26 de abril de 2020
26.04.2020
Diario de Mallorca

La UCI de Son Espases, la última trinchera del coronavirus

La Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de referencia atiende a pacientes Covid-19 cosechando una de las más bajas mortalidades del país: de 50 personas asistidas, 19 habían sido curadas y nueve fallecidos el pasado jueves - El 85% de los enfermos están en coma farmacológico

26.04.2020 | 00:13
La UCI de Son Espases, la última trinchera del coronavirus
La UCI de Son Espases, la última trinchera del coronavirus

En estos tiempos de Coronavirus en los que los responsables políticos no dudan en utilizar términos bélicos, el titular de este reportaje puede parecer adecuado. Pero no refleja la labor de los sanitarios de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de Son Espases. Un desempeño
que nada tiene que ver con la guerra sino más bien con un inagotable trabajo en equipo centrado en todo lo contrario. En salvar vidas.

Si impresiona entrar en la unidad de críticos de Son Espases en cualquier situación, impacta aún más en estos momentos de Covid-19 [vea aquí las imágenes]. Un ambiente hermético, casi claustrofóbico, con un silencio solo mitigado por el ruido de las máquinas y los respiradores, acentúa esa impresión. Los sanitarios se mueven por la unidad de una manera similar a cómo lo hacen las hormigas en los documentales de naturaleza, en apariencia caótica y desordenadamente pero siempre con un objetivo. Con una finalidad.

Porque las conversaciones y las risas entre el personal y los pacientes, habituales en las plantas de hospitalización, aquí no se oyen. No hay resquicio para la alegría, solo trabajo y más trabajo. "El 85% de los pacientes Covid-19 están sedados, intubados y conectados a un respirador, en coma farmacológico inducido. Están completamente aislados de su entorno. El único contacto humano que tienen es con nosotros", explica Celia Sánchez, supervisora de enfermería del área de Críticos y Urgencias.

Al alimón con Maria Riera, jefa de sección de la UCI, responde la supervisora de enfermería que no, que estos pacientes no requieren más cuidados que otros con diferentes patologías, "pero el uso de los Epis (equipos de protección individual) entorpece mucho nuestro trabajo. Hay que estar muy pendientes de que, una vez dentro (de los boxes), no se te muevan las gafas o la mascarilla".
Hasta el momento, se congratula Celia Sánchez, no se ha contagiado ninguno de los trabajadores que coordina. "Y somos 234 personas entre enfermeras, auxiliares y técnicos de laboratorio", subraya resaltando implícitamente el buen hacer de sus subordinados. "Ni ninguno de los 24 facultativos que además hemos recibido refuerzos de los servicios de Pediatría y Anestesia", añade la doctora Riera.

Sin visitas, solo para despedirse

Estos pacientes Covid-19 críticos no pueden recibir la visita de sus familiares. Solo se llama a los allegados cuando llega el momento final, para que puedan despedirse de él de la manera fría y aséptica a la que ha obligado este virus, a través de un cristal, sin poder darle un último abrazo, un beso. "Y cuando llamas a algún familiar sabes que ni siquiera van a llegar a tiempo", lamenta Sánchez.

Son situaciones muy duras las que tienen que contemplar en su día a día estos profesionales que, por ello, reciben asistencia psicológica. Pese a lo cual, se vuelve a congratular su supervisora, todavía ninguno se ha puesto de baja.


Para intentar humanizar un poco estos estancos espacios asistenciales, tanto la doctora Riera como la jefa de enfermeras revelan que están intentando cambiar el protocolo para que los familiares, al menos, puedan visitar de vez en cuando a su pariente y no únicamente para despedirse de él. "Creemos que les beneficiaría mucho poder verles", opinan ambas. "Y si queremos, lo haremos", zanja, categórico, el doctor Julio Velasco, jefe de la unidad que se acaba de incorporar a la visita.

"Hemos tenido a 50 pacientes con Covid-19 de los que 19 han salido y 9 han fallecido. Permanecen en la unidad 22 y uno con sospecha de serlo. La mortalidad es del 18%, muy baja, de las más bajas del país. El problema es que los que quedan son muy mayores y llevan mucho tiempo", señala precavido.

