucha actividad por las calles, aprovechando el relajamiento del confinamiento, el pequeño comercio ofrece en su interior una imagen desangelada y fría. La mayoría continúa con las persianas bajadas, mientras que los que se han decidido a levantar el telón desde el pasado lunes día 11 aguardan con bajas expectativas la llegada de algún cliente durante el día. "Decidimos abrir el sábado porque era lo único que podíamos hacer para intentar salir hacia adelante, aunque teníamos previsto que hubiese pocos clientes", señala Claudia, dependienta de la tienda de ropa Maca.

Situada en la calle Oms, una de las arterias comerciales y turísticas de la ciudad, reconoce que solo abren por las mañanas "porque por la tarde todavía es más flojo el trabajo. No nos planteamos otra cosa hasta que no salgamos del estado de alarma".

Su negocio, comenta, vive en gran parte "de los turistas" y, conocedora de los meses que se avecinan, espera poder asumir los gastos y "sobrevivir hasta la próxima temporada". "Si volviesen a subir los casos y cerraran los locales sería una catástrofe, no sé cómo lo haríamos", lamenta.

Su situación es muy similar a la de otros muchos negocios de la zona. Los dependientes, resguardados tras el mostrador y equipados con mascarilla, esperan a clientes que no acaban de llegar y que si lo hacen, terminan la mayoría de veces por no realizar ninguna compra.

Elena, que trabaja como dependienta en La Luna, una tienda especializada en productos típicos de la isla, admite que "el volumen de clientes ha bajado mucho". "Vienen menos que antes, aunque se ha notado un poco que la gente tiene ganas de volver a comprar, pero todavía falta. De todas maneras, teníamos que abrir sí o sí porque había unos gastos que cubrir, aunque el ritmo va muy poco a poco", explica.

A pocos pasos se encuentra la Pizzeria Armonía, regentada por Nunzio, un cocinero italiano afincado en la isla desde hace dos años y medio. Cuenta con dos negocios de restauración, pero tan solo ha decidido abrir uno de ellos. "Aunque he podido abrir la terraza desde el día 11 y tengo un poco más de trabajo, no es suficiente para cubrir todos los gastos", explica. "Los clientes aún están un poco recelosos a la hora de pedir comida, pero creo que es normal y que con el tiempo irá cambiando", añade.

"Falta de responsabilidad"


Si en algo coinciden la mayoría de trabajadores es en la falta de responsabilidad de los clientes a la hora de acudir a muchos negocios y terrazas. Es el caso de Débora, que trabaja en una tienda de ropa interior, que denuncia que "es difícil estar en todo". A pesar de contar con un buen volumen de clientes, admite que lo único malo que ha notado estos días es que la gente "no se preocupa del distanciamiento social y no se toman nada en serio las normas".

En su misma línea se pronuncia Lucía, copropietaria del bar El Son, que no duda en señalar la falta de responsabilidad de muchos clientes a la hora de tomar las precauciones necesarias. "Vemos que la gente no tiene conciencia a la hora de venir a una mesa. Están haciendo vida normal y no deberían. Nosotros desinfectamos y limpiamos cada mesa cuando se marcha un cliente, pero algunos ni esperan a sentarse y es muy complicado controlarlo", relata.

A pesar de ello, se muestra sorprendida por la cantidad de gente que ha acudido a su terraza en la primera semana de la fase 1. "Ha sido una semana buenísima, ya que todos están como locos por ir a un bar, aunque no esperábamos que nos fuese a ir así", admite.

Bares y restaurantes con terrazas comienzan a asomar la cabeza, mientras que los propietarios y trabajadores del pequeño comercio batallan cada día porreflotar sus negocios, una tarea que esperan que mejore con el paso de las semanas.

Ayer fue el primer día en que las administraciones de lotería de la isla abrieron sus puertas al público tras dos meses cerradas por la pandemia del coronavirus. Loterías y Apuestas del Estado explicó en un comunicado que "los resguardos y décimos premiados cuyo período de cobro hubiese caducado durante la vigencia del estado de Alarma siguen vigentes y pueden cobrarse al haberse suspendido el período de caducidad desde el 14 de marzo".

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