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Víctor Robles: "Ben Amics tiene que abrirse, el colectivo está desmovilizado"

"La reivindicación de los derechos LGTBI no puede hacerse solo el día del Orgullo" - "Quiero pensar que la extrema derecha no irrumpirá en Mallorca"

Víctor Robles está en plena digestión del ascenso de la extrema derecha en Andalucía, una ideología que siempre tiene al colectivo LGTBI en el punto de mira. Ve peligro de involución, pero hace autocrítica: el colectivo ha perdido vigor.

La extrema derecha ha irrumpido en el Parlamento andaluz. ¿Imaginan un escenario similar en Balears a partir de mayo?

Quiero pensar que no, ojalá no se extienda. Esta mañana escuchaba al líder de Vox diciendo que el matrimonio igualitario no es matrimonio, que solo puede ser entre un hombre y una mujer. Me preocupa que esa manera de pensar, que ya estaba en un partido político en concreto, pero de alguna manera diluida, ahora la abandere Vox sin ningún complejo. Es una derecha rancia que se ha quitado todos los complejos para ir contra las mujeres, el colectivo LGTBI o los inmigrantes.

Pero no cree que Mallorca reúna los condicionantes para que se repita aquí.

No, aunque tampoco esperaba que pasara en Andalucía. Yo soy originario de un pueblo de Cádiz, de hecho pasé el fin de semana allí y lo viví en directo. Había mucha gente sorprendida, casi nadie esperaba un cambio de esta magnitud.

El colectivo LGTBI está siempre en el punto de mira de estas formaciones ultras.

De hecho, una de las propuestas de Vox en Andalucía es acabar con las cirugías de reasignación de sexo que se hacen en el Carlos Haya de Málaga, el hospital de referencia para estas intervenciones a nivel estatal. Y Andalucía tiene una Ley LGTBI muy parecida a la de Balears que también está en cuestión.

¿Por qué de repente parece haber tanta gente dispuesta a votar a la extrema derecha?

Puede que todavía haya un descontento general por las consecuencias de la crisis económica y social que vivió España, y que Andalucía vivió con especial intensidad. Puede que también haya influido el tema de Cataluña.

¿Qué le queda por reivindicar al colectivo LGTBI para conseguir la plena igualdad de derechos?

La ley LGTBI de Balears es una herramienta que tenemos por fin para poner negro sobre blanco el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas LGTBI que en muchos ámbitos en los que no estaban reconocidos. Implica medidas en educación, sanidad y en el ámbito laboral. El problema es que no existe esa misma ley a nivel del Estado, y hay cuestiones que nos atañen que sólo puede regular el Estado. Por ejemplo el cambio registral de nombre de las personas transexuales. La ley estatal lleva un año registrada en el Congreso de los Diputados, pero se ha parado por desavenencias políticas. Reclamamos que la desbloqueen ya.

Hace ya dos años y medio que se aprobó la ley LGTBI balear. ¿En qué se ha avanzado?

A veces tenemos la perspectiva de que se avanza poco, pero se hacen cosas. Por ejemplo, el protocolo de atención a las personas transexuales en el ámbito educativo, una herramienta muy positiva y necesaria para el profesorado. También hay un protocolo de atención a personas transexuales en el ámbito sanitario que el IBSalut se ha comprometido a tener listo este diciembre.

Las personas transexuales de Balears denuncian que a día de hoy no están recibiendo una atención sanitaria adecuada.

El IB-Salut lleva dos años trabajando en él. Ahora esperamos que este mes lo presenten a las entidades para proponer las modificaciones pertinentes. Llevamos tiempo detrás de este protocolo, pero esperemos que sea de aplicación en breve. El problema es que a veces el médico de cabecera no sabe qué hacer cuando tiene a una persona trans en su consulta. Saben que existe una unidad de identidad de género en Son Espases que depende del servicio de psiquiatría, así que los derivan allí. Pero muchas veces estas personas se sienten contrariadas porque mientras decimos que no tienen que estar patologizadas psiquiátricamente, les derivamos allí. Y el especialista al que se les debería dirigir en primer lugar es al endocrino.

Está al frente de Ben Amics desde agosto. ¿Cuáles serán sus prioridades?

