03 de julio de 2017
03.07.2017
Escándalos

Caso Cursach: La prostitución en política

Tras el Rasputín y Rodrigo de Santos, el PP mezcla sexo y corrupción por tercera vez en el 'caso Cursach'

02.07.2017 | 19:32

Al publicar que el PP intentaba pasar como gastos públicos las entradas y consumiciones en el prostíbulo moscovita Rasputín, llamó a este diario un veterano y acreditado columnista de la prensa madrileña:

-Pero, ¿qué han hecho en Moscú? Parece mentira la torpeza del Rasputín. Si los Governs de Mallorca están hartos de montar orgías en el Mustang Ranch, para periodistas alemanes a los que invitan con gastos pagados en los actos de promoción turística.

Por fortuna para los políticos, Juan Garau fue discreto en su calidad de empresario del "mayor burdel de Europa", antes fábrica de sobrassada y ya derribado. Sin embargo, el Mustang fue el primer burdel mallorquín que copó la portada de Interviú. Según declaraba el propietario a este diario, "había turistas que venían directamente del aeropuerto a mi casa. Se pasaban cuatro días allí a lo grande, y sin mirar precio. Regresaban a su país sin haber pisado un hotel. A veces ponían la excusa del golf, y repetían cada año".

Después del Mustang vendría el Rasputín, ya con motivo de la expedición a Moscú en 2004 que capitaneó Jaume Matas. En el viaje a la capital rusa solo participaban varones, un indicio tan sólido como las facturas en cirílico que el Govern del PP confiaba en endosar a la ciudadanía.

Tres años después del Rasputín, el prostíbulo homosexual Casa Alfredo adquiría notoriedad y la obligada portada de Interviú, gracias al concejal ultracatólico Rodrigo de Santos. En aquella ocasión, llamó al diario un ciudadano brasileño con una oferta irresistible:

-Tengo unas fotos de Rodrigo en el burdel y esnifando cocaína. Estoy dispuesto a negociar el precio.

Las imágenes acabaron por supuesto en el semanario de sensaciones. Tiempo atrás, la entonces alcaldesa Catalina Cirer había hojeado el álbum de las andanzas de su todopoderoso concejal de Urbanismo y enemigo visceral. Rodrigo de Santos siempre culpó de su desgracia a Tolo Cursach, aunque nadie obligó al edil a quemar la tarjeta de crédito municipal en el prostíbulo. En ocasiones, llegó a cerrarlo para su propio disfrute, según el testimonio siempre ingenuo del genial Jaume Santandreu, otro usuario.

Con estos precedentes, la aparición de orgías con prostitutas ocasionales y cocaína en el caso Cursach no podía sorprender a nadie. En contra del testimonio de la promotora de las agotadoras jornadas, apreciado por el juez, José María Rodríguez y sobre todo Álvaro Gijón niegan haber participado en los encuentros descritos con todo lujo de detalles.

Pronto llegó la inevitable portada de Interviú, que rubricaba que la prostitución subvencionada o con fondos públicos ha jugado un papel esencial en la política mallorquina. Nadie mejor situado para apreciar la ironía del caso Cursach que Rodrigo de Santos. Pudo recordar que quien a prostitución mata, a prostitución muere.

El desenlace de los escándalos de política y prostitución ya habituales en el PP no suele estar a la altura de la excitación de su descubrimiento. Rodrigo de Santos confesó y purgó su adicción pagada a escote por los palmesanos. Sin embargo, el Rasputín solo repercutió en la nombradía y en los matrimonios de los siete usuarios del prostíbulo con fondos públicos.

Tras el raudo archivo de la causa penal del Rasputín a cargo del fiscal jefe Bartomeu Barceló, la izquierda intentó ahondar en las repercusiones políticas en el Parlament. Rosa Estarás extinguió el escándalo. La vicepresidenta del Govern y diputada del PP retó a los diputados varones del PSOE a debatir sin tapujos el uso de la prostitución entre miembros de la cámara. Las acusaciones socialistas cesaron por ensalmo. El conseller Vicenç Vidal reavivó el Rasputín para anular las acusaciones de contratos a dedo.

Un imputado en el caso Nóos, ceñido a la prostitución política, quiso entregar la lista con nombre y apellidos de usuarios del Rasputín a cambio de inmunidad. No hubo trato. Una empleada en un pequeño comercio de Palma, que participó en las orgías supuestamente sufragadas por Cursach, asegura que nunca acusará. "Tengo novio pero, ¿sabes a qué precio está el alquiler?"

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