Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Educación

El 75% de alumnos de FP tiene trabajo al año de acabar

La Formación Profesional en Balears se ve lastrada por las altas tasas de abandono y aún arrastra cierto estigma frente a los estudios universitarios, pero va consolidándose - Los protagonistas de estas páginas explican su experiencia con esta opción y la reivindican

La Formación Profesional sigue consolidándose como opción seria y válida frente a otros caminos como estudiar una carrera o trabajar sin titulación. En Balears sin embargo crece a un ritmo lento, lastrada por la elevada tasa de abandono escolar temprano: más de una cuarta parte de los estudiantes dejan los estudios antes de acabar la ESO o justo después, con lo que el número de matriculados en FP cae respecto a otras comunidades.

Este año más de 12.000 isleños están matriculados en algún ciclo de FP de grado medio o superior. La conselleria de Educación quiere aumentar estas cifras y entre otras cosas vende como atractivo los datos de inserción laboral: a los nueve meses de acabar sus estudios de FP, el 73% de los alumnos está trabajando.

Estos datos hacen referencia a los estudiantes que acabaron su FP en Balears el curso 2013-2014. La directora general Maria Alorda precisa que del 27% restante no se sabe qué proporción continuaba estudiando y cuántos realmente estaban desocupados. La directora general apunta que la Conselleria quiere trabajar para quitarle a la FP ese "estigma de hermana pobre" frente a la formación universitaria; un objetivo en el que todos los partidos políticos coinciden y miran a Europa, donde hay ministros, directores de banco y grandes empresarios que son titulados en FP.

Para Carlos Oliveros, de 47 años, la FP Superior fue el asidero al que agarrarse cuando fue despedido tras más de dos décadas trabajando en una empresa pública.

A los 18 años estudió Agrónomos en la universidad y cuando ya estaba trabajando estudió Informática por la UNED. Entre otros logros, ejerció de máximo responsable técnico para conseguir la homologación correspondiente de la pista de madera del velódromo Palma Arena; tuvo a su cargo a más de 230 personas; y gestionó obras con presupuestos por encima de los 150 millones de euros.

De repente en 2014 se vio en la calle, con 45 años: "Te encuentras de la noche a la mañana con que no tienes ni siquiera un currículum redactado porque llevas toda la vida trabajando sin parar". Y sus títulos universitarios de poco le servían en las entrevistas.

Tenía dos años de prestación y decidió estudiar algo que durase ese tiempo para "refrescar" sus conocimientos técnicos. Y lo que encajaba era una FP superior.

"Frente a los estudios universitarios, la FP aporta un punto de vista más práctico, más enfocado a la realidad laboral posterior", considera: "En la universidad se abunda mucho en conocimientos que raramente se pondrán en práctica nunca durante la vida laboral; la inmensa mayoría de ingenieros y arquitectos nunca calcularán una estructura, la encargarán a un especialista, pero durante la carrera pasarán un montón de meses estudiando con detalle esta materia".

Carlos se matriculó en Proyectos de Obra Civil en el IES Politécnico, donde el próximo día 8 presentará su proyecto de fin de ciclo, que se ha acabado convirtiendo en su empresa: Nordron, que ofrece el uso de drones para llevar a cabo trabajos de ingeniería, arquitectura y medio ambiente: "Los servicios que ya ofrezco ponen a nuestra comunidad a la vanguardia mundial en el sector y permiten que nuestras empresas puedan aprovechar las múltiples ventajas que las aeronaves no tripuladas van a ofrecer en los próximos años", explica.

Mucho por mejorar

Oliveros está muy agradecido al Politécnico por la formación recibida y por haberle inculcado el espíritu emprendedor, pero considera que la FP en general todavía puede mejorarse mucho en nuestro país, al seguir vigente esa idea de que es una formación para "los que no valen para estudiar".

Para acabar con ese prejuicio, cree que la Administración aún puede hacer mucho, como favorecer la adaptación de los temarios a la realidad tecnológica actual, además de "ofrecer un reconocimiento a las titulaciones superiores de FP en los distintos convenios colectivos". Señala que en muchos de ellos, si no tienes un título universitario, acabas en el mismo grupo de cotización que alguien sin titulación. Concluye: "Pongamos en valor las titulaciones superiores de FP creando su grupo salarial propio y reconociendo su cualificación laboral, social y económicamente".

Pura vocación

Los hermanos Tomeu y Joan Segura a los diez años ya desmontaban el televisor de su casa para ver cómo funcionaba (llevándose la consabida bronca de sus padres). Joan, con diez años, ganó un concurso diseñando un programa sin ordenador, tan solo con papel y bolígrafo. Con once años ya diseñó un programa de facturación para un taller de reparación de camiones (programa que la empresa utilizó hasta la llegada del euro). Pura vocación.

Sus pinitos empresariales los hicieron como los grandes: empezando en un garaje. Hoy, dieciséis años después, tienen quince empleados, plantan cara a los gigantes del sector y sus patentes están hasta en forma de tarjeta en el bolsillo del rey Felipe VI y en el de 10.000 personas más, ya que, entre otras cosas, Segura Duran Assessors ha creado el sistema de acceso a todas las instalaciones sociodeportivas militares de España. También contribuyeron a que en 2010 el wi fi llegara a toda la isla de Formentera; a la colocación del troncal de fibra óptica hasta Inca y Manacor (aprovechando las vías del tren); al diseño del programa que usan los revisores del tren y muchos proyectos más.

