16 de febrero de 2017
16.02.2017
Transporte

Los taxistas toman el centro de Palma y amenazan con más paros

Más de mil personas se manifestaron ayer contra los buses turísticos del aeropuerto anunciados por el Govern - El sector anuncia más protestas para el día 6 y en Semana Santa

16.02.2017 | 08:37
Los taxistas toman el centro de Palma y amenazan con más paros
Unos mil taxistas colapsaron ayer el centro de Palma en un intento de doblegar al Govern en su pretensión de crear líneas de autocar destinadas a enlazar el aeropuerto con las principales zonas turísticas de Mallorca. Y envalentonados por el resultado de esa demostración de fuerza (el servicio de taxi estuvo prácticamente paralizado durante la mañana en toda la isla) ya preparan nuevas movilizaciones: según se anunció en la concentración que dio cierre a la protesta, el próximo día 6 de marzo volverán a convocar otro paro para coincidir con una huelga en la EMT, y no se descarta que éste tenga una duración de una semana. Y el golpe más duro se reserva para la Semana Santa, con la suspensión de los servicios nocturnos a lo largo de todo este periodo, a lo que se sumarán paros diurnos durante las jornadas de entrada y salida de esas fiestas.

Realmente, la convocatoria logró el objetivo que se perseguía, al alcanzar el paro un seguimiento masivo por parte del colectivo del taxi ("y sin piquetes", presumía uno de los convocantes) y permitir que se visualizara la radical oposición existente en este gremio a la pretensión del Govern de crear cinco líneas de autocar para enlazar Son Sant Joan con las principales zonas turísticas mallorquinas.

Concentración previa

Aunque la primera protesta, consistente en una concentración ante la sede de la conselleria de Movilidad, estaba fijada para las 11 de la mañana, casi una hora antes ya resultaba evidente que el seguimiento iba a ser masivo, con unos 300 taxistas concentrados en la Plaça del Mercat, que se enseñaban unos a otros fotos de las paradas de taxis del aeropuerto o de la Plaza de España absolutamente desiertas. En ese momento se produjo uno de los pocos momentos de tensión de la protesta, al pasar frente a sus compañeros en paro un taxi cargado. La reacción fue inmediata y algunos de los manifestantes intentaron ir hacia él, aunque fueron detenidos por los agentes policiales. El número de ese taxi corrió de boca en boca toda la mañana entre el colectivo, con comentarios poco afectuosos hacia su titular.

Con apreciable puntualidad, los taxistas, que en ese momento superaban ya los 600, llegaron a las puertas de la conselleria de Movilidad, en la calle de la Palma. Mientras en el exterior los participantes reclamaban la dimisión del conseller Marc Pons, los presidentes de las asociaciones convocantes (Biel Moragues, Antonio Bauzá, Antoni Cladera y José Alhama, de autónomos, Caeb, Pimem y part forana, por este orden) se reunieron con el director general de Transportes, Jaume Mateu, para que ambas partes reiteraran sus argumentos: los primeros insistieron en el daño que esas líneas de autobus van a hacer al sector del taxi y reclamaron que los turistas tengan que acceder a la estación intermodal de Palma para desde allí ir a sus zonas de destino, mientras que el director general aseguró que la citada iniciativa no quiere perjudicar a los taxistas, sino solo subsanar las deficiencias detectadas en el transporte público de la isla, mensaje que en diferentes foros fue reiterado también por el conseller Marc Pons y por la presidenta balear, Francina Armengol.

Mañana, nueva reunión

Tras evidenciar esta falta de acercamiento, ambas partes se emplazaron a la reunión fijada para mañana, a la que también asistirá Marc Pons, y en la que la Conselleria presentará su nueva propuesta, que contempla que los nuevos buses turísticos también tengan paradas en las poblaciones de más de 15.000 habitantes, como Manacor, Inca o Llucmajor, tal y como adelantó ayer Diario de Mallorca.

Los taxistas continuaron con su protesta desplazándose hacia la plaza Juan Carlos I, donde se produjo la confluencia con los más de 400 vehículos que desde las 10 de la mañana se habían concentrado en Son Moix para luego hacer un recorrido por las calles de Palma y llegar al Consolat de Mar. En aquel momento se estimaba que las movilizaciones estaban siendo segundadas por más de un millar de taxistas, una cifra que las asociaciones convocantes elevaron hasta los 2.500, felicitándose por el hecho de que la isla estaba sin servicio de taxi desde las 9 de la mañana. A esa hora ya resultaba evidente que el centro de la ciudad estaba tomado por este gremio, impidiendo la circulación de otros automóviles por calles como Jaume III, Unió o Born. En este último punto se registró otro de los pocos momentos de tensión, al intervenir la policía para retirar una bengala a uno de los asistentes y acudir en su ayuda un numeroso grupo de taxistas, sin mayores incidentes

Todos esos manifestantes desembocaron ante la sede del Govern, donde sus dirigentes fueron recibidos por el jefe de Gabinete de Armengol, Joaquín Torres, con resultado muy similar al del encuentro con el director general de Transportes, es decir, sin acercamiento de posturas. En el exterior, más gritos, en este caso exigiendo la dimisión de Armengol.

Al salir, los presidentes de las asociaciones informaron a los manifestantes de la reunión que se va a mantener el viernes con el conseller y de las movilizaciones que se preparan si este encuentro se salda con un nuevo fracaso.

En ese momento se visualizó que los taxistas están crecidos y quieren más. Más paros y más protestas, hasta el punto de llegar a reclamar a gritos una huelga general en el sector.

La situación llego a rozar lo rocambolesco, con unos manifestantes que se negaban a abandonar la protesta mientras sus líderes les recordaban que las movilizaciones estaban convocadas hasta la 1,30 del mediodía y que era necesario suspenderlas a esa hora para respetar la ley.

Indignación

Finalmente, la concentración se disolvió a regañadientes, con el compromiso de que el próximo lunes se pondrán sobre la mesa nuevas protestas. Este hecho, sin embargo, sirvió para que algunos dirigentes de las patronales destacaran la indignación existente en el seno de este colectivo "porque se juega con el pan de nuestras familias". No hay que olvidar que uno de los mensajes más reiterados a lo largo de la manifestación fue el de "guerra, guerra, guerra, si esto no se arregla".

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