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La fiesta en paz

Armengol: sueños, emociones y realidad

Armengol promete como presidenta.

Armengol promete como presidenta. M. Mielniezuk

El cambio en sí mismo tiene un valor relativo, tirando a escaso. Todos estamos abocados a él. Lo busquemos o no. Tanto si lo planificamos como si nos arrolla. "Todo cambia, nada es", sentenció el filósofo Heráclito de Éfeso. Arthur Schopenhahuer llegó 2.300 años después a la misma conclusión con distintas palabras: "El cambio es la única cosa inmutable". Sin embargo, la palabra ha hecho fortuna en los últimos años y se ha convertido en un mantra con el que los publicitarios crean campañas para ganar elecciones o los políticos redactan programas electorales o discursos para convencer a la audiencia de que comienza "un tiempo nuevo".

Francina Armengol pronunció en nueve ocasiones alguna de las variantes de la palabra durante su discurso de toma de posesión como primera presidenta de la comunidad. "Cambiar las cosas", "la ciudadanía ha votado cambio", "anhelo de cambio", "gobernar significa cambiar lo que han sido los últimos años en las islas".

El cambio en sí mismo no significa nada. Es un estado natural, no un programa político. Bauzá también ofreció cambiar las cosas y la gente le partió la cara, metafóricamente hablando, en las elecciones. Durante la presidencia de Armengol cambiarán las cosas -aunque quizás solo sea para que todo siga igual-, pero los ciudadano solo le revalidarán el mandato si es -y se percibe- a mejor.

La palabra sueños salió siete veces de la boca de Armengol en presencia del ministro de Justicia, Rafael Catalá. El discurso de la presidenta comenzó repitiendo tres veces que sentía una "gran emoción". Sueños y emociones. También se gobierna desde el corazón, algo que jamás comprendió Bauzá. ¿Acaso Winston Churchill no pretendía turbar a los británicos cuando en los peores momentos de la II Guerra Mundial solo les prometía "sangre, sudor y lágrimas"? ¿O no buscaba el alma de los americanos Abraham Lincoln cuando les decía, en plena guerra contra los esclavistas, que "la probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos que es justa"? Resulta estimulante que después de cuatro años de ser gobernados por un témpano de hielo, la presidenta Armengol exprese sentimientos. Y es bueno que derrame alguna lágrima. Saber que al frente de las instituciones se encuentran personas con nuestras mismas debilidades engrandece a quienes asumen el poder.

Las emociones deben quedar compensadas por la razón y la acción. Las primeras medidas adoptadas por el Govern buscan colmar las expectativas de los 100.000 manifestantes contra la política lingüística de Bauzá. El Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL) está definitivamente muerto después de la retirada del recurso ante el Supremo. La anulación de la Ley de Símbolos va en el mismo camino.

Lo difícil llega a partir de mañana. El TIL ha muerto porque nació sin consenso, sin recursos y en contra de una lengua. Ahora es el momento de construir. De dejar de lado las emociones y aplicar la razón. Los estudiantes de las islas deben finalizar su periodo de enseñanza conociendo -o mejor aún, amando- el catalán, el castellano y el inglés. Se debe buscar el mismo objetivo que el TIL, pero con consenso, recursos y respeto por todas las lenguas.

Soñar, cambiar o emocionarse. Son palabras que emanan del discurso de la presidenta y dominan los primeros pasos del nuevo Govern. Dentro de pocas semanas, Armengol y sus consellers tendrán que darse un baño de racionalidad y realidad.

Post scriptum. A quien no se ve feliz ni emocionado ni soñador es al vicepresidente, Biel Barceló. Uno, parece que no está convencido del pacto. Dos, diría que la responsabilidad le abruma. Tres, transmite que teme que Més sea el gran damnificado en los próximos comicios electorales, tanto si las cosas salen bien -porque los beneficiarios serán Francina y el PSOE- como si se tuercen -porque todos pagarán las consecuencias-. Para sanar su melancolía solo se puede recurrir a Horacio: Carpe diem, quam minimum credula postero

(Aprovecha el día, no confíes en el mañana).

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