11 de marzo de 2012
11.03.2012
50 años de su muerte

Un negocio redondo desde la tumba

Mediante "el mayor acto de piratería financiera", Juan March se apropió de la compañía eléctrica Barcelona Traction, que tenía el monopolio del momento

11.03.2012 | 07:50
Juan March, en una imagen en Estoril (Portugal).
­Una de las múltiples leyendas sobre Juan March narra cómo en su lecho de muerte, tras pedir al sacerdote Félix García que le confesara, y comulgar después, pronunció esta frase a uno de sus parientes: "Acabo de hacer el mejor negocio de mi vida".
Nunca sabremos si la postrera preocupación de en Verga fue saldar cuentas de los asuntos espirituales, de lo que no cabe duda es que atendió hasta el último minuto sus negocios terrenales. Y económicamente hablando, el último trofeo empresarial que se llevó March se llamó Barcelona Traction, y eso que el affaire no quedó cerrado hasta después de su muerte. En Joan March, l´home més misteriós del món, el historiador alaroner Pere Ferrer desgrana los entresijos de lo que ha terminado considerándose el mayor atraco financiero de la historia, con el visto bueno del Gobierno de Franco, una verdadera operación de astucia e ingeniería financieras que demostró que March no tenía parangón, hasta el punto de que en la actualidad se estudia en algunas facultades de Económicas.
A partir de la Primera Guerra Mundial, la Barcelona Traction Light and Power Company Limited, cuyo cometido era aprovechar los recursos hidroeléctricos del Pirineo catalán frente a los elevados costes de producir energía con carbón, escaso en aquellas tierras, se convirtió en la compañía eléctrica más importante de España y en una de las más grandes del mundo. El accionariado era plural y repartido entre varios países: canadienses, británicos, belgas, americanos? Se fundó en Toronto, de ahí que se la conociera popularmente como La Canadiense.

amparo de franco

El Gobierno franquista dio el visto bueno y apoyó la operación
Barcelona Traction llegó a convertirse en un entramado empresarial de grandes dimensiones, que le permitieron actuar como un lobby a nivel financiero internacional, un holding al que cada vez más los Estados miraban de reojo. A partir de la Primera Guerra Mundial, Barcelona Traction fue copando el mercado y absorbiendo a las pequeñas compañías, pasando a tener el monopolio de la energía eléctrica. De febrero a abril de 1919 estalló una huelga en el seno de La Canadiense, con ecos internacionales, con la que se logró un acuerdo histórico para reducir la jornada laboral a 8 horas.
Barcelona Traction empezó a diversificarse, expandiéndose en otros sectores como los tranvías de Barcelona y ferrocarriles, o el metalúrgico. Con la guerra civil española, y la posterior dictadura franquista, se dejaron de pagar los intereses a los accionistas. El Gobierno de Franco prohibió la compra de divisas a las sociedades extranjeras implantadas en España, por lo que impidió a Barcelona Traction saldar cuentas con sus accionistas en libras esterlinas.
"March ya hacía tiempo que había echado el ojo en esta compañía, y a partir de 1945 empezó a comprar las primeras obligaciones de la Barcelona Traction, pagándolas a precios reventados", asegura Ferrer. El historiador destaca la "estrategia de Franco para facilitar la operación de March" de apropiación de la compañía, bajo el paraguas de la nacionalización, "solo que en este caso la empresa no se quedaría en manos del Estado, sino del potentado March". Ambos se aferraron al patriotismo español para justificar lo que en realidad fue "una operación de piratería económica", apunta el experto en March.
De nada le sirvió a Heineman, uno de los principales accionistas de Barcelona Traction, pedir ayuda al exiliado Francesc Cambó, convertido también en accionista de la eléctrica. "Por desgracia, si March se ha propuesto apoderarse de Barcelona Traction, nada ni nadie se lo podrá impedir", respondió el eterno enemigo del magnate, que a buen seguro se regodeó por partida doble de haberse vengado del exministro que le hizo la vida imposible con el contrabando de tabaco.

