Francisco Polo. Director de Change.org España. Estuvo en una ONG y pasó por política, pero al final eligió la empresa social para cambiar las cosas. En 2010 fundó Actuable para recoger firmas on line y batió récords al lograr 2,5 millones de usuarios en 18 meses. En 2010 se asoció con Change.org para impulsar peticiones sociales.

—¿Cuántas firmas han llegado desde Balears?

—El número de usuarios en Balears es de 83.000 personas, alrededor de la media nacional. Un total de 13.000 usuarios se han dirigido a Mateo Isern y 9.42o al president Bauzá (ocupa el puesto número 11 en el ranking de peticiones a presidentes autonómicos). No han recibido respuesta.

—¿Qué haya más casos de corrupción incrementa el número de usuarios?

—Hay peticiones sobre muchos otros muchos temas, como la protección de la posidonia, que ha conseguido 21.136 firmas. También hubo por el hotel de sa Rápita: una para que no se construyera para proteger el entorno y otra iniciada después para pedir que se construyera para crear empleo. Conviven en la plataforma y demuestran que se puede pedir una cosa y la contraria por motivos legítimos.

—¿Qué petición ha recogido más firmas en España?

—La que pedía la dimisión de Mariano Rajoy y de la cúpula del PP tras la publicación de los llamados papeles de Bárcenas [1.265. 190 firmas a fecha de ayer]. Demuestra que un mayor número de firmas no implica necesariamente un cambio. Lo más importante detrás de una petición es la teoría del cambio: que tú sepas pedir una cosa concreta y plausible; pedírselo a la persona que puede llevarlo a cabo y generar apoyo y hacer presión sobre esa persona. En el caso de la dimisión del PP no se cumplen estas condiciones. Por mucho que reúnas un millón de firmas, aquí no hay tradición política de dimitir, aunque te lo pida un millón de personas. Un ejemplo de petición que sí consiguió algo de un político: un alcalde de Galicia iba a cerrar una biblioteca por los ajustes y una chica impulsó una petición para que al menos la dejara abierta dos días a la semana. Con solo 50 firmas consiguió que el alcalde viera que eso era importante para los vecinos, y accediera a la petición.

—¿Aunque no logres tu objetivo inicial puedes conseguir otros?

—Sí. La petición de la dimisión de la cúpula del PP puso de manifiesto el rechazo de mucha gente a lo ocurrido y a la falta de explicaciones recibida. Nos consta que generó mucha presión sobre la sede del PP. Hubo intentos de desacreditar esas firmas, aunque miembros del PP antes habían aplaudido y fomentado peticiones.

—¿Cómo controlar que nadie firme más de una vez?

—Lo más importante es detectar cuando se produce la introducción de firmas falsas de forma masiva. Para evitarlo tenemos sistemas de detección de spam automáticos y manuales. El mayor ataque que hemos detectado fue en el caso del PP: un 1,9% eran fraudulentas y fueron retiradas.

—¿Estas firmas son válidas para presentar una iniciativa legislativa popular (ILP)?

—No, pero es que la ILP no es un buen medio. En lo que llevamos de democracia ha habido 72 ILP, solo diez han completado el proceso y han llegado hasta el Congreso y solo una ha logrado modificar un artículo de una ley, que al cabo de cuatro años fue modificado de nuevo. No es útil. Con el referéndum pasa un poco igual. No funcionan y nuestro modelo sí: en España cosechamos casi una victoria diaria.

—¿Los españoles tenemos menos mecanismos oficiales que otros países de nuestro entorno para hacer oír nuestra voz?

—Tenemos mucho qué hacer. En Suiza por ejemplo los ciudadanos tienen la opción de, en cuanto se aprueba una ley, solicitar un referéndum para votarla y si logra una mayoría la ley se retira. En los Países Nórdicos hay mecanismos para evitar que aparezca la corrupción, basándose en la transparencia total tanto en sueldos públicos como privados. En España podrían hacerse cosas muy concretas, como reformar el derecho de petición. En otros países se ejerce constantemente porque funciona, pero aquí lo ejercen muy pocas personas y el Congreso no está obligado ni a contestar. Esto se podría cambiar ahora que Rajoy habla de medidas de regeneración democrática.

—¿Por qué cree que el Gobierno español no favorece más la participación ciudadanía?

