15 de junio de 2019
15.06.2019
Premi Diario de Mallorca de Literatura 2019

Antònia Vicens: "Ahora una mujer obrera lo puede hacer todo menos ir sola por el bosque"

"En el mundillo literario siempre me vieron como una intrusa" - "Empecé a escribir poesía porque la vida se me cayó a trozos una tarde que tomaba el sol en casa: sólo podía recogerlos con poemas" - "La literatura no debería tener sexo, ser femenina o masculina: ha de ser buena y ya está"

15.06.2019 | 02:45
Antònia Vicens: "Ahora una mujer obrera lo puede hacer todo menos ir sola por el bosque"

Vecina del Terreno, convive con su perro Lord en una bonita casa repleta de libros y recuerdos. Corrige 39º a l'ombra para dejarla impoluta: la reeditará Lleonard Muntaner. Después de Tots els cavalls, prepara nuevos poemas. Literatura a galope.

P Empecemos por el final de su trayectoria: con Lovely inició su intensa relación con la poesía.
R Sí. Todo sucedió el 3 de agosto de 2006. Tomaba el sol en la terraza de mi casa debajo de una sombrilla. Y empecé a ver imágenes, iban pasando por delante de mis ojos. ¿Qué es esto?, me dije. Es mi vida, que se me está cayendo a trozos. Y los he de recoger. En prosa era imposible hacerlo porque ésta es muy lenta, sólo la cesta de la poesía servía para tal menester. Fue así como empecé a escribirla.

P ¿Por qué se le cayó la vida a trozos?
R Aquel mismo día hacía tres años que había muerto mi padre. Cuando mi padre falleció, no lloré. Él tenía 93 años y pensé que había sido muy suertudo al morirse antes de que le llegara la decrepitud total. A los tres años de su muerte, esos pedazos de vida que se me caían eran un poco las lágrimas por mi padre. Maduro las cosas muy lentamente.

P Ustedes eran de Santanyí, ¿cómo recuerda el pueblo?
R Lo recuerdo como un pueblo de mujeres desesperadas porque los hombres se tenían que ir: embarcaban y regresaban una vez al año. Había mucha miseria en los años 40. Una miseria cultural y económica.

P ¿Quién fue Bernat Vidal i Tomàs?
R Me salvó. Me dejó libros. A Blai Bonet le dejaba libros y le llevaba de contrabando la penicilina. Los dos primeros que me prestó fueron títulos de Carmen Laforet y Álvaro Cunqueiro. Con esas elecciones provocó que mi mirada trascendiera la realidad más cercana. Laforet era realista y Cunqueiro fantasía. Me gustaron las dos posibilidades. No entiendo la realidad sin el camino paralelo de la fantasía y el subconsciente.

P ¿Le trató el farmacéutico alguna vez con paternalismo por ser mujer?
R Él no. Yo era una chica joven, además de clase obrera. Mi padre era pescador. Aún recuerdo los ojos de sorpresa de Vidal i Tomàs cuando le dije que quería ser escritora. Me pidió que le llevara algún texto mío. Escribí que delante de casa vivía Maria Moya, quien cada día llevaba sus vacas al abeurador del pueblo. Describí las calles y cómo iba descubriendo las palabras escuchando a las mujeres que iban a ese abeurador. Las palabras eran muy fuertes, había habido una guerra. No nos contaban nada, pero eran palabras con sangre. Cuando hubo leído mi relato, me pidió que siguiera escribiendo y que a la semana siguiente le mostrara otro.

P ¿En su casa la entendieron?
R Había una mujer que se cuidaba de un sobrino que había ingresado en el psiquiátrico y le dijo a mi madre. "Catalina, ten mucho cuidado: me han dicho que tu hija lee y mi sobrino empezó así". Mi madre fue a conversar con el farmacéutico preocupada y él la debió tranquilizar. Le dijo que aquello no era motivo para volverse loco (risas).

P Se formó en un colegio de monjas.
R Tanto como formarme, no. A los 14 años me dijeron que ya no podían enseñarme nada más. Fue una monja franciscana, Sor María, quien me dijo que fuera a hablar con el farmacéutico. Aquella mujer que no sabía nada demostró ser muy sabia.

