30 de noviembre de 2014
30.11.2014
La fiesta en paz

Bauzá, la oposición y la derrota de Churchill

30.11.2014 | 03:03
Churchill, estadista en la victoria y la derrota.
Churchill ganó la guerra y perdió las elecciones. Viajó a todos los frentes bélicos en los momentos difíciles y en los gloriosos. Se trasladó a Washington y Moscú para negociar con sus aliados. Participó en las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam. Arengó a los ingleses y dirigió brillantes discursos al parlamento. Tras la rendición de Alemania, Stalin le pronosticó un abrumador triunfo electoral. Sin embargo, apenas unas semanas después de doblegar a Hitler, los civiles que residían en el Reino Unido y los soldados repartidos por el mundo le dieron la espalda y optaron masivamente por los laboristas. Churchill analiza el porqué de la debacle en sus memorias. Asegura que mientras él se dedicaba a ganar la guerra, a representar como nadie su papel de estadista, sus adversarios socialistas mimaban cada una de las circunscripciones a la caza de los votos.

En sus memorias relata cómo fue la noche del recuento electoral. Su reflexión es una lección para aquellos que se sienten ungidos por el pueblo: "Me fui a la cama en la creencia de que el pueblo británico querría que continuara mi labor... Antes del amanecer me desperté con un agudo presentimiento que casi me produjo dolor físico. La convicción, hasta entonces subconsciente, de que estábamos derrotados surgió a flor de piel y dominó todas mis ideas... Me sería denegado el poder de moldear el futuro".

Bauzá tiene alguna semejanza con el Churchill de los primeros años de la II Guerra Mundial. Ha perdido prácticamente todas las batallas de gran calado que ha librado durante esta legislatura. Y cuando ha ganado alguna ha sido a costa de grandes pérdidas entre sus huestes. El más clamoroso de los enfrentamientos en los que ha salido escaldado ha sido el del TIL. Sus enemigos le hicieron doblegar la rodilla en la calle –con 100.000 personas manifestándose–, en los tribunales y en la vida interna del partido. Varios consellers fueron decapitados por no humillarse suficientemente ante el jefe –como en el caso de Bosch– o por hacerlo demasiado –como ocurrió con Camps–.

No ha sido la única confrontación de la que el president ha salido mal parado. Su intento de aplicar nuevos impuestos chocó contra un frente popular de la derecha. Los empresarios se fotografiaron juntos, hablaron con Génova y Bauzá decapitó a su oráculo económico, el catedrático Pep Ignasi Aguiló, por cumplir con rigor las instrucciones de su superior. En el capítulo de mordidas del polvo hay que sumar los desplantes de Madrid a sus reclamaciones de una mejor financiación. Ni caso le han hecho. Aunque en este campo no ha fracasado mucho más que sus antecesores.

Bauzá ha estado tan ocupado perdiendo pulsos que apenas ha podido dedicar tiempo a los alborotos en el frente interno. Eivissa ha sido un ejemplo de harakiri de un partido que gobierna con mayoría absoluta. Palma es el enclave donde se ha sublimado la incongruencia dialéctica del PP. Dicen: "Isern ha sido un gran alcalde, necesitamos un buen candidato, en consecuencia, nos lo cargamos y colocamos a Marga Durán". Ni Aristóteles hubiese cuadrado este silogismo.

El líder del PP casi siempre ha salido derrotado de los conflictos en las que se ha enfrascado para dar satisfacción a sus obsesiones personales. Tanta energía desperdiciada tiene que pasarle factura en las elecciones de mayo. Sin embargo, queda por resolver la otra incógnita. Churchill se dedicó a los frentes exteriores, mientras sus adversarios le conquistaban el terreno en los internos. Bauzá ha combatido casi tanto como el británico. La gran incógnita no es saber cuántas bajas ha sufrido el president. Sabemos que son muchas, más de las convenientes para cualquier estratega. Sin embargo, la cuestión es si sus adversarios políticos –socialistas, nacionalistas y ahora Podemos–, han sido capaces de cautivar nichos de votos tal y como hicieron los laboristas británicos en el ya lejano 1945. Las elecciones las pierde quien está en el gobierno, pero resulta imprescindible que la oposición se gane la confianza de los electores. Y esta es la incógnita de las autonómicas de mayo del próximo año. Sabemos lo que ha hecho el PP, pero ignoramos el trabajo de la oposición.

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