12 de diciembre de 2018
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Opinión

Muchas gracias, señor juez (y señor Cursach)

Es más fácil y agradecido perseguir a periodistas que a mafiosos

12.12.2018 | 01:04
Muchas gracias, señor juez (y señor Cursach)

Este diario y su redactor Kiko Mestre han sufrido un atentado contra la libertad de información por hacer su trabajo, aunque esta palabra indecorosa requerirá de alguna explicación adicional para que la capte el autor de los dos folios más grotescos que he leído este año.

Los magistrados decentes insisten en que las resoluciones judiciales han de ser claras, para ser criticadas con la misma contundencia con la que fueron redactadas. En su caso, señor juez (y señor Cursach) ha escrito un sudoku intraducible, más allá de bombardear el artículo de la muy celebrada Constitución donde se consagra "el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional". Hasta un experto en crucigramas sabría desentrañarlo.

Puede que haya escrito usted los textos en que solicita intervenir el material sagrado de dos periodistas vestido con un chaleco amarillo, en vez de una toga negra. Verá que llevo tres párrafos buscando la expresión más apropiada para el delicado obsequio que ayer puso usted, señor juez, a los pies del señor Cursach. Y me viene de fuera, "atropello bananero". Me siento tan frustrado como si usted no hubiera redactado las diligencias en persona, y hubiera encomendado esa tarea a la policía.

Ahora que investiga a periodistas, violando la Constitución y de conformidad con los deseos del señor Cursach, ¿sabe usted señor juez qué periódico encabezó la defensa de su colega el señor Penalva, cuando el emperador de Mallorca montó manifestaciones ignominiosas en contra de un magistrado en el ejercicio de su labor? Y dado que la fiscalía antiinformación participa de la farsa apoyando el secuestro de periodistas, ¿sabe qué diario apoyó a la entonces llamada fiscalía Anticorrupción, cuando los partidos la acusaban de actuar bajo directrices políticas?

Señor juez, no se necesita un manual de ajedrez para entender que estas querellas dilatorias del señor Cursach tienen por objeto difuminar a los beneficiarios de decenas de millones de euros, de ahí el nerviosismo ambiental. Su colega el juez Penalva estableció que el oscuro empresario ha escrito la ley y las resoluciones de Mallorca durante décadas, con la ayuda inestimable de policías locales, policías nacionales, guardias civiles y políticos conservadores. Aguardamos con ansia las nuevas incorporaciones a la lista.

Cuando la justicia franquista, y por qué será que me remonto a esa época, cerró la revista Por favor, los montalbanes respondieron con una hilarante editorial titulada "Muchas gracias". Pues bien, muchas gracias, señor juez (y señor Cursach). A partir de hoy, no existe ninguna duda sobre sus intenciones y sus intereses.

Muchas gracias, señor juez (y señor Cursach) porque, aunque es más fácil y agradecido perseguir a periodistas que a mafiosos, esta profesión perra dio ayer un hermoso ejemplo de unidad. No en torno a un periodista o a un medio concreto, sino alrededor de la hoguera donde se cuentan las conexiones millonarias entre los grandes corruptores y los personajes en teoría incorruptibles de la sociedad.

Al cortarle las manos a dos periodistas, ni siquiera ha revestido usted de un mínimo de épica el mayor atentado de la España reciente contra la libertad de información. Y por algo se empieza pero, aunque la hiperactividad no se encuentre entre sus vicios capitales, a esta embestida le falta ambición. ¿Solo dos informadores censurados y obligados a trabajar entre tinieblas, mientras se amenaza a las fuentes? Hay que extender el secuestro de teléfonos y ordenadores a veinte informadores. Qué digo a veinte, a doscientos.

¿Sabe, señor juez, cuál es la diferencia entre usted y nosotros? Que nosotros amamos nuestro trabajo, aunque lo maldigamos cien veces al día. No espero que lo entienda, de hecho, me preocuparía que entendiera una sola de las líneas que escribo. Si quería usted luchar contra la libertad de información, ha elegido el periódico correcto. Es el único acierto de los dos folios más cómicos que he leído este año. Enhorabuena, y a seguir así.

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