El tiempo medio de estancia de los enfermos Covid-19 es de unas tres semanas, aunque el que lleva más tiempo está ingresado desde hace 34 días. "Y continúa aquí. La que menos estuvo fue una mujer que a los 8 o 9 días ya pasó a planta", apunta una supervisora de enfermería a la que, cuando se le inquiere con la mirada, revela que lleva 32 años trabajando en la UCI y que ha visto de todo, el sida, la gripe A, la reciente crisis del ébola. Pero que no ha vivido nada similar a esto.

Miedo a contagiarse

Pese a que no ha habido contagios, el personal está afectado emocional y físicamente. "Tienen miedo a contagiarse", resume Sánchez.

Porque, con todas las precauciones imaginables, los equipos formados por un médico, dos enfermeras y un auxiliar pasan una media de cuatro horas diarias dentro del box atendiendo a los pacientes. Para garantizar la continuidad asistencial, han ideado un método tan simple como efectivo: apuntan con un rotulador en la puerta de cristal de acceso al box lo que precisa el paciente. Su dieta, la cantidad de insulina... Lo que sea.

Dos pacientes han precisado que se use con ellos una máquina conocida como ECMO y que su función es, básicamente, extraer la sangre del paciente, oxigenarla y volvérsela a introducir así enriquecida, señala la doctora Riera recordando que solo puede usarse con pacientes "en buenas condiciones, de entre 60 y 65 años como mucho".

Las largas estancias en estas unidades dejan secuelas físicas y psíquicas a estos pacientes ya de por sí frágiles. Pierden fuerza y tono muscular y es difícil volver a la realidad tras tantos días sedados y aislados.

"Vienen fisioterapeutas para ayudarnos a moverlos", revela la doctora Riera. "Esta situación ha magnificado el trabajo en equipo", aprovecha la coincidencia el doctor Velasco para resaltar que a los cuidados que se prestan en la UCI se han incorporado otros profesionales del hospital como otorrinos, neumólogos, anestesistas..., señala mientras en un box cercano se ve a hasta cuatro profesionales trabajando con un paciente.

"Le están haciendo una traqueotomía (procedimiento que, revela, realizan a los pacientes a partir de las dos semanas de ingreso con el objeto de evitar más daños en sus cuerdas vocales por el más invasivo tubo de la ventilación asistida). Normalmente las hacemos nosotros (los intensivistas), pero ahora nos ayudan los otorrinos por seguridad, porque se manipula una zona donde la carga viral es más elevada".

Este aumento del trabajo a consecuencia de las precauciones que hay que adoptar no ha sido reconocido ni, mucho menos, remunerado. Pero todos los profesionales que han dado voz a este reportaje tampoco lo esperan. "Es nuestro trabajo", simplifica la doctora Riera. "Y no nos falta de nada. Camper nos ha traído zapatos. Nestlé, meriendas y batidos. Nos traen incluso flores y los particulares nos regalan tartas y dulces a todas horas. ¡Sin duda vamos a acabar esta crisis con el colesterol mas alto!", bromea Celia Sánchez.

Menos estrés, menos ingresos

Retoma la seriedad el doctor Velasco al manifestar su preocupación ante un posible rebrote de casos ya que, recuerda, la estancia media de los pacientes Covid-19 en la UCI es muy prolongada, de en torno a las tres semanas frente a los seis o siete días que de promedio permanecen enfermos con otras patologías.

"Hemos tenido menos ingresos por otras patologías, no sabemos por qué, habrá que estudiarlo cuando pase todo esto. Hay quien apunta que han bajado por el confinamiento, de la mano de la disminución del estrés por el trabajo y por nuestra forma de vivir hoy en día. Pero, ¿qué pasará si se produce un repunte de casos de Covid cuando las personas ya están en la calle y la afluencia a la UCI de pacientes con otras patologías se normaliza?", lanza esta cuestión el doctor Julio Velasco, consciente de que un Covid ocupa durante mucho tiempo una cama de críticos (las citadas tres semanas de media), una cama que puede ser vital para salvar otras vidas.

Y todos los profesionales que trabajan en Son Espases, el buque insignia de la sanidad balear, saben que, si se colapsa por la afluencia de pacientes, el colapso comenzará en la Unidad de Cuidados Intensivos, el último recurso, o trinchera en estos momentos de guerra contra el coronavirus, para salvar vidas.

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