21 de octubre de 2018
21.10.2018

La ´torrentada´ que convirtió el Llevant en el corazón de Mallorca

El 9 de octubre de 2018 se recordará como la fecha de la peor catástrofe de la historia reciente de la isla

21.10.2018 | 02:45

Balance de la catástrofe. Doscientos veinte litros por metro cuadrado en una tarde. Una ola de cinco metros devastando todo a su paso. Trece víctimas mortales. 320 coches siniestrados por las aguas. 300 casas afectadas por las inundaciones. Son los datos de una tragedia que se recordará por el dolor y la solidaridad de los voluntarios

En la Mallorca de 120 kilómetros de punta a punta, pero donde todo queda lejos, el Llevant es un caso especial. Para cualquier otro mallorquín, no digamos para cualquier palmesano, Sant Llorenç, Son Servera, Artà o Capdepera son el confín del mundo. Manacor dibuja la frontera a lo desconocido. Sin embargo, durante quince días el Llevant ha sido el corazón de Mallorca. Nunca la comarca se había sentido tan cerca. La isla ha aguantado la respiración, ha llorado y se ha enorgullecido viendo al Llevant. Así se recordará el 9 de octubre de 2018. La fecha de la torrentada, de la peor catástrofe de la historia reciente de la isla, será recordada por la devastación y por dolor de las pérdidas, especialmente las humanas. Pero también por la solidaridad de miles de voluntarios. Porque fue el día en que el Llevant se convirtió en el corazón de Mallorca.

Doscientos veinte litros por metro cuadrado en una tarde. Trece víctimas mortales. 320 coches siniestrados por las aguas. 300 casas afectadas por las inundaciones. Una treintena con daños estructurales. 220 animales muertos. 4.200 toneladas de residuos retirados en sólo una semana. Son los datos que permiten reconstruir la magnitud de una catástrofe en la que sólo quienes la vivieron pueden relatar el miedo, la impotencia y la desesperación.

Una catástrofe inesperada

La noche del lunes 8, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) activó la alerta amarilla por riesgo de precipitaciones intensas. Sin embargo, el martes por la mañana nada hacía presagiar lo que acabaría ocurriendo horas más tarde en el Llevant. Las lluvias empezaron a partir de las 16 horas y en pocas horas la intensidad de las precipitaciones y la orografía de Sant Llorenç volvieron a convertir el torrente de ses Planes, que cruza la localidad, en una trampa mortal, como ya ocurrió en 1989. Pero en esta ocasión sería mucho peor.

Pasadas las 18:30 de la tarde el agua desbordó el torrente provocando una riada que cruzó toda la comarca hasta el mar como una ola de hasta cinco metros que avanzó a 15 kilómetros por hora. Rápidamente las imágenes de lo que no acababa más que empezar inundaron las redes sociales y pusieron un nudo en la garganta a todos los mallorquines. Agua entrando en las viviendas, calles totalmente anegadas y coches arrastrados por la corriente por las calles e incluso dentro del propio cauce del torrente. La alarma.

Víctimas mortales y daños

A partir de ahí, la comarca quedó incomunicada y a oscuras. Fueron las horas más duras. En las que los vecinos buscaron refugio, en las que vieron cómo lo perdían todo. Los que iban por carretera quedaron atrapados en los accesos. Los que tuvieron peor suerte se vieron sorprendidos por la riada. Algunos tuvieron la suerte de escapar. Historias de cómo unos segundos evitaron lo peor. Trece personas no tuvieron esa suerte.

Los servicios de emergencia se movilizaron de inmediato. A partir de ahí, en una noche tan larga como angustiosa para toda la isla, empezó el goteo del recuento de las víctimas. Tres en sus casas y diez en sus coches en la carretera.

El primer cadáver en ser hallado fue el de Bernat Estelrich, de 83 años. Por la tarde se sentó en su butaca a mirar tranquilamente la televisión en su casa, en una de las zonas más afectadas por la riada en Sant Llorenç, se durmió y el agua anegó la vivienda. Lo encontraron allí sentado. La segunda víctima fue Joana Ballesteros Femenías, de 89 años, hallada en su cama. A medianoche se encontró fallecido al exalcalde de Artà, Rafel Gili, de 71 años, en su vivienda.

