08 de diciembre de 2018
08.12.2018
En contra

Marga Bujosa: "Las vallas de Ceuta y Melilla son máquinas de guerra"

La mallorquina Marga Bujosa (Bilbao, 1976) se licenció en Ciencias Políticas. Investigó y trabajó en Madagascar, Vietnam y Camboya, de donde fue expulsada tras siete años en el país...

08.12.2018 | 02:45
Marga Bujosa: "Las vallas de Ceuta y Melilla son máquinas de guerra"

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Es hiperactivista?"

Mi madre dice que el activismo suena a romper coches y quemar contenedores. Soy defensora de los Derechos Humanos, en cada momento y en cada gesto. No compro en Zara, por la explotación laboral en Camboya. He estado en las fábricas donde ocurre.

Una mujer me amenazó con una querella por llamarla activista.

Si quieres llamarme así, me lo pones, no te voy a denunciar, pero cuando en Camboya nos llamaban "las activistas", sonaba a violencia. Las mujeres de ese país no son violentas, las violentan y ellas ponen la otra mejilla.

¿Volverá a Camboya?

Me gustaría. He sido madre en julio, y querría que mis gemelos estuvieran en brazos de mis hermanas camboyanas, porque las llamo así.

¿Puede regresar, tras la expulsión?

Me expulsaron de forma ilegal, y estoy en una lista negra, tendría que hacerlo por mi cuenta y riesgo. Jugármela es una incógnita.

Los generales camboyanos le acusaron de ser la única extranjera que protestaba.

Me dijeron que representaba un peligro para la nación, pero las autoridades camboyanas mienten mucho, porque tienen el monopolio de la palabra. Nunca proferí un insulto ni participé en un acto violento. Intentaron asustarme, y no lo hice.

Los diplomáticos no le ayudaron.

No se presentó nadie del consulado francés, que me representaba como europea, y me daban directrices por teléfono que no tenían nada que ver con la realidad de Camboya. Me decían que tenía mucha suerte con la expulsión, que podían meterme diez años en la cárcel.

Su salto a la fama fue una deportación.

Pues es lo más estúpido que me ha pasado. No quería que me echaran de Camboya. Conocía los riesgos, sabía que la policía preguntaba por mí y que me fotografiaban. Apoyaba al cien por cien a las mujeres de Boeung Kak, pero estaba escribiendo mi tesis doctoral. Me expulsan como ejemplo, para que los blancos sepan que están en el punto de mira.

Los mallorquines odiamos las estridencias.

Yo no odio a nadie ni a nada, me pregunto el por qué de las cosas. Si veo que algo no está bien,... no, eso es maniqueísta. Si veo algo que es injusto, no me voy a callar. No hubiera permitido que un pasajero insultara a una mujer negra en un avión.

¿Por qué protestar, cuando se puede negociar?

Solo puedes negociar con los que se consideran iguales. Si los otros se consideran superiores, te imponen su voluntad sin escucharte.

Trabaja ahora en tierra reconquistada por Vox.

Han ganado en El Ejido, la localidad española con más migración, lo cual se ha interpretado como una invasión de potenciales enemigos. Vox en Andalucía es el voto del racismo y el machismo.

El único nexo entre Marruecos y Camboya es usted.

Son parte del mismo ciclo de explotación violenta. He visto esa violencia en la frontera sur, donde las vallas de Ceuta y Melilla son máquinas de guerra. Los africanos no quieren robar el pan de los europeos, tienen la misma situación que los camboyanos que intentan ir a Tailandia.

Sabe que les culparán del auge de la extrema derecha.

La culpa es de los medios de comunicación, por defender un racismo estructural y que la población española no siente. A raíz del Gobierno aceptando a los refugiados del Aquarius, ha empezado a rodar una bola de nieve contra los inmigrantes, donde se les llega a considerar un ejército profesional, lo cual es absurdo.

La inmigración no puede ser ilimitada.

La frontera tiene un sentido de explotación pura y dura porque no es para nosotros, sino para los otros. Si no explotáramos África y dejáramos que se gobernaran a sí mismos, no tendrían ganas de venir a Europa.

En Mallorca también tenemos un cuarto mundo.

No me atraen más los países donde he estado, trabajar en la cooperación fue una opción laboral. No buscaba la aventura ni la excitación, sino conocer otras culturas. Y también participo a nivel mallorquín, aunque aquí no trabajo, lo hago de manera voluntaria.

¿El velo es una prenda opresora?

Depende de la mujer que lo lleve. Yo no lo llevaría.

¿Ha escrito un libro para expulsar sus demonios?

Uno de los chicos africanos de la frontera sur me pidió que escribiera su historia. Ahora está en Europa.

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