06 de febrero de 2011
06.02.2011
Hipotecas de pesadilla

¡Manos arriba! Esto es un embargo

La ley que permite a la banca quedarse a mitad de precio con la casa de quienes no pueden pagar la hipoteca ha dejado en la calle ya a más de 5.000 familias de Mallorca, estas son sus historias

06.02.2011 | 07:30
Los pisos procedentes de embargos se han convertido en el nuevo negocio inmobiliario.
No son uno, ni dos. Tampoco100.000. Son más. Muchos más. Una marea de afectados con algo en común: les han embargado la alegría. Sus proyectos e ilusiones. El techo que les cobijaba. Su piso, su castillo. Sus sueños y su cuenta corriente. Hay tantos que no cuesta encontrarlos. Se llamán Clement, Marisol, Beatriz e Ibrahima. Cuatro nombres y catorce vidas, las de los suyos: una gota dentro de la ola de embargos que todo lo moja. Porque el mar de desahucios sube y sube. Ahoga. Empezó con el desalojo de 26.000 hogares en toda España en 2008, antes de que el tsunami de impagos echase de su casa a 52.000 familias más en 2009, que alcanzaron al cierre de 2010 la cifra de 150.000 en tres años de crisis. Y la ola sigue. Cabalga voraz a lomos de dos factores que son uno: la crisis inmobiliaria y la ley hipotecaria que la alimenta de embargos.
También en Mallorca, donde los datos de ejecuciones hipotecarias revelan que 2.600 familias perdieron la casa en 2009 y algunas más que esas siguieron sus pasos en 2010. Por eso es sencillo encontrar a gente como Marisol, que compró por 138.000 euros una vivienda que se tasó en 210.000 el día que se lo embargaron. Pese a ello aún le debe 50.000 euros al banco. ¿La atracaron? Casi: le aplicaron la legislación hipotecaria española, que permite al banco quedarse con el piso del hipotecado por la mitad del valor de tasación que tiene en el momento del impago. El momento del impago: hoy para muchos, justo hoy, cuando los precios de los pisos caen en picado hacia una agujero en el que las viviendas valen menos que la deuda que hubo que asumir para comprarlas.
Aunque en el caso la Marisol ni siquiera fue eso. Su vivienda no se depreció. Al contrario. La adquirió en 2006, antes de que la furia compradora se convirtiese en disparate. Y no dejó de pagar la letra hasta 2008, cuando se dio de bruces con el paro en el peor momento: el del inicio del desastre. "También me había quedado embarazada", añade, recordando la herida por la que aún se desangra su economía. Pese a los torniquetes. Porque lo intentó todo. Puso el piso a la venta. Nada. Buscó ayuda en familiares. Nada. Trató de negociar con la directora de su oficina bancaria. Agua y embargo. No hubo forma. "No aceptaban rebajarme la letra un tiempo y tampoco me daban ninguna alternativa. Solo querían el piso". Y no hay que ser muy mal pensado para encontrar la razón: una vivienda junto al centro comercial Ocimax que para entonces ya se tasaba en 210.000 euros podía salirle al banco a precio de ganga. Y así fue: "Por una deuda de 100.000 euros se quedaron un piso que valía el doble, no me devolvieron ni un euro de los que había pagado en años de hipoteca y aún me queda una deuda de 50.000 euros".
¿Cómo es eso posible? "Porque la ley tal como se está aplicando protege más a la banca que al ciudadano", responde Isabel Martorell, abogada y delegada en Mallorca de la Asociación de Usuarios de Banca (Ausbanc), que considera injusta una legislación tan dura con el cliente que hasta en la cuna del liberalismo y la banca canibal la tachan de "severa". Así la califica el diario The New York Times, dentro de un reportaje de portada de título elocuente: "En España, la banca te quita el piso pero no la deuda".

