12 de septiembre de 2019
12.09.2019

Los fastos de los Ruiz Mateos para engañar a un hotelero

Criadas con cofia, chóferes uniformados, guardas de seguridad y fiestas fabulosas para aparentar solvencia

12.09.2019 | 00:33
El hotelero Francisco Miralles, en una imagen de archivo.

Corría 2005 y la familia Ruiz Mateos (tras apartar de su imperio a la matriarca Teresa Rivero y a sus siete hijas mujeres) estaba en la cresta de la ola dispuesta a hacer lo que fuera para que el imperio de Nueva Rumasa fuera mucho mayor que la primera Rumasa, expropiada por un Gobierno del PSOE en 1984. El clan tenía su base de operaciones en unos chalés de Somosaguas, que servían para residencia de José María Ruiz Mateos padre y centro de mando de las centenares de empresas que manejaban como si fueran simples golosinas.

Allí tenían sus despachos los seis hijos varones a los que esta semana juzga la Audiencia de Palma por una presunta estafa de 14 millones a Francisco Miralles, el empresario mallorquín cabeza del Grupo que lleva su apellido y que explotaba (y explota) hoteles en varios puntos de España y gestionó la Policlínica Miramar.

Miralles explicó ayer al tribunal cómo la familia de empresarios exhibió ante él un elevado tren de vida, para aparentar un lujo y una solvencia, que luego se demostró más falsa que un duro sevillano.

"En Somosaguas se veían criadas con cofia, porteros, chóferes... se veía abundancia", recordó el empresario, que reclama sendas penas de seis años de cárcel para cada uno de los seis hijos varones del fallecido magnate.

El cumpleaños del patriarca


Francisco Miralles fue invitado a la fiesta de cumpleaños de José María Ruiz Mateos padre en Jerez, donde Nueva Rumasa poseía las bodegas Garvey, que meses después acabaron en concurso de acreedores y ahora pertenecen a otra empresa.

"Estuve en Jerez en marzo del 2010 para asistir al cumpleaños de Ruiz Mateos padre y la familia dio una apariencia de solvencia brutal", recordó el denunciante.

"Nos pasaban unos powerpoints con granjas de gallinas para demostrarnos que tenían solvencia, nos hacían presentaciones de lo solvente que era Nueva Rumasa, mucho mayor que cuando la habían expropiado", afirmó.

Los Ruiz Mateos ofrecieron como aval de la compra del Eurocalas de los Miralles a plazos su patrimonio de Nueva Rumasa.

La parte vendedora pidió más garantías y la familia explicó que la empresa compradora poseía el hotel Cervantes de Torremolinos.

Francisco Miralles aseguró que el Cervantes valía más que nuestro hotel y eso le tranquilizó. "Sin embargo, al poco tiempo de mandarnos un balance donde la empresa compradora poseía el Cervantes libre de cargas lo hipotecaron", añadió el presunto estafado.

"Si llegó a saber lo de la hipoteca no materializamos la operación [de venta del Eurocalas]", indicó.

Los acusados, por su parte, afirman que la culpa de la ruina que sufren (personal, familiar y societaria) la tuvo la crisis y la negativa del Banco de Santander a ampliarles la financiación. "Nosotros pagamos buena parte de los pagarés [a la familia Miralles] y queríamos seguir pagando los restantes, pero la crisis se nos echó encima", explicaron. "Estamos arruinados y hemos sido víctimas de muchas calumnias", dijo ayer José María Ruiz Mateos hijo.

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