13 de junio de 2018
13.06.2018
Caso Nóos

Los Duques de Palma vivían como Reyes en Mallorca

El matrimonio Urdangarin-Borbón disfrutaba de casa aislada en Marivent - Adquirieron cinco viviendas en Ciutat, pagando al contado

13.06.2018 | 08:15
Los Duques de Palma vivían como Reyes en Mallorca

Con un palacete privado en Marivent, el disfrute discrecional del carísimo yate 'Fortuna' y el reconocimiento de la población, Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón no necesitaban enredarse en trapisondismos para mantener su desahogado tren de vida en la isla

En septiembre de 2007, el grueso de la Familia Real ya ha abandonado su feudo veraniego de Marivent. Entonces, ¿por qué sale a navegar desde su base en Portopí el carísimo Fortuna? Porque Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarin y sus hijos se han adueñado de la embarcación, que emplearán para circundar la isla. Un matrimonio sin excesivos méritos ni luces dispone a su arbitrio de un yate de cuarenta metros y 130 kilómetros por hora, que llena el depósito en 25 mil euros. Sin olvidar la tripulación y la seguridad, que hasta hoy mismo siguen abonando los contribuyentes.

Hasta el entonces Rey limitaba sus incursiones en el mar, por el elevado coste de la empresa náutica. Sin embargo, las restricciones no afectaban a su yerno bienamado, del que nunca diría como del otro que "es el tío más gilipollas que he conocido en mi vida". Con el beneplácito del paterfamilias además de monarca, los Borbón Urdangarin disfrutaban de la lujosa embarcación como si fuera un vehículo personal. No debe extrañar que se creyeran con derecho a expoliar a las comunidades autónomas tan generosas con sus caprichos pero, volviendo este argumento del revés, qué necesidad tenían de embarcarse en la trama de Nóos y Aizoon.

Los Duques de Palma vivían como Reyes en Mallorca. Aquella travesía del Fortuna resultó accidentada, y las inclemencias del temporal obligaron a la Infanta y a su Iñaki a refugiarse en el Port de Sóller. Lo recuerdo bien, pues por aquellas fechas me citó la heredera de un imperio mallorquín de la construcción, que había tomado las riendas del imperio paterno. El encuentro tuvo lugar en la desaparecida cafetería Espresso, calle Manacor junto a Avenidas. La sucesora me desgranó las miserias familiares y, casi de pasada, soltó:

-Urdangarin nos ha comprado tres pisos de una de nuestras promociones en Marqués de Fuensanta.

Lo lógico hubiera sido replicar:

-¡¡¡Tres pisos!!! No entiendo que un personaje sin oficio ni beneficio, y con familia numerosa, pueda permitirse esta adquisición por las buenas.

Sin embargo, quienes vivieron los años de la burbuja disculparán que mi sentimiento se acercara más a:

-¿Solo tres pisos? Una princesa debería haberse quedado con la promoción entera.

La joven constructora matizó únicamente la procedencia del dinero:

-Debían tener unos ahorros con los que no sabían qué hacer.

Por tanto, al contado. Todo ello sucedía tras haber cobrado los famosos y fantasmagóricos foros. Es decir, un joven profesional con lo justo no tenía problemas para multiplicar su patrimonio inmobiliario, que engrosó con otras dos viviendas en segunda línea del Paseo Marítimo. Y a nadie se le ocurría preguntarse de dónde salía tanto dinero. En descargo de la conversación referida, los comentarios a la publicación de esta información no se centraron en los sombríos orígenes de las rentas de Cristina de Borbón y su marido. Al contrario, se celebraba que los Duques de Palma estrecharan los lazos con la Mallorca que tanto les estaba regalando.

Críticas

Faltaban todavía varios años para que los Borbón Urdangarin fueran introducidos a José Castro. En honor de otros familiares de los Reyes, se mostraron más críticos con el incremento en bienes inmuebles del yerno y cuñado de los dos últimos Jefes del Estado. "¡Pero este tío que se ha creído!", exclamaban por vía telefónica al enterarse de la compra de pisos por triplicado. Y la censura ante un comportamiento indigno de la Familia Real venía teñida por alguna punzada de envidia.

Mientras se deshacían en sonrisas veraniegas ante los paparazzi llegados a Mallorca desde los confines del planeta, los Duques de Palma eran titulares del controvertido palacete de Pedralbes sufragado con una donación camuflada de Juan Carlos I. Aparte de otro palacete individualizado en Marivent, pagado a escote por los mallorquines. Fue Jaume Matas, siempre volcado en congraciarse con la Familia Real, quien dispuso que los tres hijos de los Reyes disfrutarían de viviendas aisladas dentro del recinto colindante a las propiedades de Saridakis, en la zona portuaria de Palma donde Juan March inició su reconquista de Mallorca. Sin olvidar las otras cinco viviendas de los Borbón Urdangarin en la capital de la isla, y su ostentoso ritmo de vida en Mallorca. Había mucho que investigar.

La Zarzuela insiste en que Urdangarin se sentía humillado por su entorno palaciego, así que decidió enriquecerse por cuenta propia y mediante procedimientos nada ejemplares. Observadores más afilados corregirían que se limitó a comportarse según las pautas dominantes a su alrededor, cabe recordar que en Mallorca desembarcaba cada año el último modelo de la casa Audi, con destino a Juan Carlos de Borbón. La tesis que se expone aquí es la más arriesgada, pero aflora tras la observación detallada del comportamiento de los Duques de Palma en la isla que les prestó hasta el título.

