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Ola de frío

Atención prioritaria para los 'sin techo' por su situación de riesgo

Cruz Roja estima que en Mallorca hay unas 150 personas que durante estas fechas viven en la calle

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Con temperaturas próximas a los cero grados, pocas personas se vuelven tan vulnerables como aquellas que se ven obligadas a dormir en la calle por falta de un techo bajo el que residir. En Mallorca esta población se cifra durante estas fechas en unos 150 individuos, la inmensa mayoría de ellos instalados en Palma, y en estos momentos está siendo objeto de un tratamiento prioritario por parte de los servicios sociales de la isla, entre ellos el de la Unidad Móvil de Emergencia Social que desarrolla Cruz Roja y cuyo horario nocturno se ha ampliado durante estos días hasta las 3 de la madrugada. O más allá, dependiendo de las necesidades de estas personas sin residencia, según destaca su coordinadora, Marga Plaza. Todo ello tras haber activado el protocolo fijado para hacer frente a las olas de frío, lo que permite llegar cada noche a unos 40 o 50 de estos usuarios.

Equipo de tres personas

Una furgoneta en la que viajan dos técnicos y un voluntario de esta organización recorre Palma entre las 8 de la noche y las 3 de la madrugada durante estos días (tres horas más de lo habitual) para atender las necesidades de los 'sin techo', desde llevarles a un albergue si lo solicitan (el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales ha ampliado estos días el número de plazas de sus centros de acogida de sa Placeta, Casa de Familia, Ca l'Ardiaca y el albergue de Manacor) o a un hospital si precisan de atención médica, hasta ofrecerles bebidas calientes o mantas para hacer frente a las gélidas temperaturas nocturnas.

En ocasiones, la llamada de ayuda que se recibe en el 112 tiene demandas más vagas que en el fondo ocultan la simple necesidad de poder hablar con alguien, según se apunta desde Cruz Roja.

El problema al que se enfrentan estos servicios es que la calificada como mejor temporada turística de la historia de las islas y la tan cacareada salida de la crisis no se está viendo acompañada de una reducción de la población mallorquina con problemas para atender sus necesidades básicas, presumiblemente por la baja calidad de buena parte del empleo que se genera y por los bajos salarios.

Eso hace que la población que con carácter permanente no cuenta con una vivienda en la que refugiarse se mantenga prácticamente estable durante los últimos años. Pero no es la única. Porque tanto Cruz Roja como Cáritas coinciden en que las situaciones de pobreza energética, de las que se derivan problemas para pagar el gas y la electricidad y, consecuentemente, la calefacción de muchos hogares, se mantienen en niveles idénticos a los del pasado año, sin que se aprecie ninguna mejoría tampoco en este tema.

La conclusión es la antes apuntada: muchas familias, cuya situación laboral ha podido mejorar durante el verano, han recibido unos ingresos tan ajustados que no les han permitido más que cubrir las necesidades diarias pero no hacer reservas para los meses invernales. Y ahora se ven incapaces de atender facturas que se elevan más de lo habitual o cualquier otro desembolso imprevisto.

Hombre de 45 a 60 años

¿Cuál es el perfil de la población 'sin techo' de la isla? Es bastante heterogéneo, pero se trata mayoritariamente de hombres, con edades que van de los 45 a los 60 años. Eso no significa que no haya jóvenes entre los atendidos por la citada unidad móvil, pero éstos suelen disponer de más recursos familiares y sociales para hacer frente a esos periodos de crisis.

La actuación de este servicio prestado por Cruz Roja se desarrolla en dos frentes. Durante el día, se acompaña a la población que duerme en la calle a revisiones médicas o incluso a lugares en los que pueden ducharse tras mucho tiempo sin hacerlo, se les ayuda a renovar su documento nacional de identidad que muchos tienen caducado, o se les lleva a centros de desintoxicación en el caso de que tengan problemas de dependencia, como el alcoholismo. Esta parte de los trabajos se enmarca en procesos de inclusión social de estas personas. A ello se añade el segundo frente: atender necesidades básicas, como el citado reparto de mantas o bebidas calientes.

Todo ello desarrollado por un equipo compuesto por una educadora social, tres trabajadores sociales, tres monitores y una coordinadora.

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