01 de diciembre de 2019
01.12.2019
Longevidad

El siglo bien vivido de Pablo Díez

Vive solo y cada mañana pasea y dedica tres horas a leer Diario de Mallorca, al que lleva suscrito más de la mitad de su vida

01.12.2019 | 02:45
El siglo bien vivido de Pablo Díez

Longevidad. Natural de Valladolid, este profesor de Educación Física llegó a la isla de casualidad. Pero se enamoró de la Mallorca de "ensueño" de los años 40 y de Mimí, la que sería su mujer durante 53 años. Tuvo cuatro hijos, tiene diez nietos y desde hoy es un miembro más del club de los centenarios ¿Cómo lo ha hecho? Su apuesta ha sido la moderación y la austeridad, la actividad física y el aceptar las cosas como vienen.

"He hecho de todo, de todo y más de todo". Así llega hoy Pablo Díez a los cien años, con la satisfacción de haberlo hecho "todo".

De niño, su ilusión era ser veterinario y vivir lo más cerca posible de su pueblo, Villalba de los Alcores, en Valladolid. Pero ya sabemos que la vida hace lo que quiere sin importarle nuestros planes.

Y por eso Pablo Díez hace 80 años que vive en Mallorca, donde nunca ha trabajado de veterinario, pero sí de profesor de Educación Física, de corredor de seguros y en la delegación de Cultura. Ha cazado y ha arreglado fachadas; ha formado parte del jurado de Miss Mallorca 1962; e incluso ha sido instructor de buceo. Instructor de buceo él, el castellano que tenía miedo de coger el barco cuando le destinaron a Mallorca como profesor cuando tenía 20 años.

Se vino en principio solo para un año, para hacerle un favor a un compañero. Pero conoció la isla, conoció a Mimí y se enamoró de ambas. Y escribió solicitando una prórroga que se convertiría en indefinida: "En aquella época aquí se vivía de ensueño", narra, "todos nos conocíamos, hoy no conozco ni a los que viven en este edificio".

Se casó con María Picó, Mimí, en 1959. Tuvieron cuatro hijos y 53 años de feliz matrimonio, hasta que ella falleció en 2012.

Hoy los días de Pablo Díez son más tranquilos que en su época de juventud, pero no renuncia a moverse. Sale a caminar por las mañanas y también le da a unos pedales que tiene fijos en el suelo frente a la butaca de su casa, donde vive solo. Hace sus primitivas y le gusta arreglar cosas y diseñar artefactos. Lo guarda todo, lo tiene todo archivado. Y lo que más le gusta es leer.

Dedica cada día tres horas a leer "de arriba a abajo" DIARIO de MALLORCA, que comenzó a comprar cuando llegó a la isla y al que se suscribió hace más de 50 años. Está pendiente cada día al sonido que hace el repartidor al echar el periódico en el portal: "Viene prontísimo, nunca le pillo... yo no sé cuándo hacen ustedes el periódico, pero yo a las siete ya lo tengo ", dice riendo. ¿Qué noticias le llaman más la atención? "Me gustan los deportes, ¡el Baleares ahora gana todos los partidos!", cuenta. "El otro día vi una de una señora que se había muerto a los 104 años y pensé: mira, ésta me ha ganado".


Pablo Díez se acuerda con claridad de su infancia en Villalba de los Alcores. Recuerda por ejemplo que iba a hacer la vendimia y que una niña solo tenía para merendar una cebolla cruda: "Me daba lástima, yo le daba un poco de mi chorizo".

Años después, durante la Guerra Civil, se acordaría de esa pobre merienda en los duros momentos en los que el hambre apretaba tanto que se hubiera comido incluso una cebolla cruda.

La Guerra Civil


Él se enroló para ir a buscar a su hermano Lorenzo, temía por él. Doctor en teología, su hermano estaba haciendo ejercicios espirituales en la Universidad Pontificia de Comillas cuando fue apresado. Murió después, cuando el barco en el que era traslado fue asaltado. Pablo pudo recuperar su reloj de plata, que aún conserva.

"Estuve por toda España durante la Guerra", rememora. Al acabar, vio que podía sacarse la titulación de profesor convalidando asignaturas que había hecho en el internado. Solo debía examinarse de francés, dibujo y música. Hoy, 80 años después y con la picaresca ya prescrita, confiesa que aprobó estas materias porque tres amigos se hicieron pasar por él en los exámenes: "Como no había un DNI con foto como ahora...". se sonríe.

Su primer destino como maestro fue un pequeño pueblo asturiano. Un día vio que había alboroto y lamentos en una de las granjas. Una vaca, de la que dependía el sustento de toda una familia, se estaba muriendo. Él se acercó y supo salvar al animal. Y se convirtió en un héroe para todo el valle. Así que logró ser veterinario, aunque fuera por un día, con lo que Pablo Díez celebra hoy sus cien años sin tareas pendientes. Y con diez nietos.

Por su relato parece que el secreto de la longevidad son la moderación, la actividad física y aceptar las cosas como vienen. Pero si le preguntas a él responde con sorna: "La clave para cumplir cien años en 2019 es... haber nacido en 1919".

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