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Análisis

Guerra abierta por el alma de Mallorca

Guerra abierta por el alma de Mallorca

Guerra abierta por el alma de Mallorca

El alma no existe, dicen todos hasta que la pierden. Con la guerra de Lluc, Mallorca extravía la identidad que se creía desaparecida antes de que las vocaciones se fueran de vacaciones. El portazo de los "padres" de la montaña golpea las narices del obispo de Mallorca. El austero monasterio contra el palacio episcopal, con el trasfondo de los huracanados vientos vaticanos.

La Iglesia se enfrenta al mayor riesgo de implosión de su accidentada trayectoria, un enunciado que compartiría un Papa Francisco con más de un Guaidó al acecho. Hace tiempo que los sacerdotes implicados en abusos sexuales dejaron de ser la excepción, se había extendido la creencia de que la gestión de almas abarcaba a los cuerpos donde estaban envasadas. Esta aberración colectiva golpea a la guerra abierta del obispado mallorquín contra los guardianes de Lluc y de Llull.

Los comunicados enfrentados de los Misioneros y el Bisbat parecen manuscritos, en tanto que reflejan la beligerancia con más fidelidad que un electrocardiograma. Ni una palabra amable de los coritos hacia Taltavull, ni un agradecimiento de vuelta. En el siglo XIII de la fundación de Lluc, el capítulo siguiente se escribiría a espada.

Lluc ingresó en la crónica de sucesos con la cadena de denuncias por abusos a menores contra su exprior. Los misioneros negaron la palabra al obispo enamorado de entonces, y defendieron desde el púlpito a un acusado de crímenes contra el alma de su religión. La ejemplar lucha de los misioneros contra Son Espases quedó maltrecha, germinaba la semilla del conflicto actual. No es una cuestión de la media de edad, sino de la Edad Media. Los mallorquines ya sin alma aguardan a la promoción del primer proyecto turístico en la cumbre espiritual de Mallorca, los ingenuos insistirán en restaurar la memoria histórica mientras se arruina la memoria del presente.

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