La educación tiene que ser la principal herramienta de transformación. Queremos consolidar Red Educa, un proyecto educativo que incluye talleres para niños y adolescentes, dentro y fuera de las aulas. Después otras cuestiones de corte más reivindicativo como la consolidación del desarrollo de la ley balear, y también estamos a la expectativa de qué pasará con el traspaso de las competencias a los consells insulares a partir de enero. Donde vamos cojos en Ben Amics, porque no hemos logrado el financiamiento para pagarlo, es el tema de asesoramiento social. Queremos firmar convenios con los colegios de psicólogos, trabajadores sociales y abogados porque hace falta dar esa atención social y jurídica. También necesitamos que la gente se abra. Tras la aprobación del matrimonio igualitario y de la Ley de Identidad transgénero en 2007 fuimos hacia abajo, perdimos mucha capacidad de movilización.

¿Han perdido fuelle?

Hemos vivido manifestaciones del Orgullo históricas en los últimos años, pero la defensa de los derechos de las personas LGTBI no hay que hacerla solo el día del Orgullo. Tenemos pendiente trabajar en la Part Forana. En los pequeños pueblos es necesario visibilizar la diversidad y ya hemos firmado convenios con algunos municipios.

¿Sigue siendo difícil ser gay en un pueblo pequeño?

Sí. La salida del armario todavía cuesta. Y la visibilización en el día a día. Hace un par de semanas celebramos en Palma unas jornadas de educación y nos encontramos con personas homosexuales o lesbianas que todavía tienen reparos a la hora de visibilizar su identidad en el ámbito laboral, por ejemplo.

Ben Amics cumplirá 25 años en 2019. ¿Han envejecido bien?

Ben Amics ha tenido mucha implantación territorial en las islas, pero hay una desmovilización. Otro problema es el que el colectivo no se identifica con la entidad, tenemos que trabajar y abrirnos. Todo el mundo nos busca cuando hay una agresión, o cualquier problema. Pero falta mayor implicación de la gente en el movimiento. El día del Orgullo en Balears hay mucha movilización, vienen muchos voluntarios. Pero eso después no se consolida.

¿Qué le queda por reivindicar a la letra G de LGTBI?

La no discriminación, reivindicación compartida por todas las letras. Y el acceso a formar una familia. En España hay posibilidad de adoptar, pero en otros muchos lugares, no. A veces aquí también nos encontramos casos de discriminación hacia parejas con hijos.

¿La letra T es la más invisible?

Es la más vulnerable. Las personas transgénero nos plantean una serie de retos como la inserción laboral, que a la vez implica una inserción social porque si tienes recursos no caerás en la exclusión.

Según datos del ministerio de Interior sobre incidentes relacionados con delitos de odio en 2016, en Balears se denunciaron 25 incidentes, cuatro relacionados con orientación o identidad sexual. ¿Qué nos dicen esas cifras?

Esas cifras distan mucho de la realidad. Uno de los principales problemas que tenemos en lo referente a delitos de odio contra el colectivo LGTBI es que no se denuncian. Demasiadas veces en una comisaría de policía las cosas no se gestionan de la manera más adecuada. Pasa con los casos de violencia machista, como hemos visto recientemente en Mallorca, y con los delitos de odio. Eso condiciona las estadísticas. Es urgente la formación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en diversidad de género e igualdad.

Hace unos días conocimos los datos sobre casos de Sida en Balears. El año pasado se registraron 184 nuevos enfermos, el 60% pertenecientes al colectivo LGTBI. ¿Falta prevención? ¿Información?

Falta educación en materia sexual y reproductiva. Y eso no tiene nada que ver con la orientación o la identidad sexual de nadie. Cuando se forma parece que lo único que se tiene que evitar es un embarazo, pero hay mucho más. Hay una falta de concienciación en cuanto a la autoprotección y a la protección del otro. Además el problema que hay con el VIH es que mucha gente no sabe que tiene la enfermedad.

¿La sociedad mallorquina es tolerante?

Es una sociedad muy fría. Ya le he dicho antes que soy de Cádiz [risas]. Pero que los mallorquines sean fríos no significa que sean intolerantes. Vemos que la sociedad mallorquina reacciona en casos de discriminación.

Hoy en día los jóvenes son más tolerantes y abiertos que sus mayores. ¿Comparte esa apreciación?

Sí. Ha habido una evolución y una mayor concienciación en cuanto a la igualdad. La sociedad ha evolucionado gracias a los jóvenes; hay una mejor convivencia y más tolerancia, sin duda. Por eso a veces nos puede sorprender cuando aparece un caso de discriminación en un colegio. Pero tiene más que ver con la capacidad que tenemos como sociedad de detectar estos casos que antes se invisibilizaban.

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