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El obispo "no se lava las manos" y toma partido por "las víctimas" del pederasta

Salinas defiende la expulsión de Pere Barceló porque "no es idóneo para continuar siendo sacerdote"

El nuevo obispo de Mallorca, Javier Salinas, el domingo.

El nuevo obispo de Mallorca, Javier Salinas, el domingo. / Miquel Massuti

Bartomeu Noguera

El obispo de Mallorca, Javier Salinas, optó ayer por dar un paso al frente y hacer pública su valoración sobre la expulsión del expárroco de Can Picafort, Pere Barceló, por pederastia. El prelado muestra su total apoyo a la sentencia del Tribunal Eclesiástico y considera que Barceló es un "hijo de la familia que ha tenido una actuación que no es correcta". Salinas asevera, en una de las frases más duras del texto, que "el implicado no es una persona idónea para continuar siendo sacerdote".

A través de su página personal en internet (bisbedemallorca.blogspot.com), el obispo se muestra como una de las voces menos ambigüas de la Iglesia de Mallorca a la hora de valorar el comportamiento de un cura expulsado por pederastia. Salinas no dedica ni una línea a mencionar el sufrimiento del condenado -una de las frases más repetidas estos días por sus excompañeros-, y tan solo hace una referencia a la persona del cura cuando reconoce que "para mí es muy dura esta sentencia, pensando en la persona del sacerdote implicado", aunque seguidamente añade "pero sobre todo en las víctimas, que a veces son las más olvidadas".

Doblemente apenado

Monseñor Salinas asegura haber vivido "con mucho dolor el caso que todos habéis podido escuchar y comentar", pero no duda en tomar partido en defensa de la sentencia dictada por la Iglesia al afirmar que: "Como obispo no me siento al margen de esta cuestión, no me lavo las manos. El Tribunal actúa en mi nombre, y hago mía la decisión del Tribunal".

Reconoce que es una primera sentencia que todavía debe ser ratificada en Roma, pero a pesar de ello, afirma que los hechos probados durante la investigación "ponen de relieve que ha habido un daño hecho a las personas". A continuación, manifiesta que el veredicto "supone un correctivo para la persona, porque se le excluye de un estado y un servicio que él había querido", lo que, según el prelado, significa "una forma de decir a las víctimas: reconocemos el dolor que os han causado y la injusticia que os han hecho".

Defensa del tribunal

Como si estuviera respondiendo a algunas de las voces críticas con la sentencia y sus motivaciones, Salinas dice que "vaya por delante mi reconocimiento a un tribunal que ha actuado de forma independiente y que ha velado por garantizar los derechos de las personas implicadas", y añade que con toda seguridad "no lo ha hecho de una manera superficial o llevado por ningún prejuicio, sino por querer hacer justicia".

El prelado reflexiona sobre el significado de la justicia para un cristiano: "Estamos en manos de Dios y de su misericordia, pero esta misericordia, mientras caminamos por esta vida, también tiene una dimensión de justicia, de otra forma sería desfigurar totalmente lo que significa el perdón de Dios". "Sabemos que nuestros actos tienen repercusión en los otros. Generan dolor, generan muerte, injusticia, agravios..., y ante esto, sabemos que Dios siempre nos ofrece el perdón, pero precisamente porque nos sentimos perdonados, debemos asumir también la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos", sostiene Salinas.

El obispo afirma finalmente que "es un momento doloroso para la Iglesia, pero también clarificador. Porque no podemos provocar de ninguna forma la sospecha de que no actuamos correctamente". La reflexión de Salinas concluye con la palabra de Jesús, "que es la definitiva", sostiene, "cuando en el Evangelio hablaba del pecado del escándalo provocado en los más pequeños, en los más indefensos".

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