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"Entraban al avión con la cerveza en la mano, disfrazados y ganas de fiesta"

Un sobrecargo de Ryanair relata cómo han sido los últimos vuelos regulares y de rescate con Alemania, sin protocolos ante la pandemia

Las compañías pagarán siete millones de euros al mes por tasas de aparcamiento.

Las compañías pagarán siete millones de euros al mes por tasas de aparcamiento. dm

Hasta el 31 de mayo Isaac Solla no volverá a subirse a un avión de Ryanair, la compañía, a nivel europeo, "no planea volver a volar".

El sobrecargo de la aerolínea irlandesa, que reside en Mallorca, tenía permiso de la Guardia Civil para viajar de forma excepcional rumbo a Sevilla, donde pretendía ayudar a su madre, de 66 años, en el cuidado de su abuela dependiente, de 93 años. Ha sido víctima de la cancelación del vuelo que debía llevarle de Madrid a la capital hispalense. "Me quedaré en un piso de 35 metros cuadrados y amigos míos echarán una mano a mi familia".

El sobrecargo participó en los vuelos de repatriación de Ryanair hasta el pasado sábado 21.

"Lo hemos vivido todo con una mezcla de miedo y a la vez de responsabilidad y orgullo de poder ayudar a la gente que necesitaba regresar a casa". Las tripulaciones de los aviones han trabajado "duro" en estos días locos de repatriaciones, cancelaciones y muchos nervios.

"Estamos muy expuestos, como es evidente", relata. "Soy sobrecargo y he intentado dar pautas a mis compañeros para que ayudaran sin ponerse en riesgo, tocando lo menos posible las maletas, zonas o superficies donde estaban los pasajeros, desinfectando a ser posible y vigilando mucho los baños".

El servicio abordo con el que marean tanto las compañías aéreas "se ha reducido a mínimos. No se pasa con el carrito y solo se aceptan tarjetas de crédito, a ser posible contactless". El dinero en metálico se ha convertido en un paria en tiempos de coronavirus. Los primeros vuelos de rescate venían a Mallorca con 50, 30 pasajeros , en las rutas de Colonia, Berlín o Dortmund a la isla. Luego pasaron a ser diez y el sábado 21, solo tres pasajeros.

Aviones fantasma surcan ahora los cielos, no ganan ni para una gota de keroseno, mientras las tasas por aparcar los aviones son otra sangría para las compañías. La patronal Asociación de Líneas Aéreas (ALA) calcula que las restricciones en el tráfico aéreo a causa del Covid-19 costará más de siete millones de euros al mes en concepto de estacionamientos.

"Olvidados"

"Somos parte de los grandes olvidados. Nadie habla de nosotros, ni de nuestras condiciones de trabajo", reivindica Isaac. "Nos confinamos en un tubo cerrado durante varias horas con pasajeros. Gente que no sabemos de dónde viene ni dónde van. Algunos nos tratan bien, otros fatal", confiesa.

Tampoco existe un protocolo para operar vuelos ante una pandemia. El coronavirus ha pillado a todo el planeta al descuido.

Solo en caso de encontrar a algún pasajero disperso, por ejemplo, con ébola se sabría cómo proceder para aislarlo. "Para nada estamos preparados ante lo que estamos viviendo. Es algo que la aviación civil debería cambiar a nivel europeo", reflexiona Isaac.

Hay tanto que revisar después de este tsunami de vulnerabilidad ante la situación "inexperimentada" -palabra acuñada estos días por el filósofo y miembro de la Real Academia Española Emilio Lledó- que vivimos.

Las tripulaciones han estado volando sin mascarillas. Solo el último día de trabajo el sobrecargo tuvo acceso a una. En los embarques los viajeros llegaban todos juntos y estaban "pegados todo el tiempo". "Costaba mucho que siguieran nuestras instrucciones para guardar espacio entre ellos y con nosotros", dice.

Ya con el estado de alarma decretado, "la gente seguía llegando a la isla con ánimo de salir de fiesta, con mucho inconsciente que entraba al avión con una cerveza en la mano", y que empezaba abordo con la diversión. "Nos ha sorprendido que les permitieran viajar a España sin control".

Hasta que por fin el 16 de marzo se cerraron el puerto y el aeropuerto. Solo cinco surrealistas días antes, la Autoridad Portuaria de Balears pretendía recibir en Palma a unos 40 cruceros en escalas que evitaban Italia. La delegada del Gobierno, Aina Calvo, y el alcalde José HilaJosé Hil confiaban entonces en que los controles médicos abordo eran suficientes.

Sin protocolos

"'Por favor, lávense las manos, hay desinfectante', advertíamos al embarcar", rememora Isaac. "Algunos pasajeros venían disfrazados, como si fuera cualquier mes de marzo", dice melancólico el sobrecargo. "Comentaban que iban a ir al Bierkönig o al Megapark. Les decíamos que no iban a poder y respondían que irían a la playa". La víspera del decreto de alarma

Con la crisis del coronavirus en efervescencia, solo el pasado día 20 "nos hicieron un control", rellenando el cuestionario que puso en marcha el Govern.

El tripulante de cabina lamenta que no "se blindaran aeropuertos ante la llegada de pasajeros potencialmente infectados" y que no se protegiera a las tripulaciones. "Hemos podido estar contagiando a mucha gente en el avión sin saberlo".

Hasta la semana del decreto del estado de alarma, "los vuelos venían llenos a Mallorca". Los primeros días, con los isleños confinados en sus hogares, seguían llegando alemanes de vacaciones, por ejemplo "dos parejitas de abuelitos, con sus guías de Mallorca. Ha habido mucha irresponsabilidad". Mucha inconsciencia. El turismo de borrachera no entiende de pandemias.

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