31 de marzo de 2019
31.03.2019

Nicole Haber: "Quien se suicida no quiere morir, quiere dejar de sufrir"

"Una de las herramientas de prevención más importantes es hablar y escuchar" - "En Balears se producen veinte tentativas al día" - "La herida que deja en familiares y amigos no se cura nunca"

31.03.2019 | 03:45
Nicole Haber: "Quien se suicida no quiere morir, quiere dejar de sufrir"

Esta psicóloga clínica considera necesario levantar el manto de silencio que pesa sobre el suicidio, una problemática que presenta cifras rotundas. La tasa de suicidios en Balears está por encima de la media estatal y el fenómeno se agrava entre los jóvenes. Unas jornadas sobre conducta suicida en la infancia y la adolescencia celebradas hace diez días en Palma se saldaron con éxito de público, pero dejaron datos muy preocupantes

Nicole Haber coordina desde hace un año el Observatorio del Suicidio de les Illes Balears, una iniciativa pionera nacida para frenar una problemática creciente en el archipiélago, particularmente entre los más jóvenes. Espera que el Observatorio continúe con su trabajo la próxima legislatura independientemente de quién ocupe la conselleria de Salud. "No está en nuestras manos, pero en principio hay un consenso de todos los partidos por apostar por un tema muy grave".

P ¿Por qué era necesario un Observatorio del Suicidio?
R Para darle visibilidad y elaborar un plan de prevención a través de acciones concretas. Normalmente un Observatorio es para investigar, pero eso es lo que menos hago; lo más importante es hacer cosas para prevenir el suicidio. Y en eso estoy desde el minuto uno, cuando empecé a ponerme en contacto con otros profesionales. Ya existían dos equipos de prevención del suicidio en Inca y en Son Llàtzer, así que mi idea fue reproducir esos equipos en todos los hospitales.

P Tenía entendido que dar visibilidad al suicidio era contraproducente por el posible efecto contagio.
R El efecto contagio existe y está más que demostrado. Pero eso solo se produce si se da visibilidad al suicidio desde el estigma o el sensacionalismo. Es una conducta que siempre ha sido tabú, y los supervivientes del suicidio, que son los familiares y personas que han rodeado a la persona que lo ha intentado y lo ha conseguido, lo viven como una vergüenza social y lo esconden. De hecho, es muy difícil contabilizar cuántos fallecimientos tenemos porque se han intentado disimular como otra forma de muerte.

P ¿Cómo deberían informar los medios?
R Por ejemplo, cuando le afecta a una persona famosa puedes hablar simplemente de su carrera artística. Decir que se ha quitado la vida y aprovechar para hablar de prevención para que la gente sepa que se puede pedir ayuda. En violencia de género suele aparecer el teléfono 016, pues en las informaciones de suicidios se podría incluir el 112 o el teléfono de la esperanza.

P ¿Cuál es la tasa de suicidios en Balears?
R En 2017 estaba en 8,90 personas por cada cien mil habitantes. Es un punto superior a la media estatal. Eso tampoco quiere decir que seamos la Comunidad con la tasa más alta.

P ¿Y de tentativas?
R Desde 2017 hemos registrado 42 tentativas graves en jóvenes. Pero solo recibimos las que han necesitado hospitalización. Las que entran en Urgencias y salen, no las podemos registrar. Estamos trabajando con los servicios de informática del IB-Salut para que podamos tener un registro más ágil y fiable. Si hablamos de toda la población, en Balears se producen veinte tentativas de suicidio al día. Multiplique por 365 y le saldrá la cifra anual.

P Son cifras abrumadoras. ¿No merecen campañas de prevención como las de tráfico?
R Eso es lo que estamos pidiendo, por eso hay que visibilizarlo. En Valencia han hecho una campaña muy bonita que se titula 'parlem'. Y no hablemos solo del suicidio, hablemos también tú y yo. Está en los bancos de los parques, en las paradas de autobuses, en las bolsas de pipas... Incitan a las personas a hablar las unas con las otras. Aciertan porque una de las herramientas de prevención más importantes es hablar. Y preguntar. Porque lo esconden; quizás lo manifiestan a su entorno de manera más soterrada, pero si observas te darás cuenta. Estamos formando a los profesionales de atención primaria para que se sientan cómodos preguntando a sus pacientes. Porque la pregunta es muy incómoda: '¿Has pensado alguna vez en matarte?' Hay que saber hacerla.

P Hay multitud de razones que pueden llevar a una persona a intentar quitarse la vida.
R Sí, son muchos factores. Puedes estar pasando por una depresión y en ese momento tu mente está cerrada, es un callejón sin salida. No ves más soluciones que esa. Y la realidad es que esa es la única solución que no tiene vuelta atrás, así que nunca puede ser la solución.

P ¿Hombres y mujeres se comportan de manera diferente ante el suicidio?
R La mujer tiene más facilidad para expresar emociones que el hombre. El hombre, cuando pasa al acto, por lo general, es más contundente y lo ha escondido mucho más. Para la mujer es más un acto de desesperación, de angustia. Lo ha dicho muchas veces y a lo mejor ya nadie la escucha.

