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Diario de una madre teletrabajadora

Un robot que se parece a Villarejo

Día 13. Me dio el bajón mientras leía el diario. Me lo notaron enseguida, incluso en el monosíalabo que articulé para contestar su...

Un robot que se parece a Villarejo

Un robot que se parece a Villarejo

Día 13. Me dio el bajón mientras leía el diario. Me lo notaron enseguida, incluso en el monosíalabo que articulé para contestar su "¿podemos hacer un fuerte en el salón con todas las sillas, los cojines, las mantas, las pinypon y los playmobil?". No debió ser un 'no' como los de siempre, un misil autoritario cargado de advertencias y amenazas futuras. "¿Qué te pasa que no gritas?". Vinieron corriendo a abrazarme. "No siempre grito", me defendí susurrando. "Gritas muchísimo". "Tengo una voz muy aguda de familia, es genética. Mis tías y mis primas chillan más que yo", les cuento. Se ponen a reír recordando mis mejores alaridos de la semana: cuando se me cayó el airpod a la cazuela de las lentejas mientras hablaba por teléfono y guisaba a la vez; cuando me tropecé con un coche de lego; cuando descubrí que un pañuelo de papel se había colado en la lavadora; cuando gastaron medio bote de gel en la bañera porque nunca hay suficiente espuma. Causas de fuerza mayor para cualquier madre que afronta una pandemia mientras reinicia el ordenador media docena de veces y ayuda en las restas con llevadas. Sin embargo, no quiero dar mi brazo a torcer y les enumero las veces en que he sido súper dulce y paciente, hasta que llega él con su robot teledirigido. Se lo trajeron los Reyes porque tenía tan claro que lo deseaba con todo su corazón que les escribió media docena de cartas, la primera de ellas en junio. Es una chulada: baila, canta, mueve la cabeza... y graba sonido ambiente. Él lo pone en marcha y se oye mi voz a grito pelado hablando con un compañero sobre la disminución de las ratas en la ciudad. "¿Ves? Mira cómo gritas por el móvil". Pequeño comisario Villarejo maligno. Le digo que grabar conversaciones privadas está prohibido y que le voy a arrear una tunda de cosquillas. "Ahora por lo menos ya estás normal, gritando", escapa.

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