Daniel Martino integra la lista de expertos de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. En su viaje por España, hizo una breve parada a las islas para difundir sus conocimientos en la lucha contra el calentamiento global entre los técnicos de la conselleria de Medio Ambiente. Martino remarca que existen medidas reales para combatir la gran amenaza del siglo XXI como fijar un precio a las emisiones de gases a la atmósfera porque su capacidad es limitada, escasa. También es esencial sustituir las fuentes de energía fósil por las renovables.

­– ¿Las islas son más vulnerables a los efectos del cambio climático?

– No conozco lo suficiente Mallorca pero en general las islas tienen una cierta vulnerabilidad por el ascenso del nivel de mar. Los cambios en la disponibilidad de agua son otros de los problemas porque las proyecciones para las islas apuntan a un descenso en el nivel de precipitaciones que pueden influir en el abastecimiento de agua.

­– ¿Cuáles son las principales amenazas?

– A nivel global son muy serias. Las más importantes tienen que ver con la seguridad alimentaria mundial, principalmente en relación con los países menos desarrollados. Y es que los efectos pueden ser sumamente negativos en las zonas tropicales porque a los cambios de temperatura debemos sumar la disminución de las precipitaciones y el hecho de que en esta zona es donde hay mayores problemas de seguridad alimentaria. Otro problema importante afectará a los estados isla y a países que tienen importantes zonas costeras. En Bangladesh, por ejemplo, puede desaparecer más de la mitad de su territorio debido al ascenso del nivel del mar ya que es un país que está sobrepoblado. Las consecuencias pueden ser desastrosas. Asimismo, algunos países podrían desaparecer bajo las aguas, especialmente en el océano Pacífico.

­– ¿Los gobernantes tienen en cuenta estos efectos a la hora de construir?

– Hoy en día todos los gobiernos del mundo tienen consciencia de las consecuencias del cambio climático. El problema es una pelea para decidir quién paga la cuenta: todos saben que hay un problema, saben que hay soluciones pero estas soluciones tienen un coste. Es el pago de este coste lo que se discute. Las negociaciones del cambio climático se centran en quiénes deben pagar esta cuenta.

– ¿Qué cuesta mitigar el calentamiento global?

– Los estudios técnicos realizados en 2007 coinciden en que para lograr un grado razonable de respuestas efectivas al cambio climático estaríamos incurriendo en un coste del 1,5% del Producto Bruto Mundial. Aunque este porcentaje fuera del tres por ciento, el coste de lidiar con el cambio climático implicaría que el nivel de generación de riqueza de la humanidad (que está previsto que se doble para 2030) sólo se demoraría un año para lograrse, es decir, 2031. El concepto básico es que existen medidas posibles para luchar contra el calentamiento global y estas acciones no tendrían un coste muy significativo.

­– ¿De qué medidas hablamos?

– Hay una infinidad de medidas para la mitigación y la adaptación al calentamiento global. En el caso de la adaptación al cambio climático, las acciones van encaminadas a mejorar la eficiencia del uso del agua. Otras están relacionadas con el desarrollo de un mecanismo de prevención para combatir la expansión de enfermedades infecciones para las personas. También es necesario desarrollar mecanismos de asistencia para responder rápidamente a crisis alimentarias. Sin embargo, hay que buscar soluciones definitivas a la mitigación del cambio climático. Eso implica cambiar los comportamientos humanos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

– No es fácil cambiar el comportamiento humano...

– No es fácil, por ello, hay que lograr poner un precio a la emisión de gases a la atmósfera. El concepto es sencillo: la atmósfera tiene una capacidad limitada de recibir gases de efecto invernadero. No es posible que todo el mundo pueda emitir los gases que quiera. La capacidad de la atmósfera es escasa y por ello se debe fijar un precio a las emisiones. Hay dos maneras. El primero es a través de un impuesto, que haga limitar las emisiones a las empresas. El problema de este enfoque es que no se puede predecir cuál va a ser esta respuesta porque puede que algunos asuman la tasa como un coste más sin reducir las emisiones. Otro problema es que todo el mundo estaría obligado por igual a reducir emisiones, entonces hay actividades que tendrían un coste mayor para reducir sus emisiones y podrían distorsionar la actividad económica. La otra forma es establecer un mecanismo de tope y comercio. De hecho, es la más preferida y la que ha adoptado el protocolo de Kyoto y la UE.

– ¿Y en qué consiste?

– Se fija un tope para un país que lo transmite a sus empresas. Cada compañía sabe cuánto puede emitir pero el tope va bajando año tras año porque es lo que asegura la reducción. Las empresas que puedan reducir las emisiones más allá de su obligación y a un coste relativamente bajo tendrán un incentivo. Podrán certificar esta reducción en exceso y comercializar estas certificaciones en el Mercado de Derechos de Emisión cuyos compradores son las empresas que tienen necesidad de reducir las emisiones pero que les sale muy caro. Por ello, les resulta más barato comprar un certificado para poder seguir produciendo. Así el sistema en su conjunto logra una reducción de emisiones.

­– ¿Y para mitigar el cambio climático?

– Lo más importante es cambiar la fuente de energía porque el cambio climático está principalmente causado por el uso de combustible fósil. En la medida en que se pueda se debe sustituir las fuentes fósiles por fuentes renovables. Las fuentes fósiles tienen un grado de contaminación: el carbón es el que produce mayor nivel de emisiones por unidad de energía mientras que el gas natural produce la mitad que el primero. La conversión de carbón a gas o de estas dos fuentes a energía eólica, fotovoltaica, biomasa, energía hidroeléctrica... son maneras efectivas de reducir las emisiones. Otra de las opciones que tiene mucho potencial es la eficiencia energética que implica una reducción del consumo. Y la tercera medida consiste en los sumideros biológicos de carbono, unos depósitos naturales de carbono, que absorbe el carbono de la atmósfera y contribuye a reducir la cantidad de CO2 del aire. Se trata de aprovechar la fotosíntesis de los vegetales como mecanismo de secuestro de carbono. La plantación de bosques es una de las medidas para luchar contra el calentamiento global.

­– ¿La gente es consciente de que el cambio climático es una serie amenaza?

– Ha habido un proceso de consciencia. En el año 2003 nadie hablaba de cambio climático y hoy es un tema de conversación entre los ciudadanos. En los países en desarrollo es muy poca la gente que tiene conciencia sobre la gravedad del tema.