03 de mayo de 2020
03.05.2020
Diario de Mallorca

Las parejas mallorquinas: ¡Sí, quiero!, pero en el 2021

La pandemia trastoca las celebraciones - Las comuniones pasan al otoño y los novios que no encuentran fecha libre dejan la boda para el próximo año

03.05.2020 | 00:12
La temporada alta de casamientos, a partir de mayo, se ha ido al traste.

"Y yo preocupada por si iba a llover el día de mi boda". Katerina Romanova, residente en Valldemossa, sonríe en medio de la zozobra que ha supuesto retrasar sus planes nupciales previstos para este mayo hasta octubre. Cruzemos los dedos.

La lluvia ha sido hasta ahora el invitado inesperado en las celebraciones. Menos este año. Muchas bodas se han tenido que posponer a 2021, encontrar fecha es complicado cuando se quiere elegir lugar. Se empiezan a organizar un año antes en una isla que se ha convertido en un paraíso mediterráneo al que parejas de extranjeros vienen para celebrar su casamiento. Y en cuanto a comuniones este año será también raro, se están retrasando para otoño.

En medio de este mundo al revés toda la cadena de proveedores que participan en la organización de eventos se están quedando a verlas venir: no solo se les han ido anulando las celebraciones, sino que ni siquiera saben cómo serán teniendo que huir de las aglomeraciones y con estrictas medidas sanitarias.
"Las comuniones y las bodas se están aplazando y no va ser fácil que coincidan las fechas de los restaurantes con las de las parroquias", dice Alfonso Robledo, presidente de la Asociación de Restauración, mirando ya a este año en el que las comuniones se espera empiecen a partir de septiembre y no se parará de mirar al cielo para que se permita que legiones de niños puedan disfrutar ese día en las piscinas de los restaurantes.

Las comuniones "mueven mucho dinero", como las bodas, "no solo en restauración", señala Robledo. "Son al inicio de la temporada y es una ayuda muy grande para la animación, el sector de la ropa, peluquerías, floristerías, pastelerías..., sobre todo en el pequeño comercio, más que en las grandes superficies".

"Pensamos que si esto no reflota en junio o julio habremos perdido el año", lamenta Saúl Martos, al frente de Turquesa Catering. Con su empresa organizan bodas, bautizos, comuniones cumpleaños y servicios para empresas en congresos, inauguraciones, incentivos o presentaciones. Martos calcula una bajada del 70 % de su actividad con marzo y abril ya perdidos. "Ahora teníamos congresos potentes" y todos se han quedado varados en el camino. Las bodas "entiendo que se van a posponer pero no sabemos cómo vamos a tirar". Tras venir de un primer trimestre "malo" era ahora cuando desde Turquesa se esperaba el repunte del negocio.

De Martos dependen directamente 17 trabajadores. "Solo aguantaremos un mes, a ver qué más saca el Gobierno cuando salgamos del ERTE", dice. El empresario resume el sentir general ante el parón económico por la pandemia: "Es como que te han tirado al mar y queda ver si llegas a la orilla o te quedas en medio".

¿Y cómo serán los eventos o la vida social en la era pospandemia? "¿Si tienes una boda cómo habrá que separar a la gente?", interpela Martos, que en abril tenía cuatro previstas y otras ocho en mayo. "Las prefieren para diciembre o el año que viene".

Robledo no deja de dar vueltas a cómo se las areglarrán bares y restaurantes. "Estamos viendo cómo lo hacen en China. Empezaron con una persona por mesa, pero allí no hacen tertulias...". Imagina los locales con un 50 % de capacidad y muchas terrazas.

Un desastre

Visto que lo de las aglomeraciones no se llevará al menos a medio plazo, Eva Cano también ve que la reducción de invitados afectará a las animaciones, su negocio. La propietaria de Createva, decoración y animación de eventos, no pudo celebrar la cuarta edición de la feria Mi Comunión en marzo, en el Golf Son Muntaner. Tenía previstos 70 eventos este año, 40 ya firmados y en la feria se iban a captar más porque la decoración y la animación "se deja para el final". En su caso las bodas también se posponen a 2021 y las comuniones, al menos las de Madre Alberta, se pasan a octubre y noviembre. La decoradora lamenta que en este difícil trasiego de 2020 pueda perder ese local que no sabe hasta cuándo podrá seguir pagando.

