13 de diciembre de 2018
13.12.2018
Análisis

Florit contra Garganta Profunda

13.12.2018 | 00:01
Florit contra Garganta Profunda

Bob Woodward y Carl Bernstein jamás revelaron quién era Garganta Profunda, la persona que guió a los periodistas del Washington Post durante la investigación del Watergate. William Mark Felt se identificó 33 años después como la fuente secreta de los periodistas. Había sido subdirector del FBI durante el mandato de Richard Nixon.

Las informaciones sobre el espionaje del presidente a sus adversarios demócratas forzaron la dimisión de Nixon en agosto de 1974. Así evitó la destitución por medio de un impeachment. Gerald Ford, su sucesor, le concedió un perdón presidencial y le libró de la cárcel. Si Woodward y Bernstein hubiesen revelado quién era el alto funcionario que encaminaba sus pesquisas, los delitos de Nixon jamás hubieran sido destapados.

Si el juez Miguel Florit, el fiscal Juan Carrau y los policías que acudieron a las sedes de Diario de Mallorca y Europa Press hubieran sido los responsables de la investigación, su obsesión habría sido cortocircuitar las líneas de comunicación de los redactores con Garganta Profunda. Nixon jamás habría pasado a la historia como Tricky Dick, el tramposo Dick.

El periodismo denuncia casos de corrupción, impulsa instrucciones que duermen el sueño de los justos o se limita a seguirlas. Los medios acceden a informaciones desconocidas por jueces, fiscales o policías. En ocasiones son los investigadores quienes utilizan a los medios para acelerar o ensalzar su labor.

Sin el secreto profesional del periodista, consagrado por la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo, jamás hubiesen visto la luz el Caso Mapau, los vuelos secretos de la CIA, el Túnel de Sóller, la corrupción en la Policía Local o el caso Contratos de Més, por citar algunos publicados en Diario de Mallorca. Quizás es lo que se busca con la actuación judicial: lograr el silencio asustando a las fuentes.

El magistrado Guillem Vidal declaró que bajo la toga hay "ideología y sexo". Dos palabras para borrar la imagen de una Justicia ciega y con balanzas. Tenía razón. Hay ideología, sexo y más. Pasión y desidia. Inteligencia y torpeza. Trabajo y holgazanería. Si fuera perfecta e independiente, ningún senador del PP hubiese escrito este tuit: "Controlaremos la sala segunda (del Supremo) desde detrás". El problema es que la afirmación atribuida a Ignacio Cosidó es creíble.

El sistema judicial no es mejor ni peor que el periodismo, la política o cualquier otra profesión. Sin embargo, esperamos tanto de él que nos decepciona más cuando comprendemos que con un poder casi ilimitado está sometido a las mismas contradicciones.

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