24 de octubre de 2019
24.10.2019
Vinculo con la isla

Franco, tres veces en Mallorca

Fue comandante general durante la República, inauguró el monolito de sa Feixina en 1947 y la Central Térmica de Alcúdia en 1957

24.10.2019 | 00:32

Vínculo con la isla. El dictador mantuvo una esporádica relación con Mallorca siendo la más prolongada la que se inició en 1933 cuando el entonces general de brigada fue nombrado comandante general de Balears. Su trabajo consistió en recorrer la isla planificando su defensa proyectando construcciones encaminadas a evitar una invasión marítima. Hoy, los restos de Franco serán exhumados del Valle de los Caídos

A las diez y media de la mañana de hoy se inicia la exhumación de la momia del general Franco, que lleva enterrado en el Valle de los Caídos desde el 23 de noviembre de 1975. Han transcurrido 44 años desde entonces. Al final, tras una brega incesante del Gobierno del presidente Sánchez con la familia del dictador en los tribunales y las estrambóticas intromisiones del prior de la abadía, Santiago Cantera, el que se denominó "caudillo de España por la gracia de Dios", saldrá de su tumba para ser inhumado en el panteón Mingorrubio, en El Pardo, donde están los restos de su mujer, Carmen Polo.

Franco mantuvo una esporádica relación con Mallorca siendo la más prolongada la que se inició el 16 de marzo de 1933 cuando el entonces general de brigada fue nombrado comandante general de Balears. La peculiaridad del nombramiento, acordado por el Consejo de Ministros en el que Manuel Azaña ocupaba el ministerio de la Guerra radicaba en que el cargo de comandante general requería tener el grado de general de división, que todavía no había alcanzado el futuro dictador.


El dictador a su llegada a Palma en 1957. DM

En Mallorca se instaló con su mujer, Carmen Polo, y su hija Carmen. Su trabajo consistió en recorrer la isla planificando su defensa proyectando construcciones encaminadas a evitar una invasión marítima. Vestido de paisano era frecuente verlo deambular por el paseo del Borne. Fue en Palma donde su hija celebró la primera comunión acudiendo a una conocida casa de fotografías a hacerse las fotos con la niña vestida para la ocasión junto a sus padres.

Amistades


Fueron dos años en los que Franco no ofreció motivos para dudar de su lealtad a la República, aunque en el Gobierno se desconfiaba abiertamente de él desde que Manuel Azaña decidió clausurar la Academia General Militar de Zaragoza negándose a arriar la bandera bicolor (la actual enseña constitucional) por la tricolor republicana hasta el último momento.

No han quedado testimonios de las relaciones que entabló con la sociedad mallorquina más allá de las estrictamente militares, aunque se dice que solía frecuentar el Círculo Mallorquín, donde mantenía tertulias con los dirigentes de los partidos de la derecha conservadora mallorquina.

Entre su amigos mallorquines reconocidos se cuentan los militares Torres Bestard, a quien conoció en África, y el teniente coronel Antonio García Ruiz, ambos cabecillas del golpe de Estado de julio de 1936 que desencadenó la Guerra Civil (1936-1939). Al producirse el cambio de gobierno, tras las elecciones que el 19 de noviembre de 1933 dieron el triunfo a las derechas, la suerte de Franco dio un giro de 180 grados puesto que fue llamado a Madrid por el nuevo ministro de la Guerra, el líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) José María Gil Robles, quien lo nombró jefe del Estado Mayor ascendiendo a general de división, entonces la máxima jerarquía en el Ejército.

Llegó 1936, con las izquierdas otra vez en el poder; tras las elecciones de febrero, Franco, del que el Gobierno ya desconfiaba abiertamente, fue enviado a Canarias, desde donde, taimado como siempre, esperó hasta el último momento para sumarse al Golpe de Estado. En octubre fue proclamado por los generales sediciosos jefe de la sublevación y, a través de las intrigas perpetradas básicamente por su hermano Nicolás, se hizo con la jefatura del Estado.