P Supone un trauma enorme para familiares y amigos. ¿Cómo se gestiona algo así?
R Una herida así no se cura nunca, te la llevas toda la vida. Perder a un ser querido siempre produce una herida muy grande, pero en este caso familiares y amigos son víctimas triples: han perdido a un ser querido, de manera trágica y además conlleva un estigma. En Balears hace poco nació la Asociación de Amigos y Familiares de Supervivientes por Suicidio de Balears, AFASIB. Tienen grupos de apoyo mensuales en los que las preguntas que más salen son '¿y si hubiese hecho?', '¿por qué no me di cuenta?', '¿por qué nos ha hecho esto?'. Hay una mezcla de rabia y tristeza. La asociación tiene mucha importancia porque aunque desde Salud podemos tratar a los familiares, ellos dicen que nadie les entiende mejor que alguien que ya ha pasado por eso.

P Y además tienen que sobrellevar el estigma social.
R De hecho, haber tenido una pérdida por suicidio es un factor de riesgo número uno, ellos mismos se convierten en posibles suicidas. Hemos visto personas que al vivir en pueblos o ciudades pequeñas se han encerrado en sus casas. No solo por la tristeza de haber perdido a un ser querido, sino por el miedo a encontrarse con la gente. Y la gente tampoco sabe qué preguntar, el suicidio crea incomodidad. Si muere alguien por una enfermedad, todo el mundo te acoge, llora contigo y te dedica palabras de consuelo. Pero con el suicidio se crea una gran incomodidad.

P También hay quien decide acabar con su vida después de una reflexión personal, no necesariamente a consecuencia de una depresión o un trauma.
R Estimamos que hay un pequeño porcentaje de personas que seguramente han meditado su decisión desde la conciencia y no desde la enfermedad. Un acto bien pensado y razonado, pero incluso en esos casos a los profesionales siempre nos queda la duda de si se tratará de una depresión encubierta. La depresión no es llorar; precisamente su síntoma más fuerte es el despegue de la vida. Te alejas, lo que te gustaba deja de gustarte y te vas sintiendo como una carga para los demás. El pensar que la vida no tiene sentido, ese completo desinterés por todo, ¿cómo lo interpretamos? Nosotros siempre intentamos hacer algo por esa persona con terapia y medicación, pero al final cada uno es dueño de su vida.

P En las Jornadas se destacó que hay jóvenes con más propensión a tener conductas suicidas por su nula tolerancia al malestar emocional. ¿Cómo se llega a esa situación?
R La tolerancia al malestar se aprende. Aprendes a soportar el dolor, a frustrarte, a tener que esperar por algo que deseas fuertemente€ Pero hay pacientes con trastornos emocionales importantes que no saben decirte si lo que están sintiendo es rabia o tristeza; solo saben decirte que están mal, o fatal. Nunca han aprendido a reconocer sus emociones. Ese es un aprendizaje que se tiene que dar desde la escuela y la familia. Si has tenido un entorno que te lo ha enseñado, estarás preparado para enfrentarte a todas las putadas que nos trae la vida. De lo contrario, no lo estarás. Hay colegios en los que ya se está enseñando y es una maravilla. En las escuelas no solo se tiene que impartir educación física, también emocional.

P Es decir, prevenir actitudes suicidas desde la infancia.
R Tenemos que aprender a entender el dolor de ese niño que te hace un drama porque se ha peleado con su mejor amigo. Lo que no podemos hacer es decirle que no pasa nada y darle una chuchería para que se olvide. Si esa es la tónica general, ese niño aprenderá a no reconocer lo que le pasa, a obviar sus emociones, a no validar sus dramas. Si está triste le dejas llorar, le acompañas y le escuchas. Y cuando está más tranquilo le ayudas a ver la situación desde otra perspectiva. Pero jamás le digas que eso es una tontería. Nos los tenemos que tomar en serio porque ellos están viviendo una verdad.

P Eso lleva a una estadística que dieron durante las Jornadas: los casos de autolesiones entre los menores de Balears se han multiplicado por catorce.
R No quiero decir que las autolesiones se hayan convertido en una moda, pero los jóvenes se imitan y es una práctica que se está extendiendo bastante. ¿Qué te dice un joven cuando hace eso? Que lo hace por probar. Pero si continúa haciéndolo una y otra vez, te dice que prefiere ese dolor físico al dolor emocional.

P Ahora vuelve a hablarse de eutanasia. ¿El Gobierno que salga de las urnas el 28A debería legalizarla?
R Personalmente creo que todos tenemos derecho a elegir qué hacer con nuestras vidas. Ahora tenemos el testamento vital, una herramienta para que podamos elegir ahora por si en el futuro no podemos hacerlo.

P ¿Con una ley de eutanasia habría menos suicidios?
R Seguramente. La gente que se suicida no quiere morir, quiere dejar de sufrir.; eso no hay que olvidarlo nunca. Y el que pide eutanasia está pidiendo lo mismo: dejar de sufrir.

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