Sólo en España
Porque mientras en Estados Unidos (y la mayor parte de Europa) la hipoteca queda zanjada con la entrega al banco de las llaves del piso (lo que se llama dación en pago), en España el hipotecado responde con todo su patrimonio. Y todo significa todo lo que tiene y todo lo que tendrá: coches, herencias, casas y avales. También sueldos: los que se están cobrando y los que están por cobrar. Porque la deuda es "imprescriptible", detalla Martorell. Imprescriptible: para siempre. Es consciente de ello Marisol, que sabe que cuando consiga un trabajo legal (ahora limpia por horas y cobra en negro), parte de su nómina irá a pagar al agujero de 50.000 euros. "En verano tendré trabajo y voy a seguir pagando a los que me han quitado el piso sin molestarse siquiera en negociar una opción menos dañina. No he tenido tanta suerte como los de Navarra".
Se refiere a la sentencia que ha reabierto la polémica, la que da por saldada la deuda con la devolución del piso. En ella la Audiencia Provincial de Navarra muestra una sensibilidad con la víctima del embargo ausente de la letra estricta de la ley. Por eso la sentencia es carne de excepción. Lo advierte un abogado especializado en finanzas, que ejerce en un banco de Mallorca y pide anonimato por razones que sus declaraciones dejarán claras: "Si preguntas por un punto de vista personal, muy pocos abogados te van a decir que eso sea justo. Desde un punto de vista ético y moral, lo más justo es que la deuda acabe cuando se entrega el piso. Pero ni el presidente de mi banco ni ningún presidente de banco lo ve así. Para ellos no hay personas, ni en su plantilla ni fuera: solo números. Y encima la ley en realidad les da la razón. Es infinitamente injusta si quieres, pero les da la razón así que seguimos y seguiremos embargando, porque esa sentencia de Navarra no tendrá recorrido salvo que se reforme la ley, y ni el PSOE ni el PP parecen dispuestos a ello", relata crítico, antes de describir en tono grave el día a día de una profesión que desde fuera parece dura y desde dentro lo es más. "Hay días que te quedas hecho polvo. En Navidad nos ordenaron ejecutar las hipotecas de varias familias. ¡En Navidad! Te ves en episodios horribles, como cuando tienes que ir con el cerrajero a tomar posesión del piso y está la gente dentro, gente que se lleva sus cosas como puede, con críos€ una mierda, vaya. Aunque no me puedo quejar, porque lo peor lo pasan ellos".
Ellos. La mayoría se van en silencio, dice. Otros mascullan quejas contra el banco y los banqueros. Muy pocos se ponen violentos. Aunque los hay. Los bancos heredan así espejos hechos añicos, muebles destrozados, paredes pintarrajeadas, ventanas rotas e incluso puertas tapiadas con ladrillo. En eso está pensando Ibrahima. Le subastarán el piso en unos meses y el cuerpo le pide venganza. Quemar los campos antes de dejar el grano al enemigo. "Lo que no me pueda llevar va a quedar destrozado. Aquí han crecido mis hijas y ahora me lo quitan todo. Me tendrán que echar a la fuerza. El tiempo que pueda estar aquí me lo ahorro de alquiler", cuenta este padre de familia en paro, que atiende al cronista en el salón de su casa en Pere Garau. Ofrece té y vomita su enfado. "Me han destrozado la vida". Su vida. El sudor de su frente. "No sabes los sacrificios que hemos hecho para no perder el piso. Y lo peor es que en cuanto tenga un contrato me van a embargar el sueldo. ¡Me robarán otra vez!", brama enfadado, con la mirada en llamas y el puño cerrado, dispuesto a arrancar la pintura a dentelladas antes de irse. "Es que el banco no ha querido hablar nada. ¡Nada! Nada de refinanciar, nada de esperar a que consiga trabajo, nada de nada. Solo quieren el piso".

Sufren más los barrios
Y no es que el piso valga gran cosa: está en un barrio obrero, como la mayoría de los que se embargan en la Mallorca de la crisis. De ahí que sus propietarios se queden con una deuda abultada tras devolver las llaves. "Donde más han caído las tasaciones es en los barrios, así que los pisos valen muchísimos menos", explica Isabel Martorell, que exige que se aplique siempre "el precio de tasación original del piso". "Si el banco no hizo bien su trabajo no tiene que pagar por ello el cliente. Si no asumieron su obligación de utilizar la información que tenían en beneficio del cliente, que paguen y se responsabilicen económicamente como hacemos todos, como hacen los ciudadanos, que bastante tienen con entregar su piso", defiende esta abogada, que lamenta la pasividad que muestran la mayoría de los embargados. "La mayoría se desentienden,cuando la ley les da algunas opciones. Pocos saben que hasta el momento de la subasta pueden cancelar el proceso pagando las letras vencidas hasta la fecha, los intereses acumulados y las costas". Esa opción les da aire: con unos cientos de euros el proceso queda cancelado y el banco tendría que empezar desde el principio.
¿Cuánto tiempo se gana así? Pues entre uno y dos años: "Nos darnos prisa, porque a partir de 90 días de impago todos los pisos tienen que provisionarse [reservar una partida del banco para cubrir el impago] y los financieros nos dan caña a los abogados. Pero luego el proceso se demora. Se interpone la demanda y están tardando entre ocho meses y un año en resolver. Antes iba más rápido, pero hoy los juzgados están hasta arriba de trabajo". Y luego aún faltaría llegar a la subasta y el embargo. Es decir, se gana aire, pero sigue haciendo falta dinero para hacer frente a las letras vencidas.
Ibrahima no lo tiene. Tampoco Marisol. Ni Beatriz, de 32 años, parada desde 2008 y desahuciada hace unos días. Vivía con su hija en el Molinar. Y eso es lo que más le duele, ella, la niña, sus lágrimas, sus doce años de adolescencia ahora trasladada: "Lo ha pasado muy mal. Llora y llora. Lloró hasta el último día. Nuestro piso se subastó en noviembre, pero hasta el sábado pasado no me mudé". Apuró hasta el final. Sus apreturas económicas lo exigen. "Pagaba 700 euros de hipoteca. Cuando empezó la crisis y me despidieron en la tienda de muebles me pasó la letra a 970 euros. Mi banco no quiso negociar".

