27 de septiembre de 2014
27.09.2014

Joana Maria Camps: la marioneta de Bauzá paga el pato

Fiel escudera del president, con todo el viento en contra y con sus meteduras de pata incluidas, no ha logrado el respeto del sector

27.09.2014 | 06:30

­Un buen conseller de Educación debe ser como el buen profesor, que es el que tiene autoridad moral, el que es un referente. Los que no entienden esto, creen que el liderazgo y el respeto se pueden conseguir con un nombramiento en el BOIB o en el caso del profesor, dándole la categoría de autoridad pública. Rafael Bosch fue desterrado, y a pesar de ser criticado tras haber dejado a los centros con el dinero justo para comprar folios aún merecía el respeto de parte de la comunidad educativa: "Sabe lo que hace", decían. Y fue eso, las ideas propias de Bosch, lo que llevó a Bauzá a sustituirlo por Joana Maria Camps (Ciutadella, 1965).

El 2 de mayo de 2013 la abogada y agente de la propiedad inmobiliaria, ajena al sector educativo y hasta aquel momento directora general de Trabajo, se presentó y ya se consagró: "De educación tengo la experiencia que pueda tener cualquiera". A pesar de que su formación académica no tendría porque haber sido un problema (no lo fue con el también abogado Francesc Fiol), la lupa de la opinión pública se puso sobre ella a la espera de más perlas y el resultado no decepcionó: ahí queda el Informe Trepitja y Sa Moma para la posterioridad.

Camps se convirtió en una extensión de Bauzá en la Conselleria, con la instrucción clara de dar la cara por él y hacer exactamente lo que le dictara, con un casi omnipotente Guillem Estarellas bien cerca como secretario autonómico de Educación. Y si a Bosch le tocó comerse el trabajo sucio de los recortes, Camps ha tenido que lidiar con la mayor movilización del sector educativo en décadas, que ha incluido una huelga de tres semanas y maratonianas sesiones de negociación hasta la madrugada, además de mofas, burlas y acciones reivindicativas convertidas ya en ataques personales.

Sus mayores momentos de satisfacción como responsable de Educación, aparte de cuando Bauzá la defendía en el Parlament y ella sonreía feliz, fueron la escenificación del acuerdo sobre la aplicación del TIL con las patronales concertadas católicas; la firma del pacto de estabilidad de interinos con STEI-i y ANPE (una foto que transmitió una Camps victoriosa tras haber conseguido, por un instante, un triunfo frente a la unidad de acción docente); y la presentación de "las pruebas científicas" de que el TIL funciona.

La menorquina empezó este mes de septiembre más segura que nunca, pero la hicieron desaparecer en cuanto el TSJB soltó la bomba sobre el trilingüismo y Camps balbuceó un "yo no estaba cuando se firmó" como excusa, un argumento verdadero – era Estarellas el que sí que estaba– pero inconcebible en política y que recordó a la vez en que defendió su continuos viajes a Menorca señalando que "los demás también lo hacen".

El martes la apartaron de los micrófonos y ayer se consumó la salida por la puerta de atrás de una abogada que, teniendo poco margen de maniobra más allá de los designios de un president que le ha hecho pagar el pato, y con todo el viento en contra, no ha tenido modo de ganarse la autoridad moral que caracteriza al buen profesor.

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