Tras caídas en la actividad de algunas de sus empresas de hasta el 80%, el sector de la náutica comienza a dar señales de reactivación, aunque muy centrada en el producto que se podría denominar de lujo: los grandes yates, con precios de entre dos y 10 millones de euros, vuelven a ver como la demanda se reactiva de la mano de tres colectivos claramente definidos, como son el de "los ricos de toda la vida", al que se han sumado las nuevas fortunas rusas y aquellos empresarios más directamente vinculados a sectores para los que la crisis apenas ha dejado huella, como son los de internet y nuevas tecnologías de comunicación.

Este fenómeno se pone en evidencia en el 31 Salón Náutico inaugurado ayer en el Moll Vell de Palma por el president del Govern, José Ramón Bauzá, y el alcalde de Palma, Mateo Isern. Coincidiendo con el arranque de la feria, también abrió al público en nuevo edificio del Moll Vell, cuya concesión tiene la empresa Amarres Deportivos. Además de sumar un nuevo mirador hacia la bahía y la ciudad, tiene un restaurante en el que cenar junto al mar.

El área dedicada a los grandes yates en el Salón Náutico no solo muestra un incremento respecto a ediciones anteriores, sino que acoge la "mayor concentración de brokers del Mediterráneo con 29 expositores y una muestra flotante que reúne más de medio centenar de embarcaciones", según se destaca desde la organización. En total, desde ayer y hasta el próximo domingo, esta feria acogerá a 158 expositores, un 20% más que el año pasado, de los que un 66% son firmas locales y nacionales, y un 34% extranjeras. El buque estrella de este salón es el Thalia, con sus más de 48 metros de eslora, un velero ketch con un precio de unos 12 millones de euros.

La presidenta de la asociación de empresas náuticas de Balears, Margarita Dahlberg, advierte de que la citada reactivación va por barrios. En su opinión, el mercado español sigue con la respiración asistida y no hay señales de que haya iniciado una fase de recuperación que pueda ser calificada como sólida. Las clases medias-altas españolas, que durante los últimos años del pasado siglo y los primeros del actual registraron fuertes ingresos que les llevaron a adquirir una embarcación, siguen estando duramente afectadas por la crisis, y el fenómeno en su caso ha sido el inverso: al no poder mantener en muchos casos los gastos que supone tener un buque en propiedad, han optado por ponerlos a la venta con rebajas en los precios de hasta un 60%, debido a la urgente necesidad de desprenderse de ellos. Y algo similar ha sucedido con los amarres, según se admite desde el colectivo de las instalaciones náuticas.

Este hecho se refleja en la guerra de precios a la baja en la que están inmersos los puertos deportivos, según reconoce el director general de Alcudiamar, Bartomeu Bestard, especialmente en el caso de los amarres dedicados a los barcos pequeños y medianos. En este sentido, no oculta que el futuro de su ramo pasa por potenciar la presencia de grandes embarcaciones, que además conllevan un importante nivel de gasto por parte de sus propietarios.

Eso hace que el mercado de las pequeñas y medianas embarcaciones siga afectado por una fuerte debilidad en su actividad. Pero hay otros para los que las cosas comienzan a ir bien. Los megayates ven como su demanda crece, según apunta el bróker Davide Silvello, de Fraser Yachts. Las embarcaciones de 24 a 35 metros de eslora y precios que pueden ir desde los dos millones de euros a los 12 millones antes mencionados del Thalia despiertan un interés creciente. Como se ha indicado, además de las fortunas históricas, a los compradores de estos buques se están sumando, de forma muy pujante, las clases medias-altas rusas, y los empresarios vinculados al sector de internet y a sus gadgets. Además. el representante de Fraser Yachts lanza otro mensaje esperanzador: la demanda de este tipo de embarcaciones está registrando un fuerte impulso en Estados Unidos, un fenómeno que a Europa suele llegar con solo dos años de retraso.

En el caso de Balears, sus características climatológicas hacen que un producto tenga una demanda especialmente intensa: los veleros. Eso convierte a las islas en el primer centro del Mediterráneo para este tipo de embarcaciones.

El bróker habla de reactivación en la demanda de grandes embarcaciones pero también de una perceptible modificación en los gustos de los posibles compradores. A diferencia de lo que sucedía antes de que se iniciara la crisis, ahora se tiene en cuenta el consumo de combustible. Eso hace que los factores que más se tienen en cuenta a la hora de apostar por la adquisición de uno de esos megayates es el confort y el lujo, pero dejando de lado el tema de la velocidad, lo que supone un serio hándicap a la hora de intentar encontrar compradores firmes para el antiguo yate real Fortuna, ahora rebautizado Foners.

Dahlberg considera muy difícil que se puedan recuperar los niveles de actividad que el sector tenía en 2006, pero asegura que éstos podrían incluso incrementarse de la mano de una reforma del marco legislativo y fiscal. En este aspecto, cree insuficientes las excepciones que se han previsto en el impuesto de matriculación para embarcaciones chárter, aunque desde el sector de las instalaciones náuticas no se ocultan las esperanzas existentes para que esta nueva medida pueda ayudar a impulsar la actividad en el sector.

El president Bauzá y el alcalde Isern coincidieron en destacar la importancia que el sector náutico tiene para la economía balear, y ambos aseguraron que se trata de una prioridad para sus respectivos equipos de gobierno. En este sentido, el president destacó el hecho de que Balears sea la comunidad con la mayor tasa de embarcaciones de ocio de toda España.