En resumen, el plan de la inseparable pareja consistía en que la esposa llegara al trono como Cristina I. Esta pretensión, no tan descabellada como aparenta, se basaba en las reticencias de Felipe de Borbón a contraer matrimonio, unidas a las limitaciones de Elena de Borbón. La aparición de Letizia Ortiz fulmina las aspiraciones de los Duques de Palma, y los desvía hacia el dinero fácil. Sin renunciar a los derechos sucesorios, nunca se sabe.

Es demasiado sencillo etiquetar de cómplices a quienes no denunciaron en su día los aires de magnates que se daban Cristina de Borbón y su marido. Por ingenuo que parezca, Urdangarin conquistaba por su físico avasallador, casi un duplicado del Felipe de Borbón hacia quien revelaba su extraordinaria sintonía en Mallorca. Sin olvidar el elemento narcisista de la estrella de balonmano del Barça. Corriendo como solía por el Paseo Marítimo, fijaba la mirada en las personas con las que se cruzaba. No era miopía, sino la urgencia infantil por ser reconocido que comparte con otros integrantes de la fauna isleña, como Boris Becker. Y las similitudes entre ambos deportistas no se agotan aquí.

Será por la estatura, la carrera deportiva o los estudios en Esade, pero la inteligencia se le daba por descontada a Urdangarin. Hasta que, tras el estallido del escándalo, el mallorquín que mejor lo conoce desvela las claves del error de apreciación a su interlocutor, atónito por los errores del Duque:

-Tienes que recordar que Iñaki no sobresale por su inteligencia.

Y la expresión se queda corta. El zafio "Duque Em...Palmado" da idea de su intelecto. Cenando con su esposa y unos amigos en Can Nofre, el restaurante obligado de Antonio Fontanet en la calle Manacor, los regios comensales se enredaron en un arduo y vacuo debate sobre el contenido calórico de las aceitunas. A lo que una voz discrepante contrapone que no serían tan incultos, cuando se matricularon en el concierto ofrecido por Leonard Cohen en el Palma Arena, pese a que nada en sus correos escatológicos delata una escucha atenta de las canciones del canadiense.

El concierto de Cohen apunta a una pregunta de Trivial. ¿En que se parecen Iñaki y Cristina a Sarkozy y Carla Bruni? Muy sencillo, cuando le plantearon al cantante si podía recibir en su camerino mallorquín a los Duques de Palma en el descanso del concierto, respondió:

-Si tuve que departir con Sarkozy, también tendré que hacerlo con los royals españoles.

Sin embargo, hubo un cambio de agenda porque en primera fila se sentaban los hermanos Fernando y David Trueba. Los Duques de Palma prefirieron alternar con los cineastas, a la vista de los miles de espectadores del Palma Arena, antes que encerrarse a oscuras con Leonard Cohen. Véase más arriba sobre el ansia de reconocimiento. Cristina de Borbón asistió al recital escoltada por su mejor amiga mallorquina, Rosario Nadal. También les acompañaba Elena de Borbón, que huyó al descanso por lo que fue la única miembro de la Familia Real que exteriorizó con sinceridad el sentimiento que les provocaba el canadiense amargo. Las entradas fueron compradas en bloque por La Zarzuela, véase más arriba sobre vivir como un Rey aunque seas un Duque ocasional.

Un padrazo

En Mallorca se evidenciaba que Urdangarin ejercía de padrazo que atendía a las necesidades materiales y afectivas de la prole. Su mujer estaba más despegada, cumpliendo con su papel de adicta a la información política. En efecto, todo ello en las antípodas de la sentencia de la Audiencia de Palma, que redujo a la Infanta a una abnegada ama de casa, traicionada por los manejos financieros de su marido. Engatusaron a las tres magistradas.

Sin salir de la isla, Ballester es mucho más que el mejor amigo de la pareja. No es exagerado afirmar que el medallista olímpico de vela es el autor del matrimonio de los Duques, después de haber velado por relaciones anteriores de la Infanta. Debió sufrir para negarse a abonar desde el Govern unos cargos absolutamente injustificados, que Urdangarin reclamaba con codiciosa insistencia. Dado que el regatista mallorquín ha confesado sus culpas, solo cabe recordar que después de ser condenado por corrupción en primera instancia, tuvo la oportunidad de abrazarse a un Juan Carlos de Borbón conciliador. No ocurrió en Mallorca, sino en París hace un año. Ahora bien, el anfitrión era mallorquín, un Rafael Nadal que acababa de embolsarse su enésimo Roland Garros.

Cuesta discernir si Matas nombró director general a Ballester para aproximarse a la Familia Real, o si la decisión le fue impuesta desde La Zarzuela. En la famosa suelta de tortugas de Cabrera, el zalamero Urdangarin requebraba al restaurado president del PP con un "ya se nota que van mejor las cosas", y apenas si llevaba dos meses en el Consolat. Allí le acusó jocosamente de cargar de trabajo al regatista. En fin, para conseguir los contratos millonarios a cambio de nada, Urdangarin tuvo que someterse a poner pañales a un muñeco en el programa de Fernando Schwartz en IB3. La suegra Sofía de Grecia estaba encantada con la destreza de su yerno, que reproducía con asiduidad en vídeo. Iñaki siempre fue el guapo y el bueno, Marichalar era el feo y el malo. La legendaria administradora de Marivent no participa de este juicio, "la única persona valiosa de esa Familia es Elena". En el palacio palmesano vagaba a solas Cristina de Borbón, imitando a su antepasada Juana, durante el primer encontronazo de su marido con Castro. "Estoy segura de que Iñaki lo explicará todo", confiaba desde Palma a sus amistades. Poco después le tocaría a ella. Y hasta hoy mismo.

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