11 de julio de 2019
11.07.2019
Tribunales

La justicia declara probado que hubo un segundo acosador en la Facultad de Filosofía

Según la magistrada, la Universitat reaccionó "de manera tardía" ante el acoso que sufría la profesora Burges

11.07.2019 | 01:24
Los dos acusados, el primer día del juicio oral.

La sentencia donde se declara probado que la profesora de la UIB Lucrecia Borges sufrió, entre 2014 y 2017, "actos de hostigamiento y de acoso, hostiles, humillantes y ofensivos y que atentaron contra su dignidad personal y profesional, realizados con el fin de destruir su reputación profesional", postula que, además del catedrático de Ética Miguel Beltrán, condenado a un año de cárcel, existió en el departamento de Filosofía un segundo acosador.

La magistrada Francisca Ramis postula en su sentencia que Burges recibió llamadas telefónicas amenazantes e injuriosas a su casa y su despacho, así como correos electrónicos y mensajes de la red social Twitter en el mismo sentido. Todas estas comunicaciones se hicieron mediante servidores o líneas anónimas, y su autor o autores no han podido ser descubiertos.

La sentencia, no obstante, apunta que el segundo acosador fue una persona próxima al departamento de Filosofía, dado que mandó mensajes acusando en falso a Borges de plagiar su tesis doctoral a los correos oficiales de profesores de la UIB, que no son de libre acceso.
El hostigador también en sus comunicaciones demostró conocer a otros docentes de la Facultad y saber muchos detalles de la tesis de la víctima.

"Este anonimato pone de relieve la vileza, cobardía e ignominia de su autor [de los mensajes y llamadas]". Otra pista fue que el desconocido que redactó algunos mensajes desconocía la sintaxis del castellano y del catalán, aunque las faltas quizá fueron para disimular.

Reacción tardía


La sentencia absolvió a la Universitat de la responsabilidad civil del acoso de la doctora Burges. Según la magistrada, la institución académica "reaccionó tarde" a las peticiones de amparo de la profesora, pero sí que tomó medidas para protegerla.

La condena de Miguel Beltrán se basa en que el catedrático de Ética toleró y no hizo nada para frenar el acoso que su asistente o secretario particular, que no estaba contratada por la UIB, hizo a Borges.

Este hostigamiento tuvo lugar en el edificio Ramon Llull (sede de Filosofía) y en el resto del campus y empezó poco después de que Beltrán insultara y humillara a la víctima tras una reunión.

El asistente también acosó e intimidó a otros profesores de Filosofía. Finalmente, la Facultad, y tras las denuncias de Borges, prohibió a esta persona acudir al Ramon Llull.

Este hombre declaró como testigo en la vista oral y, de acuerdo con la sentencia, mintió. El secretario del catedrático aseguró que el acosado había sido él y que la víctima le había perseguido con su coche por el campus, extremos que la magistrada estima falsos. Por eso, se deduce testimonio contra el testigo por faltar a la verdad.

Miguel Beltrán, defendido por Gloria Olmos, seguramente recurrirá la sentencia ante la Audiencia de Palma. El fallo le impone un año de cárcel y dos de alejamiento de Burges, lo que será complicado de cumplir si ambos trabajan en la misma Facultad.

La sentencia dice que no se puede condenar al asistente, porque nadie le acusó. Un segundo acusado, Andreu Jaume, ha sido absuelto.

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