El dictador se hizo acompañar de un nutrido séquito en la inauguración del monolito de sa Feixina en 1947.

Avanzamos hasta 1947, en plena posguerra; España sumida en la miseria y en el hambre en amplias capas sociales. Aquella era una sociedad atemorizada, en la que la represión actuaba sin miramientos, sucediéndose los fusilamientos de los republicanos que no habían marchado al exilio. Durante la guerra el crucero Baleares, que se había sumado a los sublevados, había sido hundido en aguas mallorquinas por la aviación republicana, pereciendo buena parte de la tripulación.

Cuestación forzada por Falange


Falange forzó al diario Ultima Hora, propiedad de José Tous Ferrer, hombre de ideas liberales y no bien visto por el régimen, a organizar una cuestación para erigir un monumento a los "héroes" del crucero, que había participando junto a otro crucero italiano enviado por Mussolini en la masacre de la llamada carretera de la muerte, en la que perecieron acribillados miles de civiles que huían de los combates. La cuestación, como era de esperar, fue un éxito; en poco tiempo se levantó el monolito, que reunía todas las características del estilo nazi-fascista que después sería incorporado a la tétrica basílica del Valle de los Caídos.

Lo diseñó el arquitecto Francisco Roca y Franco fue el encargado de inaugurarlo. El dictador arribó al puerto de Palma escoltado por una flotilla de buques de guerra. El recibimiento, contado por la prensa de la época, sometida a una censura sin contemplaciones, fue apoteósico. Todas las autoridades se habían congregado en el emplazamiento del monolito, en sa Feixina, donde Franco, vestido para la ocasión con el uniforme de capitán general de la Armada, procedió a la inauguración del monumento pronunciando uno de sus clásicos discursos sobre "la cruzada" y el "sacrificio" de quienes habían dado su vida "por Dios y por España". También saludo a alguno de los supervivientes del Baleares. Fue una visita breve en la que, aparte de los actos oficiales, poca cosa más se pudo reseñar de la visita del caudillo.

La última vez que el general Franco vino a Mallorca fue en 1957, apenas iniciado el Plan de Estabilización Nacional que acabó con la autarquía, posibilitando el inicio del despegue económico, asentado en los pilares del turismo y la migración de cientos de miles de españoles a Europa. El motivo de la visita era la de inaugurar la Central Térmica de Alcúdia. No faltó ni un detalle en la parafernalia habitual de la dictadura para recibir al caudillo. El 10 de mayo Franco desembarcó en el puerto de Palma y, tras el correspondiente recibimiento oficial, se traslado en coche descubierto al Ayuntamiento de Palma.

Las calles Antonio Maura y Conquistador estaban abarrotadas de gente que aplaudía al paso del caudillo. En Cort pronunció un breve discurso en el que destacó que "hemos de mantener firmes con la unidad nuestras creencias y nuestras recias tradiciones". Después, se desplazó hasta Pollença. Junto a Franco viajaron a Palma el ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, amigo de juventud de Franco; y el subsecretario de la Presidencia, almirante Carrero Blanco. En Palma estuvo acompañado en todo momento por el alcalde Massanet y el obispo de Mallorca, Jesús Enciso Viana, que en la Catedral ofició un solmene tedeum. En el discurso también dejó caer que su dictadura era vitalicia al decir "ser jefe del Estado es casi no ser persona, es ser el servidor de los demás, el centinela sin relevo, el esclavo del deber". Lo cumplió hasta que su cuerpo dijo basta.

También hubo una comida de gala en el hotel Formentor, en la que se sirvió langosta para, después, y tras visitar diversas instalaciones, dirigirse a Menorca. Quien se quedó unos días en Palma fue su mujer. No consta si los comercios de joyerías y antigüedades decidieron cerrar por vacaciones o si la mujer del caudillo hizo uno de sus clásicos recorridos por ellos, donde nunca abonaba lo que adquiría, siempre de gran valor.

El general no volvió a pisar Mallorca. En los 15 años que le quedaban de vida no se planteó un nuevo viaje a la isla.

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