Estos hermanos hicieron primero una FP en el Politécnico -Joan, Electrónica Industrial; Tomeu, Telecomunicaciones- y luego pasaron por la Universitat. Y ambos destacan la ventaja de haber recibido estos dos tipos de formación, y en ese orden. Como sostiene Maria Alorda, la FP y los estudios universitarios "se complementan muy bien".

Tomeu cree que es una gran ventaja saber hacer el trabajo de los técnicos: "Tener la experiencia de la solución técnica y entender el proceso". Razona que "si el ingeniero que dirige sabe cómo se hacen las cosas, planificará y graduará los tiempos mejor". Resume con una cita a Napoleón que "para las grandes batallas quería que sus generales fueran soldados".

Joan señala que a veces en la universidad se siente "cierta desconexión del mundo real", mientras que la FP es más realista. Recuerda que cuando estudiaba en la UIB superaba casi sin esfuerzo los ejercicios prácticos, pero que sudaba tinta con la teoría.

En su empresa buscan gente formada con diferentes perfiles, pero Joan subraya que en cualquier caso más que una titulación u otra, valoran mucho "la valía" y "las ganas de hacer cosas, la curiosidad", algo que cree que cada vez es más difícil de encontrar. Recuerdan en este sentido la pasión que les transmitieron profesores del Politécnico como Joan Garau y Jaume Prats.

Chefs de éxito

Hoy día quienes son una buena cara visible del éxito profesional -e incluso de la fama- que puede reportar una FP son los cocineros. Santi Taura sería un buen ejemplo y además tiene el sello de un centro pionero y de referencia en formación hostelera: el IES Juníper Serra, que este año cumple 50 años de tradición; medio siglo que ha dado grandes nombres a la gastronomía insular, como Taura, Tomeu Caldentey u Oskar Martínez, por citar algunos.

Taura tiene un buen recuerdo de esa etapa: "Para mí fue la opción perfecta, sentía que estaba en la dirección correcta y que no perdía el tiempo, al contrario que muchos otros de mi generación que no sabían hacia dónde tirar".

Empezó sus estudios muy joven, con 14 años, y enseguida empezó a trabajar en Can Carrossa en Lloseta, junto a Juan Abrines. A los 17 ya estaba en La Residencia de Deià. Trabajo no faltaba y podía haber dejado los estudios, pero quiso volver al aula y terminar: "Recomiendo la FP, fueron cinco años donde aprendí de todo, incluyendo francés e inglés". Taura también quiere que cambie la percepción: "Parece que si eres listo vas a la universidad y si eres vago a Formación Profesional, pero la FP es una experiencia recomendable, para mí fue el camino más recto para llegar adónde yo quería".

Contra la 'titulitis'

Rafael Amores es 100% fruto de la FP: estudió primero Electrónica en el San José Obrero, cuando tenía 14 años; después pasó a hacer la especialización en Electrónica Industrial al Politécnico y luego volvió al San José Obrero para estudiar Informática.

Desde hace años está al frente de Aglocem, que ofrece asesoramiento informático a empresas y particulares, además de ser uno de los impulsores en Mallorca del bitcoin, la moneda digital.

"Es una buena salida y además hace falta gente que conozca bien los oficios y no caer en la titulitis", apunta. Cree que la FP aún no ha avanzado lo que se merece y aún no tiene el reconocimiento que debería.

Desmonta la creencia de que los ciclos formativos sean la salida para los que no quieren estudiar: "Muchos se apuntaban y luego veían que no era tan fácil: empezamos 60 y luego iban cayendo, acabamos unos 15 en clase". Los que sí concluían sus estudios, tenían trabajo casi garantizado: "Si no tenías que cumplir con el servicio militar, nada más acabar lograbas trabajo enseguida".

Reenganche y trampolín

Bárbara Ferriol es, como Carlos Oliveros, una muestra de que siempre hay tiempo para formarse y de que la FP es una buena manera de reengancharse a los estudios. A ella desde luego le ha servido de trampolín.

Dejó los estudios pronto y se tuvo que poner a trabajar en una gasolinera, pero siempre le habían gustado los niños y tenía el gusanillo de estudiar algo relacionado. A los 30 años se decidió a dar el salto y superó la prueba de acceso para mayores de 25 años y se matriculó en una FP de grado superior de Educación Infantil. Le gustaba especialmente el tema de la educación especial, con niños con discapacidades, pero no veía muy claro lo de apuntarse a hacer una carrera de cuatro años en la universidad a esa edad. Así que se decantó por la FP.

Cuando acabó, tuvo un par de trabajos esporádicos, cubriendo sustituciones en escoletes, pero vio que no le estaba compensando, así que se animó y el pasado enero abrió las puertas de Arri Arri Cavallet, un centro de terapia asistida con equinos y perros. Añadía así a su vida laboral su otra gran pasión: los caballos.

Antes de eso, y gracias a su título de FP Superior, pudo matricularse en el título propio de la UIB de Terapia Asistida con Animales. Ahora, ya lanzada del todo a esto de la formación, estudia además el grado de Educación Social a distancia. Mientras, en Arri Arri Cavallet, en Felanitx, ya atiende a siete usuarios, como un niño con parálisis cerebral; otro hiperactivo o una con síndrome de Down. Gracias a los caballos y los perros, mejora su motricidad, coordinación y equilibrio, entre otras cosas.

"La FP me ha servido de mucho", valora, "por ejemplo, lo aprendido me ayuda a la hora de coordinarme con los colegios de mis usuarios en temas de currículum y de socialización". Asegura además que ahora que estudia el grado se siente mucho más preparada gracias a la formación que recibió en el IES Mossèn Alcover de Manacor.

Compartir el artículo

stats