Agosto de 2020. Día de playa. Sólo se ven bañistas en grupos de tres como máximo y a bastante distancia entre ellos. No se ven hamacas. El chiringuito está abierto, pero tiene un cartel donde informa de que el aforo está limitado. El local ofrece a los pocos clientes gel desinfectante. El cliente se sorprende: los precios del chiringuito son más bajos que el año anterior. Por la tarde, el bañista se irá a su hotel. No se servirá él el bufé. Lo harán los camareros desde detrás de una mampara. Al volver a su habitación, se cruzará con unas camareras de piso con guantes y mascarilla. El cliente lo agradece: eligió ese hotel porque le convenció su política de protección contra el virus.

Evidentemente, esta escena solo es una suposición, pero se basa en las predicciones que realizan algunos expertos sobre cómo podría ser el verano más atípico de la historia de Mallorca; un verano en el que para los turistas (si hay) y para los locales el factor clave no será el tiempo ni la promoción ni los precios, sino el grado de protección que perciban. "El que aporte mejores soluciones de seguridad se llevará el gato al agua", considera el consultor turístico Antoni Munar.

La primera pregunta está en la mente de todos: ¿se podrá ir con normalidad a la playa? Quedan aún semanas y las autoridades sanitarias tendrán la última palabra, pero la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, ya avanzó que no se repetirán esas escenas de aglomeración en los arenales. "Vamos a tener que interiorizar el distanciamiento social, incluso en las playas", dijo recientemente en una entrevista en El País. "No creo que se permitan grupos de más de cuatro personas en las playas, aunque será difícil controlarlo", argumenta Munar.

Algunos hablan de que habrá que ir por turnos y otros, incluso, ya ven una posibilidad de negocio con el distanciamiento. Como una empresa italiana (Nuova Neon) que ha ideado un sistema de cubículos de plexiglás para aislar a los bañistas. "En nuestra opinión, es una idea que puede funcionar", afirma su dueño, Claudio Ferrari

La separación de los pasajeros será tendencia en la aviación que se viene. Munar cree que las compañías idearán fórmulas como quitar "dos o tres hileras de asientos" para garantizar una distancia mínima.

Los cubículos también pueden ser una opción en este caso y, de hecho, otra empresa italiana ya ha presentado su sistema 'Jano' como el dios romano de las dos caras: en una fila de tres asientos, el del medio está colocado al revés y aislado por mamparas.

Cifras de otra galaxia

La llegada de turistas extranjeros dependerá, como es lógico, de la apertura de fronteras. Sólo el año pasado, Balears recibió 13,7 millones de visitantes internacionales. Cifras de otra galaxia en la situación actual, en que habrá que derribar otra frontera: la del miedo. "La experiencia de esta situación tan traumática puede provocar un cambio en el orden de prioridades en la vida de muchas personas", asegura el profesor de los estudios de Economía y Empresa de la UOC, Joan Miquel Gomis, quien señala que lo más probable es que los precios tiendan a la baja para captar la demanda recelosa.

Algunos gobernantes europeos ya han pedido a sus ciudadanos que este año hagan "vacaciones de proximidad". "En Alemania, supongo que se irán al Báltico. Pero si ya han anulado hasta la 'Oktoberfest', ¡que es en octubre!", afirma Munar. En este tipo de escenario de emergencia, que recuerda más al turismo que se hacía en los 70 que al frenesí de las últimas décadas, algunos abogan por aferrarse al turismo local.

"Podría ser el momento de fomentar más el turismo entre islas", opina el presidente de los comerciantes de Acotur, Pepe Tirado.

La seguridad sanitaria se afianzará como el principal activo de los destinos turísticos. "La gentelo tendrá mucho en cuenta"

, dice Munar, que habla como tendencias de futuro de comedores a la mitad de su aforo, bufés con mamparas en que los clientes no se podrán servir por sí mismos, todo incluido muy limitado por las normativas de seguridad y habitaciones con sistemas automáticos de desinfección.