"El banco se quedó mi paro"
Y para rematar el golpe, a Beatriz se le ocurrió creerse los brotes verdes del Gobierno, la recuperación que iba a llegar y no ha llegado, falacia de consecuencias muy caras para ella. "Como decían que esto iba a mejorar pues dediqué todo mi paro a seguir pagando la hipoteca y mantener mi piso a toda costa. Al final se me ha acabado el paro y no puedo seguir con el piso. Así que mi paro también se lo ha quedado mi banco". Que pese a todo quiere más. ¿Cuánto más? "No lo sé, no he vuelto a ir por el banco [lo llama así aunque es una caja levantina], pero sé que en cuanto consiga trabajo con contrato me van a quitar el dinero". Que esa es otra: en el país de la economía sumergida hasta la ley hipotecaría anima a trabajar en negro. "En negro no te embargan el sueldo. Ahora hago de limpiador por horas, de camarero, de chapuzas€ lo que sale. Pero en verano cuando me hagan contrato verás", teme Clement, 46 años, otro padre de familia embargado de Pere Garau que suspira por el sistema americano: devolver las llaves y vivir libre de deudas.
Es el sueño de Clement y el otros muchos. Miles. Cientos de miles. Tantos que encontrar gente embargada es tan sencillo como mirar los tablones y ventanillas de los juzgados de instrucción de Palma, empapelados con edictos de ejecución hipotecaria. Las hay de todos los montantes y bancos. No falla uno. Solo en el juzgado número 23 Diario de Mallorca contó más de veinte avisos de ejecución hipotecaria. Y lo mismo se puede decir del resto de salas. Abundan los casos en barrios humildes. Solo en una manzana, la de la calle San Rafael, en Pere Garau, el periodista visitó cuatro pisos de próxima subasta: los pobres sufren más la crisis provocada por los ricos entre los ricos.
Aunque también hay casas y mansiones en el tablón de embargos. Ese el caso de una deuda hipotecaria de 50.000 euros que se saldó con otra operación redonda para la entidad: el embargo de una casa en Son Sardina puesta como aval y valorada en 554.000 euros que el banco se quedó a mitad de precio tras quedarse solo en la subasta. ¿Queda algo para el ejecutado de los 50.000 euros de deuda y la casa-aval del medio millón de euros? El disgusto y nada más.
Y aún tiene suerte, porque para otros el disgusto es contagioso. Un efecto dominó que arrasa familias enteras. Es nuevamente el caso de Marisol, inmigrante ella y, como tal, víctima fácil: con papá y mamá a miles de kilómetros y sin recursos, los inmigrantes suelen avalarse unos a otros para comprar piso. Juan avalaba a Pedro, Pedro avalaba a Juan y el banco lo aceptaba pese a ser consciente del riesgo. ¿Pero qué ocurre cuando la vida se tuerce y Pedro deja de pagar? Pues que el banco se lleva por delante también a Juan. Dos desahuciados por la irresponsabilidad del mismo banco que se beneficia con la jugada. Le pasó a Marisol: "Mi avalista era el marido de mi tía y también le reclaman mi deuda".

PSOE y PP protegen a la banca
¿Hay algo que hacer? Poco hasta que se cambie la ley. Pero el Gobierno no quiere. "Sería perjudicial para la banca", dijo esta semana la vicepresidenta Salgado. Tampoco parece muy dispuesto a ello el principal partido de la oposición, que tiene entre sus militantes a banqueros como Rato y a candidatos dedicados a la ejecución de hipotecas como el abogado y aspirante del PP a la alcaldía de Palma, Mateu Isern. Por eso para la mayoría de los parados con hipoteca el despido es condena de arroyo. A empacar e irse. A recoger lo que se pueda y dejar atrás lo que no. A cambiar el dinero invertido y el piso por una deuda de por vida. "Cuando la gente se va mandamos a un transportista que lo recoge todo y lo tira. Cada entidad tiene su sistema", confiesa nuestro abogado anónimo, que sabe que en el sector hay de todo. Unos mandan transportista y otros chatarrero. Ya pasaron por casa de Marisol y de Beatriz. Pronto recogerán lo que quede de los pisos de Ibrahima y de Clement después de que el banco les embargue la alegría y tire los restos a la basura. La ley se lo permite. Y nadie la cambia.

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