­El stand de la isla griega de Rodas en la World Travel Market es más grande que el espacio completo de Turespaña, en el que Mallorca ocupa la esquina más recóndita. Con el resto de Grecia mejor no comparar: abruman con su despliegue, y eso que lo han recortado a la mitad respecto a anteriores ediciones. También luce músculo Croacia, que crece y se moderniza copiando modelos de éxito como el mallorquín, solo que sin arrasar el entorno para ello. Y lo mismo se puede decir de Turquía, donde brilla la costa de Antalya, el paraíso turco que más armas tiene para discutirle el liderazgo turístico a Mallorca.

Tanto griegos como croatas y turcos comparten además un objetivo: batir el año que viene su récord de turistas, y empezar a subir precios como está haciendo hace tres años Mallorca. ¿Lo lograrán? La ministra griega de Turismo, la muy mediática Olga Kefalogianni, se declara "muy optimista": "2014 va a ser un año incluso mejor", reflexiona, subrayando que han recuperado casi todas las reservas perdidas durante las algaradas desatadas por la intervención económica del país y sus ajustes públicos. "Podemos llegar a máximos", recalca la ministra.

En Turquía están como Mallorca. Las reservas crecen con los precios. "Seguimos mejorando, tenemos mucho margen para crecer, sobre todo en mercados como el inglés", reflexiona Murat Bayindir, director de una cadena hotelera con fuerte presencia en la zona de sol y playa de Antalya. Sus previsiones son casi idénticas a las de Mallorca: más turistas, más precios, y más ingresos por turista. Es decir, más negocio. Como Croacia, que mira a Alemania y sus conexiones por autovía con la costa croata.

Peor lo tienen en el norte de África. En Túnez y Egipto saben que les va a costar recuperar lo perdido. Aunque en el mundo árabe surge un tiburón con ganas de hincarle el diente a todo: los emiratos árabes y las repúblicas del petrodolar han empezado a captar talentos hoteleros de Mallorca para intentar sumar al hiperlujo que las caracteriza las masas del turismo de tres estrellas. "Es que allí con tanto lujo no saben que es un tres estrellas", aclara en tono muy serio un hotelero mallorquín. De lo que saben es de dinero: tienen más que nadie. Y quieren más.