25 de agosto de 2018
25.08.2018
En contra

Carles Castro: "El independentismo crecerá a paso de tortuga, salvo que envíen tanques"

25.08.2018 | 02:45
Carles Castro, analista electoral de ´La Vanguardia´.

Carles Castro

  • Carles Castro (Barcelona, 1955) es doctor en Ciencias de la Información, profesor de la Pompeu Fabra y un clásico del desglose de las encuestas en las páginas de ´La Vanguardia´. Ha sistematizado su labor de analista en ´El poder catalán en su laberinto´, sobre si el remedio empeoró a la enfermedad.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿El independentismo crece con el PP en el Gobierno?"
Los datos son inequívocos. En la etapa de Aznar, ERC crece por encima del referente de CiU. Con Rajoy, el independentismo roza el inédito cincuenta por ciento.

Pujol decidía cada mañana si era independentista.
Vivía en una esquizofrenia que trasladó al resto de la sociedad. Un día era "Español del año" y, al siguiente, Cataluña era una nación oprimida y apoyaba a la Crida.

¿El soberanismo tiene complejo de superioridad?
A través de ERC hay una inyección de voto inmigrante en la Cataluña roja, pero el núcleo más conservador enlaza con el carlismo. Muestran un cierto supremacismo, se sienten más europeos y más inteligentes, como si la corrupción no les tocara.

El PP puede prescindir de Cataluña, el PSOE no.
Electoralmente, es así. Aznar y Rajoy logran mayorías absolutas con un veinte por ciento del voto catalán. En cambio, el PSOE no puede permitirse el lujo de perder en Cataluña, si quiere ganar en España.

¿Cómo vota la cárcel?
Los porrazos en la consulta ilegal del 1-O, y unos líderes en prisión que una parte de Cataluña considera desproporcionada, supusieron 150 mil votos más para el independentismo en las autonómicas de diciembre. Esa cifra marca la diferencia de la mayoría absoluta soberanista.

"Una revolución secesionista de clase media".
Porque la columna vertebral del movimiento son las clases medias y su concepción de una Cataluña homogénea. Es la nostalgia de un pasado que no existió.

¿Todo referéndum se perdería por el "vértigo de la ruptura"?
Al no haberse producido, se trata de una hipótesis, pero en elecciones catalanas de máxima participación han obtenido el 47 por ciento de los votos. Además, la otra Cataluña ha congelado esa cifra, que crecerá a paso de tortuga salvo que envíen los tanques a la Diagonal. Difícilmente se ganaría el referéndum, sirvan Quebec y Escocia de precedentes.

¿Llarena transforma a Puigdemont en Gandhi?
No quiero utilizar la palabra payaso, pero Llarena ha transformado a un farsante cobarde en un héroe entre comillas, mitificado. Monta un pollo y sale corriendo.

¿Prevé un Macron o un Trump españoles?
Macron llega por el deterioro, y lo preveía si el PP hubiera continuado pudriéndose en el fuego lento de la corrupción. El relevo del Gobierno ha neutralizado esa opción.

¿Quién le prendió fuego al oasis catalán?
Dos adversarios, los independentistas y quienes en el resto de España no admiten las particularidades. El oasis ardió, y enviaron a la Guardia Civil a apagar el incendio.

La CUP anarquista surge de la alta burguesía.
Está creada por la clase media alta, por eso no pasa del dos por ciento en enclaves obreros como Nous Barris, y alcanza el diez en Gràcia. En los pueblos, son los hijos del caciquismo nacionalista convergente.

¿Es imposible medir un mapa electoral a cuatro?
Todo depende de la técnica y del olfato de los encuestadores, el segundo factor implica que algunos acierten y otros se estrellen. Con cuatro partidos en márgenes estrechos puedes equivocarte, pero nunca volverá aquel bipartidismo que superaba el ochenta por ciento del voto.

Con veinte diputados nacionalistas, Cataluña seguirá abriendo las puertas de La Moncloa.
Los partidos nacionalistas catalanes serán inevitablemente los árbitros, porque el sistema electoral favorece a las formaciones fuertes en un territorio. Somos cinco millones y medio de votantes, con cuarenta diputados. Para que esto cambie, habría que evolucionar a un sistema más proporcional, que favorecería a Podemos y Ciudadanos.

¿El País Vasco es el ganador de la democracia española?
El concierto autonómico es un gran negocio heredado, y que tuvieron la valentía de asumir. El nacionalismo catalán lo descartó porque has de vivir de lo tuyo, con lo puesto. Se aceptó la fórmula conservadora de la solidaridad compartida, sin pensar en que siempre saldría a pagar.

A usted deben acusarle de equidistante.
Es cierto, soy un españolista para los independentistas y un nacionalista para los españoles. Es el síntoma de las dos Cataluñas, aunque un cuarenta por ciento desean una solución intermedia.

¿Cómo vota el analista de sondeos?
Pertenezco a la selecta minoría que intenta que el sistema no se pudra, por lo que puedo recurrir a un voto táctico contra mi partido habitual, para espabilarlo y ventilarlo.

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