­La insularidad le cuesta cara a la economía balear, que pierde cada año de media 3.338 millones de euros en volumen de exportaciones y otros 3.501 en importaciones. Y eso son 6.839 millones hurtados, en comercio frustrado, al Producto Interior Bruto. El cálculo es del grupo especializado de economistas de la Universitat de les Illes Balears que ha elaborado un informe sobre los costes de insularidad y su impacto en la economía balear, que es grande.

Porque esas cifras en millones suponen grande pérdidas en industrias que no llegan a ponerse en marcha, empleos perdidos por ello y precios más altos para los consumidores y para las empresas que compiten en un contexto cada vez más exigente. "Las empresas de Balears que se aprovisionan de inputs procedentes de la peninsular afrontan unos sobrecostes derivados del transporte de mercancías. Los mayores costes de producción acaban trasladándose -vía precios- a los consumidores, cuando ello es posible, y cuando no, vía menores márgenes de beneficios (...). Ello conduce inevitablemente a la desindustrialización del territorio y a la pérdida de valiosos empleos especializados", se concluye en un estudio, elaborado para que el Govern lo emplee en la negociación con el Estado de un marco de subvenciones que permitan combatir los efectos de la insularidad (el llamado Régimen Económico Especial de Balears, REEB).

Desigualdad autonómica

Y causa justa tienen los negociadores. Según el trabajo, "la insularidad hace que Balears exporte un 94% menos que el promedio península", algo, dicen, no achacable a la menor calidad de los productos de las islas [en general las apuestas de éxito en las islas están ligadas a la alta calidad], sino a los sobrecostes de transporte. Lo saben bien los empresarios, que por ello exigen al Govern que apriete. "No tiene sentido que seamos los que más aportamos al Estado autonómico y los que menos inversiones y apoyo recibimos a cambio", se queja José Luis Roses, presidente de la Cámara, que cree que si esas compensaciones llegan Balears podrá estimular su industria, especialmente aquellas ramas que están funcionando, "como la naval", a la que podría seguir los pasos la aeronáutica.

"Los políticos se deben dar cuenta de la situación en la que nos dejan, con un Estado al que aportamos mucho para recibir poco, de modo que no se puede estimular e incentivar la producción industrial en Balears", coincide el decano de los ingenieros industriales, Alfredo Arias, que habla de "desindustrialización galopante", ligada a un modelo basado solo "hoteles, reformas hoteleras y chiringuitos de verano".