Huir del riesgo. Eso es lo que han hecho la mayoría de los ahorradores isleños durante los últimos años, tras las malas experiencias derivadas de una excesiva exposición al riesgo durante los ejercicios previos a la crisis y las correspondientes pérdidas cuando la Bolsa comenzó a entrar en caída libre, a lo que se suma la "mala praxis" de algunas entidades en la colocación de productos, como las ´preferentes´, que han hecho que muchas familias "se hayan llevado palos muy duros", según admiten fuentes del sector.

Todo ello ha generado una más que apreciable "aversión al riesgo" y que una gran parte de los residentes en el archipiélago, al igual que en el conjunto del país, haya optado por destinar sus reservas económicas a ofertas con una rentabilidad muy baja, como las cuentas corrientes o los plazos fijos. Pero el comportamiento humano es "pendular", se destaca, y el dinero de los baleares comienza a salir de debajo del colchón en busca de lugares en los que poder engordar sin excesivos peligros.

Las entidades financieras no ocultan que el perfil del ahorrador isleño sigue siendo extremadamente prudente. Pero afirman que con rentabilidades que se pueden mover entre un 1% y un 2%, como en los plazos fijos, no se va demasiado lejos. Y eso está llevando a que los citados planes de pensiones y la renta variable estén mostrando tasas de crecimiento.

Este hecho es especialmente patente en el primero de estos casos. Los ciudadanos de las islas están suscribiendo cada vez en mayor medida algunos de esos planes de pensiones, especialmente tras los cambios que se están registrando a la hora de acceder a unos ingresos tras la jubilación.

Según se apunta, todas las personas deberían dedicar una parte de sus ingresos a un plan de pensiones a partir de los 30 años, con una aportación equivalente a un 6% o un 7% del salario. Para un individuo que cobra unos 2.000 euros al mes, eso supone un desembolso de unos 140 euros mensuales. Con un aumento de esa prima de un 2% anual, y un tipo de intereses del 3%, en 30 años se habrá podido alcanzar una cifra de unos 120.000 euros, "que no está nada mal", para afrontar la vejez y como alternativa de ahorro a largo plazo, según se apunta.

Búsqueda de rentabilidad

Otra recomendación que se pone sobre la mesa es la de no meter todos los ahorros en una simple cuenta a plazo fijo, especialmente después de que el Banco de España pusiera fin a la guerra por el pago de intereses y éstos se estén limitando en estos momentos a un 1% o un 1,5% en la mayoría de los casos.

La opción más recomendada es volver, con prudencia, a la renta variable. Es decir, a fondos vinculados a valores que cotizan en Bolsa, a la vista del buen comportamiento que ésta está teniendo.

No hay fórmulas matemáticas para marcar el margen de riesgo que se debe de asumir en esta materia, pero se señala que al menos un 20% de los ahorros deberían dirigirse a este tipo de producto.

Tampoco hay unanimidad sobre la elección de esos fondos. Así, mientras que unos se decantan por combinados "globales", con fondos que mezclen valores europeos con estadounidenses, por citar un ejemplo, otros apuntan las oportunidades que existen en el mercado español, en un momento en que las diez primeras empresas del Ibex, líderes internacionales en muchos casos, están infravaloradas por la penalización que durante los últimos años ha tenido la marca ´España´ a la hora de buscar financiación, una situación que ya está cambiando de forma apreciable.

En cualquier caso, otra recomendación que se repite hasta la saciedad es la de diversificar. "Los pijos utilizan nombres complejos, pero a fin de cuentas no es más que lo que nos decían nuestras abuelas: no hay que meter todos los huevos en la misma cesta", señala uno de los máximos responsables de una entidad implantada en las islas.

En este apartado, desde el sector bancario se insiste en un aspecto: la conveniencia de dejarse asesorar cuando las cantidades con las que se cuenta comienzan a superarlos 30.000 euros. Porque lo primero que hay que determinar es el perfil de un ahorrador.

Así, para una persona con ingresos estables y una edad que se mueva en torno a los 30 años, no resulta ningún absurdo que un 50% o un 60% de sus reservas estén en renta variable. A los 60 años, este porcentaje se reconoce como impensable para una inmensa mayoría de esa población.

Evitar el "nivel de insomnio"

La insistencia en que no hay un ahorrador igual a otro es esgrimida de forma sistemática por todas las entidades financieras: hay que conocer al cliente para determinar sus necesidades y el nivel de riesgo que está dispuesto a aceptar.

O lo que es lo mismo, según se bromea, no superar su "nivel de insomnio", es decir, aquel en el que se pierde el sueño por la preocupación que genera el destino de los ahorros. En cualquier caso, la advertencia es clara: "A mayor rentabilidad, mayor es el riesgo".

Así, también se señala como otra alternativa la elección de fondos garantizados, es decir, aquellos en los que el capital ingresado está asegurado mientras que la rentabilidad va a depender del comportamiento de la Bolsa (eso puede suponer obtener un beneficio que se puede mover entre un 1,5% y un 4% en la mayoría de los casos).

Otro producto "con recorrido", según se señala, son los planes individuales de ahorro sistemático (PIAS) y que consisten en una fórmula pensada para la jubilación, pero que permite recuperar el capital cuando lo desea el cliente. Al respecto, se destaca el interés que una oferta como ésta puede tener en una comunidad con un elevado nivel de trabajadores autónomos y de pequeños y medianos empresarios, por cuanto permite acceder a ese dinero ahorrado cuando se necesita. Además, se señalan sus ventajas fiscales si en el momento de la jubilación se opta por transformarlo en una renta vitalicia.