22 de mayo de 2011
22.05.2011

"La fibromialgia está asociada a las alteraciones hormonales"

Pedro Montoya, catedrático de Psicobiología de la UIB e investigador principal de la Unidad de Investigación y Diagnóstico Neuropsicológico del Dolor Crónico, habla de un dolor generalizado muscular más común entre las mujeres

22.05.2011 | 08:30
El doctor Pedro Montoya, recientemente en la UIB.
­­"El médico, por norma general, no quiere ver a un paciente con fibromialgia ni en pintura. Tiene un difícil diagnóstico y el enfermo padece mucho", señala el catedrático de Psicobiología de la UIB Pedro Montoya, que aprovechó un reciente congreso sobre dolor crónico celebrado en la Universitat para hablar de esta enfermedad maldita que engrosa con 120.000 pacientes cada año a nivel nacional su listado de afectados, unos enfermos que sólo en Balears ya suman entre ochenta mil y cien mil personas.

—¿Qué es la fibromialgia?
—Básicamente, un dolor generalizado muscular. No es una enfermedad nueva, pero en los años noventa se acordó definir unos criterios para diagnosticarla. No está provocada por ningún virus y a veces actúa como un cajón de sastre en el que meter de todo un poco. Lo que está claro es que cada año hay 120.000 nuevos diagnosticados en todo el país y en Balears habrá entre ochenta mil y cien mil personas con este problema.
—¿A quién afecta más?
—En un 90% de los casos, a las mujeres. Al parecer está muy relacionada con las alteraciones hormonales. Las pacientes postmenopáusicas la cursan con más dolor. Sobre todo las que tienen una interrupción más abrupta de la regla a consecuencia de quistes tumorales extirpados quirúrgicamente. Por eso los estudios sobre esta enfermedad apuntan a una conjunción entre las hormonas y la forma en la que se ha interrumpido el flujo.
—¿Alguna otra hipótesis?
—También se ha constatado la posibilidad de que tenga un componente genético. Uno de cada cuatro enfermos de fibromialgia muestran algún tipo de alteración genética.
—¿Qué se receta entonces para intentar atenuar este dolor crónico?
—Por norma general, un cóctel de analgésicos, antidepresivos, ansiolíticos y anticonvulsionantes que, en realidad, son eficaces para el tratamiento del dolor agudo, no para el crónico. Estamos paliando más que aliviando al enfermo.
—¿Qué le recomendaría entonces a un enfermo de fibromialgia?
—Que cambie de estilo de vida, porque para una enfermedad crónica no existe una cura definitiva. Los pacientes deben luchar por un cambio de vida incluso a nivel cognitivo. Intentar desechar de su cabeza los sentimientos catastrofistas. Eso le puede permitir, por ejemplo, ganar movilidad a pesar del dolor. De igual manera que si padece sobrepeso, seguir una dieta le puede ayudar a perderlo y atenuar en parte el dolor paralizante que le hace estar postrado en una cama. Repito, la única solución está en el cerebro. Y cambiar tu estilo de vida, en definitiva, también te cambia el cerebro.
—¿Con qué otros síntomas cursa la enfermedad?
—También se manifiesta con síntomas depresivos y con ansiedad generalizada. También están relacionados con la enfermedad los déficits de atención, la falta de concentración o la pérdida de memoria.
—¿A partir de qué edad hay que preocuparse?
—A partir de los cuarenta años comienzan los momentos críticos, aunque se suele dar en mayor medida a partir de los 45. Entre los adolescentes se dan muy pocos casos de este dolor crónico muscular.

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