25 de febrero de 2020
25.02.2020
Solidaridad

Dolores, 94 años, sola y sin ayudas sociales en Palma

Los vecinos de Nou Llevant quieren que Servicios Sociales se hagan cargo de ella, se la traslade a un centro donde la puedan cuidar y pueda vivir con dignidad

25.02.2020 | 00:22

Vivir en la miseria. Dolores Prieto tiene 94 años, está enferma y vive prácticamente en la miseria en su casa del Polígon de Llevant. Los vecinos quieren que Servicios Sociales se hagan cargo de ella, se la traslade a un centro donde la puedan cuidar y pueda vivir con dignidad

Al pasar por delante del edificio de la calle Bogotá, en el Polígon de Llevant, ya se detecta un olor desagradable. Y cuando se entra en la vivienda de la planta baja se acentúa. Se trata de una vivienda donde vive sola una mujer anciana de 94 años de edad. Se llama Dolores Prieto y es una anciana soltera, sin familia, sin apenas amigos, que se pasa el día tumbada sobre dos viejos colchones que una vecina rescató de un contenedor.

Casi toda la barriada conoce a Dolores. A pesar de su avanzada edad, hasta hace poco podía cuidarse ella sola, pero ahora ya no puede. Se cayó hace unas tres semanas, se lesionó la cadera y sus piernas ya no la sostienen. El problema está en que necesita ayuda, pero sobre todo precisa ingresar en algún centro social, aunque ella se resista a abandonar la casa donde ha vivido casi toda su vida desde que abandonó Galicia, su lugar de origen.

Mientras podía cuidarse ella sola, a Dolores se la recuerda porque se pasaba las horas sentada en el escalón de la entrada del edificio donde vive. Fumaba un cigarrillo tras otro, un vicio que le ha acompañado toda su vida y que ahora le cuesta superar.

Un ángel salvador


Ahora que ya no puede salir a la calle, Dolores ha dejado de importar. Casi nadie la recuerda, solo Margarita, una vecina, que se ha convertido en una especie de ángel salvador. Esta mujer, y a veces su hija, es la que cuida a Dolores. La visita casi cada día, la entretiene, le habla y la limpia cuando se hace las necesidades encima. Además, las sábanas y las mantas que visten la cama de la anciana son suyas. Dolores está tan delgada que apenas come, aunque cada día recibe los alimentos que le facilita la Cruz Roja. Cuando se da cuenta de que alguien ha entrado en su casa solo pide que le regalen un cigarrillo, porque tiene mono por fumar.

Casi todas las mañanas una asistenta social la visita en su casa. La limpia, le coloca el paquete e intenta recoger la casa. Pero es tanta la suciedad que se ha ido acumulando durante años que poco puede hacer. Cuando se va deja a la anciana acostada sobre los viejos colchones.

Los vecinos han llamado en ocasiones a los bomberos y a los servicios sanitarios. Pero Dolores no está tan grave como para estar en una clínica, aunque sí necesita ingresar en un centro social para que puedan cuidarla. La anciana está todo el día acostada. No puede levantarse ni para ir al baño y mucho menos para asearse ella misma. El váter no tiene tapa y hace mucho tiempo que no se ha limpiado.

Suciedad por todas partes


El aspecto de la vivienda no puede ser más desolador. Apenas hay muebles y la mujer guarda pocos recuerdos. Solo algunas fotos de familiares sobre una cómoda. Ella pasa las horas en lo que un día debió ser el comedor de la casa, que lo convirtió en su habitación. Allí instaló una sucia y vieja nevera. Para sentarse solo tiene un mugriento butacón, que está tan manchado de suciedad que no invita a recostarse sobre él. Al fondo, sobre un mueble, aún guarda un gran retrato del dictador Franco, que posa con un uniforme militar.

La suciedad se extiende por el resto de la casa. No hay pared donde no cuelgue alguna telaraña. La cocina está tan sucia que no es apta para cocinar. Lo mismo pasa con las dos habitaciones y el baño, que hace mucho que no se limpian. De hecho, en una de las habitaciones está el colchón en el que hasta hace poco dormía Dolores, pero que la vecina apartó porque estaba inutilizable.

Y bajo estas condiciones lamentables vive esta mujer sola, olvidada por casi todos (salvo por la vecina), esperando a que alguien entre en su casa y la invite a fumar. A los que entran les enseña su cartilla del banco, donde guarda sus pocos ahorros. Ella paga un seguro de salud, pero en las clínicas privadas no le dejan estar mucho tiempo, porque tampoco está lo suficientemente enferma para estar ingresada.

Los vecinos se han puesto en contacto con los servicios sociales para que se adopte una decisión urgente, ya que esta mujer no puede estar ni un día más viviendo en unas condiciones higiénicas tan lamentables. Creen que Dolores se merece pasar lo poco que le queda de existencia viviendo en otras condiciones mucho más humanas.

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