No era necesario casi ni preguntar. La cara lo decía todo: la alegría máxima por haber conseguido plaza o la decepción por no haber entrado. Ayer los colegios colgaron las listas provisionales de alumnos admitidos, lo que siempre genera una gran expectación entre las familias, especialmente entre aquellas que aspiran a entrar en los colegios tradicionalmente más demandados.

Uno de ellos es La Salle de Palma, donde pasadas las nueve de la mañana ya se congregaba un grupo de nerviosos padres. Tuvieron que esperar más de una hora (y fueron afortunados: el año pasado no se colgaron hasta pasadas las 13 horas) hasta que se expuso el listado en los corchos de la recepción con el nombre de todos los alumnos que solicitaron plaza junto a la puntuación acreditada y al lado, la palabra que todos los progenitores querían leer ayer (“Reservado”) o la que nadie quería ver (“No reservado”).

“No tenía muchas esperanzas”

Algunos de los que lograban la plaza querían hacer una foto para enviársela por móvil a sus cónyuges, para darles una sorpresa vía Whatsapp, algo que el personal del centro intentaba evitar: “Protección de datos”. Juan Carlos Rayo es uno de los felices padres que intentó tener una imagen del nombre de su hijo con plaza reservada. “No tenía muchas esperanzas”, explicaba, “no teníamos muchos puntos”. Se mostraba muy contento con el resultado de este proceso de escolarización que “se vive con muchos nervios”.

Félix Casado y Ana Belén Vidal tienen cuatro hijos y acudieron a consultar el listado con sus dos pequeños, en su carrito de bebé doble. Querían lograr sitio para el de 5 años, que ahora va a un centro público y que el próximo curso empezará 1º de Primaria, para que vaya así al mismo ‘cole’ que su otro hermano. Al no ser una solicitud para cuarto de Infantil (3-4 años), es más difícil lograr plaza (a veces ni se ofertan) y ellos de hecho ya sabían que, a pesar de tener una elevada puntuación, no lograrían sitio, pero acudían ayer ya preparados para presentar una reclamación por reagrupación familiar. “En teoría si hay una baja o sale una plaza nos tocaría”, decía Félix algo esperanzado. Confían en lograr esta reagrupación, por comodidad y también por el proyecto educativo del centro.

La cara de Xisca Crespí era de las que no podían ocultar su alegría al haber conseguido sitio en La Salle para su niña de tres años. “Estoy súper feliz, ha ido bien”, decía exultante, “¡y no lo tenía muy claro!”. Como tantas otras madres, ella aseguraba que durante el mes que pasa entre que se abre el periodo para entregar las solicitudes y la publicación de las listas “se pasa mal”.

También lo señalaba así Margarita Guillén, cuyo rostro reflejaba el sentimiento contrario al de Xisca. Quería que su hijo entrara en La Salle para cursar 1º de ESO al tener ya a su hermano en este centro, pero ya sabía que en esos cursos es difícil que salgan plazas. A pesar de la decepción de ayer, se mostraba dispuesta a presentar una reclamación: “A ver si hay suerte, vamos a ver qué pasa”, narraba: “Por probar no se pierde nada”. El día 19 de junio se publicarán las listas definitivas y Margarita sabrá si ha mejorado su suerte.

La entrada de este colegio fue así escenario de risas y algunos lamentos, y también de dudas y comentarios curiosos como “¿Cuántos puntos se dan por ser hijo de ex alumno? ¡Yo ya estoy pensando en mis nietos!” o “¿cómo puede tener alguien 20 puntos y medio?”.

Este año la conselleria de Educación ha tramitado 14.885 solicitudes de plaza, lo que supone un 5% menos que el curso anterior. De estas, 11.657 corresponden a niños de 3 años que inician su andadura en el sistema educativo de Balears.