P Como escritora, ¿se ha enfrentado a situaciones machistas?
R Me han tratado con paternalismo y machismo por ser mujer y de clase obrera. Siempre procuraba tomármelo con una sonrisa y hacer mi vida. Me miraban como si yo fuera una intrusa en ese mundillo literario. La mayoría había vivido en la ciudad, había hecho sus estudios en Barcelona, estaban en los ambientes culturales. Yo venía del mundo obrero, no había hecho Bachillerato... Y saqué una novela. Su manera de tratarme fue paternalista. Todos esos escritores ahora van por la calle. Yo siempre sonreí. Me hice muy fuerte. Ahora una chica obrera va a la universidad si quiere, hace lo que desea. Ahora una mujer obrera lo puede hacer todo menos ir sola por el bosque. Es decir, sigue habiendo machismo.

P Ahora hay muchas más escritoras que cuando usted empezó.
R Sí. Pero para mí la literatura no debería tener sexo. No me gusta leer una novela que sea femenina o masculina. Ha de ser buena y ya está. Un escritor ha de poder ser mujer, hombre, demonio, ángel, perro, árbol, montaña... Has de poder escribir desde la posición que quieras para contar el mundo. ¿Por qué una novela feminista no la puede escribir un hombre? En poesía, por ejemplo, muchas mujeres escriben centrándose en el cuerpo. No me parece mal mientras no se abuse. Porque hubo una temporada que todo era carne y huesos.

P En aquella primera novela, 39º a l'ombra, precisamente denuncia la explotación laboral de las kellys. ¿Qué ha cambiado desde 1967?
R A finales de los 50, cuando empecé a trabajar en Cala d'Or, sólo había dos hoteles. Aquello fue creciendo exponencialmente: había overbooking y turistas que sólo venían el fin de semana a beber. Vi la explotación de la gente, del paisaje y también del turista. La Mallorca de ahora es consecuencia de todo aquello. Es una isla vendida que ha perdido su conciencia y sus raíces.

Dedicó el Premio Nacional de Poesía "a los presos políticos". ¿Por qué aceptó un galardón que otorga España?
R Lo decidió un jurado formado por escritores. Igualmente lo habría aceptado de Francia. El premio era a un poemario mío y no a mí. Además creo que la literatura es universal. También pensé que iba a resultar más valiente aceptarlo. En algunos medios me criticaron por aceptarlo.

"Me recorre un sentimiento entrañable con este premio: en el diario publiqué relatos junto a Josep M. Llompart"

"Me recorrió un sentimiento entrañable cuando me llamó la directora del periódico para darme la noticia", confiesa Antònia Vicens. "Precisamente por ser el Diario de Mallorca, un periódico de aquí, cercano. Por esa proximidad seguramente pensaron en mí. Y eso me da cierta esperanza", continúa la autora de Tots els cavalls.

La escritora de Santanyí empezó a leer esta cabecera "hace muchos años; no había apenas diarios y ya estaba Diario de Mallorca", comenta. "Me hace mucha ilusión porque en las páginas de Cultura publiqué Vocabulari privat, una sección de relatos que compartí con Josep Maria Llompart. El recopilatorio de esos textos que se publicaban quincenalmente acaba de reeditarse", explica entusiasmada.

La autora confiesa que siente respeto hacia un periódico que es "dinámico y ha ido evolucionando con los nuevos tiempos".

Aunque la era digital y de series de televisión deja en ocasiones ojiplática a la escritora. "En términos de libertad de expresión, pienso que estamos viviendo un grave retroceso. En general, pienso también que se fomenta la mediocridad y la uniformidad, supongo que la intención es que la ciudadanía sea cada vez más manejable", apunta. "Me sorprende que la gente busque siempre reírse, que busque actividades que le provoquen una risa vacía. Hay mucho aburrimiento. Para mí los pequeños placeres son otra cosa", sostiene.

Tras ganar en 1967 el Premi Sant Jordi con su primera novela (39º a l'ombra), trató de instalarse en Barcelona, pero no lo consiguió. "Maria Aurèlia Capmany me animó a que probara en la gran ciudad, pero yo añoraba el sol y el cielo de Cala d'Or. Regresé. Aquello no iba conmigo: quería ser yo misma misma y me pregunté dónde estaba mi libertad. Mi sitio no era Barcelona", relata.

Fue en aquella localidad costera y después en Palma donde continuó forjando una narrativa que ahondó en el contrabando, la corrupción y en las mujeres. Hasta que la poesía penetró en su imaginario literario para quedarse.

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