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Entrevista

Juana Lozano: "Cada vez más personas mayores se quedan sin casa por el alquiler"

"De nuevo nos hemos encontrado con algún caso de familias durmiendo en un coche" - "No logramos vaciar las bolsas de pobreza"

P ¿Cuál es el perfil del demandante de ayuda que recibe Cruz Roja de Balears?

R En realidad no ha variado mucho desde sus inicios. Está centrado en familias vulnerables, aunque en los últimos años sí se han dado algunos cambios en sus características, con la entrada de inmigrantes. Eso hace que sus demandas varíen. Las familias mallorquinas vinculan mucho su petición de ayuda al tema de la vivienda y al pago de suministros, porque cuentan con una residencia, mejor o peor. En cambio, las familias recién llegadas centran su demanda en ayudas básicas como alimentos o productos de higiene. La bolsa de alimentos todavía es la ayuda mayoritaria, aunque el destino suelen ser personas en situación irregular. En cambio, las familias autóctonas siguen todavía sufriendo una economía precaria y los gastos imprevistos las siguen desestabilizando. La campaña de Vuelta al Cole, para la entrega de material escolar, es muy significativa. Nos hemos encontrado este año con un incremento del 16% de familias demandantes, y ahí estaba muy equilibrado entre las españolas y las inmigrantes. Todas las familias siguen teniendo esa especial dificultad para afrontar gastos extraordinarios. Y ahora, con la bajada de las temperaturas, se ha activado el tema de la pobreza energética. ¿Qué familias demandan esas ayudas? Las españolas, porque son las que tienen una vivienda. Si se vive en una habitación alquilada, como muchos inmigrantes, ese gasto lo afronta el casero.

P Durante la crisis las peticiones de ayuda se dispararon. ¿Cómo están en este momento?

R En 2011, en el apartado de apoyo específico relacionado con la crisis, atendimos a 7.126 personas. Entre enero y septiembre de este año estamos en las 4.000. Afortunadamente, ya no tenemos la presión que registramos en esos años más duros. Pero una vez superada la crisis, lo que vemos es que las cifras se han estabilizado. Nos encontramos con un problema de cronificación, en el que los usuarios son los mismos. No conseguimos vaciar esas bolsas de personas vulnerables. Y parece que el ciclo de fuerte crecimiento económico se acaba y estamos entrando en otro de desaceleración. ¿Qué hacemos ahora si en época de bonanza no hemos sido capaces de sacudir la bolsa de pobreza crónica y ahora las cosas van a peor y comienza a acumularse de nuevo la demanda? ¿Qué hacemos con esa gente? Seguimos en cifras importantes que no conseguimos mover en los años de bonanza. Todo eso nos ha llevado a plantear nuevas formas de atención. En 2011 venía un padre joven diciéndonos que tenía que dar de comer a sus hijos. Ahora ya no tenemos esa situación de urgencia porque ese padre joven ha remontado y ha encontrado un trabajo. ¿Pero qué ocurre con el que no lo ha logrado? Ya no sirve darle una bolsa de alimentos, porque no se soluciona nada, y tenemos que analizar bien la demanda de esas personas. Lo que vemos es que la petición de esa bolsa de comida es la excusa, y detrás hay también un problema de vivienda, de falta de cualificación que le genera otro de empleo, e incluso un problema de salud, por la entrada en procesos depresivos.

P Balears ya genera más riqueza que en los años previos a la crisis. ¿Se da un reparto adecuado?

R No. Los últimos datos laborales señalan que entre la población normalizada la calidad del empleo mejora, con cada vez más contratos indefinidos y a jornada completa. ¿Pero qué sucede con los usuarios que atendemos en Cruz Roja? Lo que me dice nuestro responsable de Empleo es que este verano se ha podido insertar a todas las personas que estaban en este programa, especialmente en el caso de los jóvenes. Pero también ha sido la temporada en la que los contratos han sido más cortos, con más medias jornadas, prácticamente ningún contrato indefinido, y sin llegar a adquirir el derecho a una prestación. ¿Cómo va esta gente a salir de la pobreza?

P ¿Cómo evoluciona la demanda de ayuda para necesidades básicas?

R Este tipo va en estos momentos más dirigido a la población inmigrante. Pero se atiende a todos los que se acercan a Cruz Roja, al margen de su nacionalidad.

P ¿Todavía hay gente que no tiene con que comer?

R Sobre todo las familias recién llegadas. La situación de 2011, en la que esa necesidad la presentaba todo tipo de familias, ya no se da.

P Antes ha comentado el problema de los gastos imprevistos. ¿Esa dificultad para cubrirlos está más extendida?

R Sí, y lo vemos con la ayuda para material escolar. En 2018 atendimos a 274 familias, y este año hemos alcanzado las 318. Y no hay diferencias entre españoles e inmigrantes. Aquí hay de todo.

P Ya están preparando la campaña de reparto de juguetes en Navidad. ¿Qué previsión de demanda manejan?

R Comenzamos a prepararla en octubre y es la más bonita del año. Desde septiembre tenemos ofertas de colaboración de empresas y particulares. La previsión es que la demanda sea parecida a la del pasado año, cuando se atendió a unos 600 o 700 niños.

P Un colectivo especialmente vulnerable son los mayores.