fuerza la quiebra

Se convierte en acreedor y logra que un juez declare la quiebra
March se convirtió en acreedor de la compañía, e instó a su quiebra, declarada por un juez de Reus –sobornado, según Ferrer– el 12 de noviembre de 1948. ¿Por qué de Reus y no de otra ciudad más importante? Simplemente porque por su término municipal discurrían unas líneas de alta tensión. Estamos ante Juan March en estado puro.
El financiero mallorquín no tenía tiempo que perder, en 1951 crea FECSA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña S.A.) para absorber todo el holding empresarial de Barcelona Traction. Tras provocar su quiebra, el 4 de enero de 1952 se celebró la subasta y el único postor fue FECSA, apropiándose de todos los bienes. El "asalto a la sociedad eléctrica" supuso unas ganancias inigualables para el dueño de la Banca March. Según Pere Ferrer, el mallorquín se quedó Barcelona Traction por 10 millones de pesetas, "cuando la valoración real oscilaba entre los 6.000 y los 8.000 millones de pesetas". "Como si se tratara de un golpe de Estado, los hombres de March ocuparon manu militari todos los cargos de responsabilidad de la nueva sociedad FECSA", recuerda Ferrer. Entonces, los accionistas de la absorbida Barcelona Traction, encabezados sobre todo por el grupo de los belgas, iniciaron un periplo judicial que llegaría hasta el Tribunal internacional de La Haya contra "el fraude de ley" y, "hablando claro, un expolio", afirma Ferrer.
En medio del litigio, irrumpió otro viejo conocido de March, el abogado José Bertrán Musitu, que había sido colaborador de Cambó en su lucha contra el magnate y como él, también ministro. Bertrán asesoraba en esta ocasión al equipo jurídico en defensa de los intereses de Barcelona Traction. Miquel Monjo, biznieto de la hermana de March y divulgador de su figura a través de su colección www.canverga.com, ha podido documentar una ´conspiración´ auspiciada por Bertrán con el objetivo de parar los pies a March, iniciando una campaña de desprestigio contra su persona. Al margen de iniciativas puramente jurídicas, por lo visto el abogado veía mucho más factible amenazar a March con la publicación de una biografía donde se ventilara el origen de su fortuna, al estilo de El último pirata del Mediterráneo, el libro de Manuel Benavides que tanto irritó al financiero hasta el extremo de que lo incautó y lo retiró de todos los puntos de venta.
Bertrán dejó constancia en un manuscrito de su estrategia: "También puede hablarse de la conveniencia de redactar un folleto, o estudio de la vida del aventurero [por Juan March] para lo cual se dispone de muy abundante material. Debe decirse que éste es el mejor camino para hacerle capitular. [March] no resiste esta campaña aunque no pudiera realizarse directamente en España. Y añadir que conociéndola solo en su anuncio, le haría meditar. Recordar que el folleto que para que no circulara adquirió ejemplar por ejemplar a alto precio e hizo desaparecer incluso las Bibliotecas Públicas, en donde figura catalogado" [sic].

informes sobre march

Los hijos del principal azote de March cedieron sus informes
Para la trama argumental, Bertrán tenía material de sobra: A finales de 1955 logró que los hijos de Francisco Bastos, exdirector de la Compañía Arrendataria de Tabacos y el principal investigador sobre los negocios de contrabando de March, le cedieran 113 completos informes de su padre sobre el financiero con muchas de sus corruptelas, y la autorización "para hacerlos públicos, si las circunstancias lo permiten". Con todo, el abogado de Cambó no conseguiría sus propósitos, pues fallecería el 11 de marzo de 1957, todavía con el proceso judicial de Barcelona Traction en los juzgados, "a consecuencia de una caída", según las necrológicas del momento.
El día que March tuvo el accidente que devengaría en mortal, el 25 de febrero de 1962, se dirigía precisamente a visitar a Antonio Rodríguez Sastre, el jurista encargado de dirigir su equipo de abogados defensores contra las demandas de los antiguos accionistas de Barcelona Traction. Por un defecto de forma –los jueces consideraron que los demandantes belgas no estaban legitimados en ese proceso– La Haya dictó sentencia favorable a March el 5 de febrero de 1970, ocho años después de su fallecimiento. Lo dicho, un negocio redondo... incluso desde la tumba.

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