Por desgracia, la cosa no quedó ahí. Al día siguiente, con la luz del día exhibiendo la huella de la catástrofe, con calles y casas enfangadas, muebles y vidas enteras bajo el barro y montañas de coches amontonados, y con el desplazamiento de cientos de efectivos de Guardia Civil y UME, siguió el recuento: el taxista Juan Grande 'Moncho' y los turistas escoceses a los que acompañaba, Anthony y Delia Mary Green, de 77 y 75 años; Biel Mesquida, de 56 años, sorprendido por la riada cuando iba en su furgoneta; el matrimonio alemán formado por Mike y Petra Kircher, de 61 y 63 años, que circulaba entre Artà y Capdepera; la holandesa de 80 años, Tine Noig, hallada en Son Carrió; el periodista alemán Andreas Körlin, de 57 años, fallecido mientras iba a buscar a un amigo al aeropuerto; y la historia que más conmocionó a los mallorquines, la de Joana Lliteras, de 40 años, la historia de la madre que pudo poner a salvo a su hija Úrsula de 8 años, con la ayuda del ciclista alemán Daniel Thielk, convertido en uno de los héroes en medio de la tragedia, pero no al pequeño Arthur, de 6 años. A Joana la encontraron sin vida en su coche. Su madre había alertado de su desaparición.


Ola de solidaridad

Sólo ocho días después se encontró al pequeño Arthur Robinson. En torno a 300 efectivos de Guardia Civil, UME y Salvamento Marítimo rastrearon durante días de incansable búsqueda del pequeño por tierra, mar y aire, hasta que un particular lo halló bajo el barro a escasos metros de donde el agua engulló el coche de su madre. El hallazgo de su cuerpo cerró la página más trágica de la historia reciente de Balears. Mallorca no pudo evitar volver a llorar.

Y en medio de tanta tristeza, la luz: la solidaridad de miles de mallorquines que en pocas horas se movilizaron para volcarse en Sant Llorenç. Emergencias tuvo que pedir no llamar al 112 para ofrecerse ante el colapso de las líneas. Principalmente jóvenes de todos los puntos de la isla, junto con Guardia Civil y UME, desbordaron el pueblo en tareas de limpieza. Miles de manos ayudando. Rostros tan conocidos como el número uno del tenis Rafel Nadal se arremangaron para achicar agua y limpiar. Sant Llorenç dio las gracias mientras Mallorca se enorgulleció de su solidaridad.

Ayuda para volver a la normalidad

Políticos y administraciones recogieron el guante de la calle. Después de pasar políticos de todo signo o el propio Rey Felipe VI por la zona afectada, los partidos aparcaron la batalla política y los interrogantes sobre la catástrofe a la espera de recuperar la normalidad. El presidente del PP, Biel Company, renunciando a preguntar a la presidenta del Govern, Francina Armengol, fue la prueba de la tregua por Sant Llorenç. Y mientras, en poco más de una una semana el Govern ha habilitado las ayudas para los afectados.

Arquitectos, aparejadores, electricistas, fontaneros, albañiles, decenas y decenas, todos ellos de forma voluntaria, han trabajado en la zona para evaluar daños y devolver la normalidad a la zona. Después de diez días de la riada se reabrieron las primeras carreteras cortadas por el agua.

Con el tiempo, la normalidad volverá al Llevant. Pero quedará la cicatriz, el dolor y el recuerdo de la tragedia. También se recordará la solidaridad. Se recordará que un día toda Mallorca aguantó la respiración, que sintió el dolor por cada pérdida, que se volcó en ayudar y que lloró cuando se encontró al pequeño Arthur. Que nunca la comarca se sintió tan cerca. Que la torrentada convirtió el Llevant en el corazón de Mallorca.

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