"Es un desastre", resume Marian Clavel, de MC Event Planner. Apenas se aprobó el decreto del estado de alarma "contactamos con todas la parejas que se iban a casar en abril y mayo. Casi todos los eventos se harán en 2021". Parte del negocio de esta organizadora de eventos se centra en parejas de extranjeros que vienen a la isla a celebrar la boda de sus sueños.

Saúl Martos teme que "alemanes, suecos o británicos" dejen de venir a casarse. O basta con pensar en todos esos invitados que vienen de fuera de Mallorca a las celebraciones de sus familiares o amigos o los abuelos y el resto de mayores, todos personas de riesgo ante la covid-19.

"Nadie ha cancelado, todos las han pospuesto", dice Marian sobre sus clientes. Sin poder haber hecho aún unos cálculos fiables, la empresaria prevé que sus pérdidas rondarán los 60.000 euros. Organiza entre 30 y 40 bodas anuales y el 80 % de gente de la península o el extranjero. "En dos años haremos el trabajo de uno", lamenta, "doy por perdida la temporada salvo para los mallorquines". "Solo pedimos que para salvar el año nos hagan una parte del ingreso", añade, y critica haberse encontrado con proveedores que han pedido penalización por retrasar las celebraciones. "No volveré a trabajar con ellos, las parejas no tienen la culpa".

Ante el descuadre que suponen la cancelación de las bodas, las parejas se están conformando con pasarlas a días entre semana porque los fines de semana de 2021 ya tienen propietarios. "Desde el Obispado nos dicen que están pendientes de una orden episcopal sobre que en verano no se harán ni bodas ni bautizos ni comuniones", explica Marian.

Desde el Obispado de Mallorca informan de que no manejan el dato de cuántas anulaciones ha habido, "depende de las parroquias". "Se irá viendo", cuando se vuelven a abrir las iglesias. Pero solo fijarse en las últimas estadísticas de celebraciones, las de 2018 –con 3.494 comuniones, 3.787 bautizos, 772 matrimonios y 462 confirmaciones–, y teniendo en cuenta que primavera y otoño son su 'temporada alta', sirve para hacerse una idea.

Hablan los novios

"Qué faena, llevamos desde marzo del año pasado preparando la boda, había un trabajo detrás...", explica Coloma Martorell, a quien Marian Cano le organiza el evento. Su matrimonio con Jaume, previsto para el 16 de mayo se ha pasado al 17 de octubre, "sin seguridad absoluta". Se casan en Son Servera, con 110 invitados. "Veremos si viene la familia de la península, y un par de parejas de Florida y Alemania. Con lo que está pasando habrá que priorizar gastos".

Además de la apertura o no del espacio aéreo, Coloma piensa en las condiciones económicas, porque las bodas, ya se sabe, "también son un gasto para los que acuden". "Intento tener toda la actitud positiva de que no se moverá más la fecha", implora.

Coloma, contable para tiendas de ropa en zonas turísticas, y su chico, trabajador de rent a car ahora en ERTE, tenían planificada la luna de miel a Japón el 10 de octubre, tras la temporada. De momento el viaje no se ha podido cambiar: "¡Hemos aceptado la fecha de la boda posterior!". La joven se toma todo esto con simpatía pensando ya que la pandemia y este reportaje pasarán a formar parte de las anécdotas del álbum de la boda.

Desde Londres, la británica Dovile Jankauskaite cuenta cómo planeó su casamiento con Mindaugas Miskinis hace un año para el 16 de mayo y ahora será el 20 de septiembre, con 70 invitados que deberán llegar a Son Marroig, en Deià, desde Reino Unido, EE UU, Canadá, China, Lituania...

Similar panorama tiene Katerina Romanova. Para su enlace con Javier González cuenta con invitados que vienen de la península, su natal Ucrania, Rusia, Polonia o Eslovenia. "Se veía venir" que casarse el 23 de mayo y el posterior viaje a Japón no podría ser, así que la nueva fecha es el 4 de octubre. Cree que muchos de sus 70 invitados no podrán venir. "Yo no lo haría", reconoce ante el escenario económico. Tampoco se siente segura de que el modo bufé en su enlace en la finca Son Togores pueda servirse por las restricciones. Katerina espera que su boda se celebre y "nos podamos abrazar" y hasta casi se disculpa por ver la pandemia como "un fastidio" para su boda. Con la que está cayendo "es egoísta quejase por esto". Una novia como tantas que hasta hace poco lo que más le quitaba el sueño era la lluvia.

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