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Diario de Mallorca

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Entrevista

Josep Piqué: "No me gustaría que Vox formara parte del próximo Gobierno "

"Cuando hablan de puertas giratorias se me escapa una sonrisa" - "El PP tiene un déficit de percepción en Cataluña"

Josep Piqué en el hotel Valparaíso durante su charla. b. ramon

Josep Piqué (Vilanova i la Geltrú, 1955) visitó ayer Palma invitado por el Cercle d'Economia de Mallorca para ofrecer una charla sobre geopolítica mundial

P Pronostica un nuevo orden mundial en el que Occidente cederá el protagonismo a Oriente.

R La idea es que ya estamos en un mundo post-occidental. La Guerra Fría acabó con una clara victoria de Occidente que se reflejó en la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética. La paradoja es que esta victoria tan clara inició un vertiginoso proceso de 'desoccidentalización' del mundo. Hoy el centro de gravedad del planeta está lejos de Europa y del Atlántico. Probablemente lo tenemos que ubicar en Singapur, donde confluyen el Pacífico y el Índico.

P ¿Europa va camino de ser irrelevante?

R Europa tiene condiciones para ser una potencia global: peso económico, comercial, tecnológico y demográfico. Son cosas que no tiene Rusia y en cambio sí es percibida como una potencia global. ¿Por qué? Porque tiene poder militar y una ambición sin complejos, algo de lo que carece Europa. Y en este momento tampoco hay un proyecto político definido por una ausencia de liderazgo. Se dice que Europa se divide en dos clases de países: los pequeños y los que todavía no han asumido que son pequeños. Ningún país europeo será relevante por separado.

P ¿Qué se juega España el 28A?

R Tener un Gobierno fuerte, lo que es particularmente importante en el contexto de Europa. Francia y Alemania están pasando una etapa de debilidad, con una clara incapacidad para volver a impulsar el proceso de integración europea. El Reino Unido del brexit y la Italia gobernada por populistas y euroescépticos también se están desentendiendo, así que España sería el único país importante que quedaría para jugar un papel más propositivo. Eso solo es posible si tienes un Gobierno fuerte, y a día de hoy no es posible. La gran pregunta es si lo será después de una noche electoral muy incierta.

P ¿Pablo Casado es mejor candidato de lo que hubiera sido Soraya Sáenz de Santamaría?

R Hace once años que dejé la actividad política y eso lo dejo a la consideración de los militantes. A mí lo que me interesa es que salga un Parlamento coherente, que permita un Gobierno sólido y que afronte las reformas estructurales que este país necesita.

P ¿Le gusta la evolución del PP tras la marcha de Rajoy?

R Insisto en mi respuesta anterior. Ya no es mi papel pronunciarme sobre este tipo de aspectos. Lo que espero es que todo el mundo esté a la altura de las circunstancias y anteponga los intereses del país a los intereses inmediatamente partidistas.

P ¿Vox es extrema derecha?

R Demasiado a menudo nos perdemos en las terminologías y en los debates semánticos. Hay que detenerse en quiénes son los inspiradores de Vox a nivel internacional. Y más recientemente en el entusiasmo con el que Steve Bannon habla de Vox. Es un conocido asesor de Trump y en estos momentos está promoviendo la convergencia entre diferentes gobiernos populistas europeos contrarios a la idea de Europa. Eso no puedo compartirlo de ninguna manera. El futuro de España pasa por una profundización de la integración europea y no por la aplicación de políticas populistas.

P Entiendo que no le gustaría ver al PP pactando con Vox para formar Gobierno.

R No querría entrar en consideraciones de matemática parlamentaria. Lo hemos visto en Andalucía: hay que diferenciar entre permitir una investidura y formar parte de un Gobierno. A mí no me gustaría que formara parte del próximo Gobierno.

P En los últimos años el PP se ha convertido en una fuerza marginal en el Parlamento catalán. ¿En qué se ha equivocado?

R Cuando se produce una situación de estas características es legítimo preguntarse por qué, y no pensar que quien pueda expresar una actitud crítica es necesariamente el enemigo. Las cosas no pasan por casualidad, y lo que ha sucedido refleja un déficit de percepción clara de la realidad catalana por parte del PP. Ojalá la recuperen. Si el PP aspira a gobernar España, no es bueno que sea prácticamente extraparlamentario en Cataluña.

P Abandonó la presidencia del PP catalán en 2007 y poco después pasó a la empresa privada. ¿Le molestó que le acusaran de practicar las puertas giratorias?

R Me hace mucha gracia esto de las puertas giratorias porque la acusación también hubiera sido válida cuando pasé del sector privado al público. Lo que he dedicado al sector público no llega al 30% de toda mi actividad profesional. Por tanto, cuando me hablan de este tema se me escapa una sonrisa. Dicho esto, sí hay casos de puertas giratorias que resultan absolutamente irritantes. Son quienes aprovechan el pasado en el sector público para tener responsabilidades en el privado. No es mi caso.

P En 2002 formó parte de un Gobierno presidido por Aznar en el que 12 de los 14 ministros han acabado imputados o implicados en temas de corrupción. Usted ha sido una de las dos excepciones. ¿Le merece alguna reflexión?

R Es injusto identificar al PP con la corrupción y no hablar de las corrupciones que han afectado a otras fuerzas políticas. Es un fenómeno transversal. Mi reflexión es que la corrupción es un cáncer que desprestigia a las instituciones y hace que los ciudadanos pierdan la confianza en ellas. Uno de los problemas que tenemos es que los ciudadanos piensan que no hemos hecho lo suficiente para combatir la corrupción. Y eso tenemos que resolverlo.

P Esta misma mañana [por ayer] ha declarado en la Audiencia de Palma Jaume Matas por una de sus causas de corrupción. ¿Le impacta ver en el banquillo a muchos de quienes fueron sus compañeros de Consejo de Ministros o uno se acostumbra a todo?

R A esto uno no se acostumbra nunca. Son personas con las que he trabajado y por las que he sentido un aprecio personal. Me sabe mal por ellos, pero con esto tenemos que ser absolutamente coherentes. No es un problema de sentimientos personales, sino de respeto a las instituciones y a los ciudadanos.

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