—Nuestro sistema político viene de la transición, un sistema muy paternalista y centrado en buscar estabilidad, que finalmente ha consagrado un sistema de partidos mayoritarios. Estos se han centrado en sus intereses y en atacarse el uno al otro, a la vez que reforzaban mecanismos para repartirse la institucionalidad en nuestro país, donde no existe la división de poderes real. Así, ¿cuál es el estímulo de un partido para abrirse a la participación ciudadana si pueden coparlo todo sin tener que dar cuentas? La pregunta es ¿a quién se debe el político? ¿A sus ciudadanos o al señor de su partido que decide la lista electoral? Si hubiera listas abiertas, salir elegido dependería más de la gente y eso sería un incentivo para que el político escuchara más a su ciudadano.

—Internet facilitaría una mayor participación, ¿los gobiernos tienen miedo a este canal?

—La cuestión es que los políticos tienen miedo de la gente. Cada vez que hay un movimiento popular se intenta negar o interpretar cuando los ciudadanos hemos subido muchos escalones en nuestra democracia mientras los políticos se han quedado atrás. Y esa separación es la que hace que plataformas como la nuestra tengan éxito. Además de ser un altavoz para los ciudadanos, desde octubre del año pasado tenemos una herramienta para que los políticos o las instituciones puedan responder a las peticiones. De esta forma el alcalde de Barcelona ha contestado a 140.000 personas, dándoles la razón o argumentando por qué no secundará su petición. Y a la gente, sobre todo en el ámbito municipal, le va a importar más saber que su alcalde le escucha que su color político.

—España es el país que más utiliza Change.org, pero ¿puede ser que seamos muy activos on line y nos quejemos mucho desde nuestro salón, pero nos cueste más salir a la calle o meternos en una asociación o partido?

—Aquí un 15% de usuarios de internet utiliza Change.org mientras otros países no pasan del 4%. Se repite mucho que quien hace activismo on line no hace activismo ´de calle´, pero hay estudios, como uno de la universidad de Georgetown de 2011, que demuestran que la gente que usa las redes sociales y firma peticiones on line es la que luego más participa partidos políticos, que más colabora con ONGs... Y se vio que estas personas eran el doble de influyentes que las que no hacían activismo on line. En internet se puede prender la chispa de un movimiento que luego cambiará las cosas.

—¿Qué victoria recuerda con más orgullo o cariño?

—Con la que me di cuenta de que lo que llevaba entre manos era importante se refería a las parejas que tenían hijos por gestación subrogada en EEUU (los mal llamados vientes de alquiler) . Las parejas viajaban y volvían con sus hijos y en el caso de las parejas heterosexuales se inscribía a los niños en el consulado sin problemas, pero cuando se presentaron dos hombres con su hija el cónsul decidió negarles la inscripción. Iniciaron una petición que consiguió 700 firmas y logró que Gallardón obligara a los consulados a inscribir a estos niños. Esta lucha continúa ahora.

—Change. org no es una ONG, ¿cómo gana dinero?

—Somos una empresa social, algo que en otros países como EEUU es habitual. La idea es coger la estructura eficiente de una empresa y ponerla al servicio de un fin social, en nuestro caso lograr el empoderamiento de la gente para que provoque cambios. Ofrecemos servicios de publicidad a nuestros clientes, principalmente ONGs, para que mejoren sus campañas y de ahí sacamos beneficios, pero no lucro, porque esos beneficios se reinvierten en la empresa.

—Es curioso porque antes de llegar hasta aquí ha pasado por una ONG (Amnistía Internacional) y por la política (PSOE) ¿Ha concluido que el sector privado, aunque no lo parezca, es la mejor vía para cambiar las cosas? En España juntar empresario y social en la misma frase aún chirría.

—Pero es que España aún es muy en blanco y negro y Change.org no es una empresa como Endesa. Si quisiera hacerme rico hubiera creado otra cosa. Nos llaman la generación Y, la mejor formada, y tenemos claro que nuestra felicidad no pasa por trabajar en una gran corporación mil horas al día para tener la cuenta bancaria llena, sino que pasa por estar realizado con lo que hacemos. Yo lancé una ONG pero era insostenible y vi que la única manera de hacer crecer algo de forma exponencial y sostenida es generando beneficios.

—En su perfil de Twitter incluye que es gay, ¿por qué?

—Aún queda mucho por hacer en muchos ámbitos. Hay muchos niños que sufren acoso escolar por ser homosexuales y muchos han tenido pensamientos de suicidio. Yo juego al rugby y veo que otro ejemplo es en el deporte, donde falta visibilidad de deportistas gay porque hay mucha homofobia.