13 de enero de 2019
13.01.2019

La mayor fragmentación complica el acuerdo de la derecha en Balears

La presencia de El Pi en Balears altera el escenario surgido en Andalucía - Si los regionalistas son necesarios, su veto bloquea el paso a Vox

13.01.2019 | 02:45
La mayor fragmentación complica el acuerdo de la derecha en Balears

Un pastel de 200.000 votantes que repartirse

  • Diez votos separan la suma de la derecha en las autonómicas de 2011 con las últimas elecciones en las islas, la generales de 2016: 232.500 sufragios, que junto a las generales de 2011 con 237.406 -el mejor resultado de la derecha en las islas de la historia- han dibujado hasta hoy el techo del voto del centro a la derecha. Por contra, sus mínimos se sitúan -obviando las sucesivas citas europeas marcadas por la abstención- alrededor de los 190.000 que sumaron en pleno descalabro de Bauzá en 2015. Un pastel de unos 200.000 votos que en 2011 copaba el PP con la resistencia de Lliga y CxI, gérmenes de El Pi y que en las tres últimas citas se han repartido.

Noche electoral del 22 de mayo de 2011. La calle Palau Reial es una fiesta. El PP acaba de ganar las elecciones y José Ramón Bauzá, María Salom y Mateo Isern celebran desde el balcón su triple mayoría absoluta. Con casi 195.000 votos, el apoyo del 46 por ciento de los baleares que han ido a votar, los populares han obtenido el mejor resultado de su historia en las islas, con 35 escaños en el Parlament, 5 por encima de la mayoría necesaria para gobernar solos y copar la representación de la derecha. Un escenario no tan lejano cuando no ha pasado todavía una década pero que resulta hoy inimaginable en las próximas elecciones. El PP tiene asumido que volver a gobernar en las islas pasará por pactar como mínimo a dos bandas y Andalucía le marca el camino. Sin embargo, la mayor fragmentación de la derecha en el archipiélago, con no solo tres, sino cuatro partidos en ese espacio, complica el acuerdo en Balears.

En la última década los partidos que van desde el centro a la derecha se han repartido en las islas una horquilla que ha oscilado en torno a los 200.000 votantes, con la única excepción de las europeas de 2014 cuando con una abstención del 63 por ciento, la derecha apenas sumó 104.000 votos y solo un 38 por ciento de los sufragios -las famosas elecciones de la irrupción de Podemos-. En los próximos comicios, las múltiples opciones para la derecha en las islas les garantiza un resultado al alza. Sin embargo, no está claro que vaya a servir para gobernar.
En las autonómicas de 2015 que dieron la mayoría al Pacto, los tres partidos del centroderecha, PP, Pi y Ciudadanos sumaron el 44 por ciento de los votos, 188.050, que se tradujo en el peor resultado de los populares en las islas con 20 diputados, 3 el Pi y 2 C's.

El alza a la que ha ido Ciudadanos a lo largo de la legislatura al compás de las encuestas nacionahan ido abriendo el escenario, acercando la posibilidad de la alternancia en 2019. Sin embargo, la izquierda respiraba tranquila sobre la convicción de que en el caso de perder su mayoría, PP y Ciudadanos, hoy con 22 diputados, no sumarían solos 30 diputados y que en ese caso sería clave el Pi, con el que todavía tendrían algunas opciones de mantener el Govern, dependendio de las exigencias de los regionalistas.

Sin embargo, las buenas previsiones de Vox (Actúa-Vox en las islas) desde las elecciones andaluzas hacen más complejo aún ese escenario. Con dificultades para calibrar el impacto del partido ultraderechista en las islas, se da por hecho que irrumpirá en las instituciones, dejando dos escenarios en el caso de que la izquierda no consiga sostener su última mayoría, con cuatro diputados por encima: una suma suficiente de PP, Ciudadanos y Vox o que la llave de gobierno quede en manos del Pi.

"Habrá problemas para pactar"

En el primer caso las probabilidades de entendimiento son las mismas que en Andalucía salvo algún factor local. "La realidad es diferente y no se puede hacer aquí el mismo esquema", observa la popular Núria Riera, portavoz del comité de campaña del PP balear, que no obstante, asegura que, como para la Junta, "el PP se sentará a hablar con todas las formaciones de centroderecha" y que lo hará con "las mismas líneas rojas" entre las que Riera cita las políticas contra la violencia de género.

Sin embargo, los populares son los únicos abiertos y sin vetos a los tres partidos que han acabado con su hegemonía en la derecha.

"Nosotros nos hemos marcado como línea pactar solo con partidos constitucionalistas", explica el portavoz de Ciudadanos, Xavier Pericay, entre los que ve al PP, al PSIB con matices y entre los que incluye también al Pi. Pero dejando fuera a Vox, con quien la formación naranja insiste que no ha pactado en Andalucía. "Vox no es constitucionalista desde el momento que quiere acabar con el estado de las autonomías que es la esencia de la Constitución", señala Pericay, apuntando otras diferencias: "Quieren salir de Schengen y que las relaciones entre estados sólo sean bilaterales, lo que quiere decir que quieren acabar con la Unión Europea".

"La veleta naranja", llama el presidente de Vox en Balears, Jorge Campos, a Ciudadanos. "Cometen un gran error. No se puede decir que Vox no sea constitucionalista y tampoco somos extrema derecha", responde el antiguo líder de la Fundación Círculo Balear al partido de Albert Rivera. Entre quienes Campos ve constitucionalistas, además de incluir a su formación saca a PSIB y a el Pi, contemplando únicamente el acuerdo con PP y Ciudadanos y con matices: "El PP se parece a Ciudadanos, va cambiando según pega el viento. Biel Company se dice regionalista pero es catalanista y si nos encontramos ante el PP catalanista de Company habrá problemas para pactar".

Campos asegura que "si no ganamos las elecciones no vamos a querer que se imponga íntegramente nuestro programa", pero asegura que una condición a la que no renunciará será a la derrogación de toda la normativa lingüística, incluida la ley de Normalización vigente desde finales de los 90 con el PP en el Govern. También plantea como condición tumbar la ley balear de Memoria que anula los juicios de la dictadura y que sanciona la exhibición de símbología franquista, una ley, que, salvo en este último aspecto, contó con el apoyo de PP y C's; así como una "reducción drástica de la administración pública" o medidas contra la inmigración.

El Pi y Vox se descartan

El otro escenario es el que pasa por el Pi. "Hay una posibilidad clara que seamos decisivos", vaticina su líder, Jaume Font, que recuerda que solo en Mallorca sacaron en 2015 un 9 por ciento de los votos, y que avisa que "no seremos bisagra, sino la puerta, porque tendrán que pasar por nosotros". En ese caso descarta dos partidos, Podemos y Vox: "Podemos ve a los empresarios y al turismo como un demonio y Vox quiere volver al tiempo en que para hacer un hospital o un colegio en Mallorca había que estar llorando años en Madrid". "Tampoco podemos sentarnos con quien quiera retroceder en un tema como la violencia de género", añade. El veto es recíproco y Campos señala al Pi como "un partido nacionalista": "Lo tenemos descartado".

Si PP y C's quieren sentarse con los regionalistas, Font advierte que "ya saben qué defendemos". Pericay admite que si bien tienen diferencias con El Pi -"son menos liberales en temas de comercio" y "tienen esa conexión con la izquierda por el nacionalismo",- tienen también "puntos en común".

"Nosotros los escucharemos a todos", asegura desde el PP, Riera.

La izquierda observa el baile.

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