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Diario de una madre teletrabajadora

Ellos acusan, yo imparto justicia

Día 9. Ella se ha despertado a las once de la noche llorando desconsolada porque no encuentra una postura cómoda para dormir

Ellos acusan, yo imparto justicia

Día 9. Ella se ha despertado a las once de la noche llorando desconsolada porque no encuentra una postura cómoda para dormir. A los treinta segundos volvía a roncar, pero yo sé que le hace mella el aburrimiento de estar todo el día en casa. "Mami, ¿qué es un huérfano?", me pregunta él al sentarse a desayunar. "¿De parte de quién?", le respondo sin ninguna gana de entrar en el tema. "Me salió esa palabra en un libro". Pues qué alegría. Intento levantar los ánimos del personal cambiando mi sudadera de andar por casa color ala de mosca por un jersey de colores y funciona. Pero todavía les alegra más saber que esa tarde vamos a grabar un vídeo para una compañerita que cumple los años sin fiesta, ni tirones de oreja, ni regalos de sus amigos. El número de entradas prohibidas en la cocina donde yo reinicio mi ordenador por segunda vez entre maldiciones está alcanzando cotas alarmantes. "La tata me está diciendo cosas malas y encima ahora se ha puesto a perrear", se chiva él. "¿Qué clase de cosas malas?", indago para saber si me tengo que levantar y saltar por encima del cable para restablecer el orden constitucional. "Que tengo novia y me llama fufu". "No es verdad. Él se ha subido a la silla y se ha puesto a bailar como un chulito", contraataca ella en su descargo. "Y encima dice que Antonio Juan es fufu". Antonio Juan es su muñeco que parece un bebé de verdad, mi "precioso nieto", según le gusta repetir para mortificarme. "Pues no le hagas caso", le respondo a él. "Pues no le hagas caso", le repito a ella. Me paso el día impartiendo justicia de la buena, y ellos recurriendo y acusándose mutuamente. En momentos puntuales, antes de comer y a media tarde, pasan de las faltas al delito. Un cachete, una patada, un tirón de pelo. Les amenazo con sacarles a la escalera. "¡Yo, yo!", se ofrecen voluntarios con tal de salir del piso.

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