R Cada año aumentamos entre 800 y 1.000 las personas mayores que atendemos. Los servicios que ofrecemos son los de teleasistencia y reparto de comida a domicilio, y los hemos tenido que complementar con programas de atención personalizada, básicamente por problemas de soledad. Nuestros mayores, especialmente en Palma y no tanto en la Part Forana, en Menorca y en Eivissa, sufren la deshumanización. Hay muchos mayores que viven en Palma absolutamente solos. En teleasistencia atendimos el año pasado a casi 5.000 personas. En reparto a domicilio en Palma y Marratxí a unas 600 y creciendo. El servicio de teleasistencia, pensado como una cuestión de seguridad en el hogar, vemos que en muchas ocasiones se utiliza solo para hablar con la operadora. Así tenemos a muchas mujeres, con una media de edad que puede rondar los 85 años. Muchas apenas tienen formación o han dependido muchísimo de sus maridos, en ocasiones con unas pensiones mínimas, con una media de unos 600 euros al mes pero con casos de 300 o 400 euros.

P ¿Qué sociedad tenemos en la que una mujer muere y no se descubre el cadáver en su casa hasta pasados muchos años?

R Algunos mayores nos comentan que en la finca en la que residen ya no conocen ni a la gente que vive en su rellano porque son jóvenes, trabajan todo el día y no coinciden ni en el ascensor. Además existe una desafección hacia ellos. Tenemos previsto impulsar proyectos sobre el buen trato al mayor, porque estamos viendo, sobre todo en los más vulnerables, cuestiones de maltrato a diferentes niveles. Sea familiar por agotamiento del cuidador, e incluso a nivel de administraciones o empresas. En los bancos se quiere hacer todo por vía telemática y hay mayores que no saben. Cuando piden al personal de caja que les abone su pensión, los ponen a subir de un burro y les remiten al cajero automático, que ellos no saben emplear. Eso es maltrato. Y además son víctimas fáciles de las estafas. Tenemos un convenio con el ministerio del Interior, y ha detectado que en algunas zonas del país hay gente que se hace pasar por personal de Cruz Roja y les ofrecen el servicio de teleasistencia pero pagando, cuando no es la forma en la que nosotros trabajamos.

P Los alquileres se están situando en niveles difíciles de asumir para muchas personas, y en concreto para los mayores.

R Hace tres años tuvimos el primer caso de una mujer mayor que se vio expulsada de su casa porque no podía asumir la subida del alquiler que le pedían. Este verano ya hemos tenido cuatro. La única opción que tienen es ir a una residencia, y es un verdadero drama. Dos nos decían que preferían ir a vivir bajo un puente antes que a una residencia donde no conocían a nadie, no querían salir de su barrio, y tuvimos que hacer un enorme esfuerzo para convencerlas de que era la opción menos mala. Pero me consta que en la concejalía de Servicios Sociales ya se está trabajando en este tema.

P Afecta no solo a mayores.

R Entre las demandas que no logramos cubrir están el pago de alquiler, el apoyo en la búsqueda de una vivienda o habitación económica y empadronamientos con domicilio en Cruz Roja. Solo podemos dar ayudas puntuales. Nos encontramos a personas que viven en la calle no por haber perdido el empleo, sino porque no encuentran casa para vivir, y de nuevo nos hemos encontrado con algún caso de familias durmiendo en un coche. Tenemos a las personas que habitualmente viven en la calle, que son unas 800 en Balears, a las que se suman las anteriores que se ven obligadas a hacerlo de forma temporal. No sabemos si se generaliza, pero parece una tendencia.

P También trabajan con mujeres víctimas de la violencia de género

R En 2018 teníamos a 287 mujeres atendidas, y les facilitamos sistemas de alarma ante cualquier amenaza. Pero se hace un trabajo con ellas en materia laboral, de formación, incluso de ayudas económicas o de atención a sus hijos. El problema más importante es el emocional, porque es difícil de superar. Se sienten amenazadas por personas en las que han confiado y que pueden ser el padre de sus hijos. Eso genera muchísimo transtorno psicológico, ansiedad y miedo. Necesitan tiempo para recuperar las riendas de su vida.

P Cruz Roja tiene un programa para refugiados.

R Siempre lo hemos tenido, pero en 2011 las personas que atendimos en Balears fueron nueve, en 2018 ya tuvimos a 683, y en 2019, solo hasta septiembre, ya llevamos 1.100. Empezamos con la crisis en Siria, pero ahora los que llegan lo hacen sobre todo de Venezuela y Colombia. Hay que ver cómo gestionamos todo esto, y concienciar a la población de que vienen porque corren el peligro de perder su vida, y que nosotros haríamos lo mismo. Tenemos que darles una oportunidad de vida.

P ¿Qué habría pasado en los años más duros sin los voluntarios de Cruz Roja?

R Sin ellos no podríamos hacer ni una cuarta parte de lo que hacemos. Además, como en el caso de las personas mayores, aportan una calidez humana que no se puede pagar. A mí me siguen ayudando a tener esperanza en las personas.

P ¿Ustedes tapan agujeros que son de la Administración?

R Deberían inclinar más la balanza de los presupuestos hacia temas sociales porque detrás hay personas, pero en Balears se han aprobado tres leyes muy importantes, como la de voluntariado, la del tercer sector y la de concertación, que ayudarán a las personas vulnerables. Y se aprobaron por consenso, lo que no ha pasado en ningún otro punto del país. Cuando quieren, los políticos saben hacer las cosas bien.

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