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Análisis

Armengol se entendería mejor con Pablo que con Pedro

Pedro Sánchez tendría que haber dimitido el pasado lunes, después de arrastarnos a unas segundas generales en medio año y dejarse él por...

Pedro Sánchez tendría que haber dimitido el pasado lunes, después de arrastarnos a unas segundas generales en medio año y dejarse él por el camino 727.772 votos y tres diputados. Viéndole cómo encima amonestaba en la noche electoral a su militancia en Ferraz, el otro gran perdedor del 10N se merecía que le señalaran la puerta de salida.

No obstante, visto lo de ayer, hay que reconocerle al presidente en funciones el mérito de haber sabido jugar al despiste. Entretenidos como estábamos con la marcha del ciudadano fracasado, él cerraba el pacto con Pablo Iglesias. Nada más conocerse el preacuerdo, Francina Armengol estallaba en júbilo por redes. Sánchez con Podemos y la derecha en la oposición, su Gobierno soñado.

Armengol está harta del tacticismo y las estrategias cortoplacistas de La Moncloa, pero debe callarse la sincera opinión sobre su jefe. Ambos hablan con frecuencia, pero al presidente le cuesta hacerle caso. Cuando la escucha, Sánchez avanza, solo que lo hace siempre a la segunda.

En diciembre de 2015, tras perder la mayoría Mariano Rajoy, Armengol clamaba "un pacto a la izquierda", pero el líder del PSOE prefirió hacerse la foto con Albert Rivera, firmando no se sabe qué. Iglesias abominó del postureo con Ciudadanos, y todo se fue al traste. Sánchez se autoenmendó en las elecciones de junio de 2016, cuando compró a Armengol su firme 'no es no' al PP, pero ya era demasiado tarde para evitar ser defenestrado por los suyos y que Rajoy fuera investido con la abstención del PSOE.

Con todo, el socialista salió reforzado al dimitir in extremis, lo que le permitió recuperar el liderazgo del partido en 2017. Pese a que Armengol abogó desde el principio por dejar caer al PP, Sánchez -de vuelta a las andadas- tardó un año en presentar la moción de censura que le llevaría a la Moncloa. En 2019, tras salir victorioso el 28A, Armengol le pidió que se aliara con los podemistas y los independentistas catalanes; su negativa abocó a la repetición electoral, de la que el PSOE sale debilitado.

La propia Armengol ha pagado un alto precio el 10NLa propia Armengol ha pagado un alto precio el 10N. Si Sánchez hubiera apostado ahora por una abstención del PP, la colocaba en una dificilísima posición. En un giro inesperado, la sorprende con el 'sí es sí' a Iglesias -abrazo incluido-, por fin la presidenta balear se sale con la suya. Si pudiera elegir, Armengol se entendería mejor con Pablo que con Pedro. Porque el de Podemos siempre la escucha, y a la primera.

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