Hay profesores quemados, agotados, que pasan de todo, que han tirado la toalla. Y luego está Elena Navarro Duch (Madrid, 1968). Ella vive en el extremo contario. Plenamente concienciada con su misión, "educar ciudadanos responsables", Navarro confía en los jóvenes y en el poder del diálogo. Como profesora de lengua castellana y literatura ha estado en diversos centros. Su último destino fue el instituto Josep Sureda i Blanes de Son Gotleu, donde formó parte del equipo directivo y acabó como coordinadora de convivencia. Tras cuatro meses como directora del Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar y después de haber organizado en Palma un congreso estatal que ha reunido a más de 400 personas, admite que añora a los jóvenes y el jaleo de aulas y pasillos.

– ¿Cuántos expedientes abrió el Insituto el año pasado?

– El instituto no abre expedientes. Hay un servicio llamado unidad de convivencia que atiende a llamadas directas. En lo que llevamos de año van diez; y el año pasado fueron 50 intervenciones directas.

– ¿Cuál es la causa principal?

– El año pasado hubo quince llamadas por acoso, doce por disconformidad con una acción educativa y seis por alumnado muy conflictivo.

– ¿Cuando llama alguien porque su hijo está siendo víctima de acoso, ¿qué hacen?

– Escuchar es el primer paso; escuchar a quien nos llama para ver exactamente qué quiere, porque a veces buscan sólo información. Luego vemos si eso ya deriva a inspección o si se resuelve dentro del mismo centro. En este caso, llamamos a las otras partes, profesores o encargados de convivencia, y hacemos propuestas. La idea no es que resolvamos nosotros el problema, si no que lo resuelvan ellos. Cuando entre ellos han buscado una solución, a los quince días hacemos un seguimiento.

– ¿Cambiar al niño de centro es la última de las opciones?

– En algunos casos lo solicitan porque no ven otras soluciones. A veces para las familias y los niños el primer paso es ´me voy de aquí´. Primero hay que agotar las soluciones para solucionarlo dentro del centro, y luego en muchos casos se acaba cambiando al niño de centro. Yo el año pasado estaba en el Sureda i Blanes y recuerdo un caso de acoso por internet. Se metían con un par de alumnos por el Twitter y su tutora llamó aquí, al Instituto. Y entre las pautas de actuación que nos dieron, lo arreglamos nosotros. Reunimos a la partes, hicimos que vinieran sus padres, hicimos actividades reparadoras para los que se habían metido con él, que hablaran con la clase...

– ¿El ciberacoso es más difícil de detectar que el acoso ´tradicional´?

– Normalmente cuando un niño tiene miedo guarda silencio. Miedo y silencio van unidos. El primer paso es superar ese miedo para que lo cuenten, en casa o en el ´cole´. Y así lo detectamos.

– Pero ser el chivato en el colegio es de lo peor que puede ser...

– Depende de cómo lo gestionen. No es fácil, pero esto normalmente se da entre conocidos. Son de la misma clase, a veces son incluso del mismo cole y han ido juntos a clase durante seis años. También suele ir acompañado por insultos en el patio y otras actuaciones más visibles. El primer paso, lo primero que cuentan, suelen hacerlo en las familias y las familias no siempre creen que el centro tenga soluciones. ¿El centro tiene soluciones de algo que no sucede dentro del centro como puede ser el ciberacoso? Es que sí es del centro, es un problema de todos. Cuando un niño no viene feliz al cole, a nivel académico y de convivencia las cosas van a peor. Normalmente se soluciona hablando y haciendo ver que lo que para unos no tienen importancia para otros sí, para que se den cuenta del daño que hacen...

– ¿Los chicos son crueles de verdad o no son conscientes del daño que hacen?

– No le dan tanta importancia como la que tiene. La primera reacción es ´bah, si no es para tanto´. Hay que educar en el ´ponte tu en el lugar del otro´. Este proceso educativo ayuda mucho. No se les pide que sean súper amigos, basta con que aprendan a tolerarse.

– Tenéis un alumno que acosa a otro. Llamáis a los padres del acosador y estos se ponen de parte de su hijo y le defienden. ¿Qué hacer?

– No siempre se da este caso. Cuando se da, es porque los padres se sienten responsables y culpables. Es difícil luchar contra eso. Las familias a veces se sienten atacadas. No es tanto por defender lo que ha hecho su hijo, si no por que sienten que les están atacando a ellos. Se dice siempre que antes si el profe te regañaba, al llegar a casa tu padre te daba un cachete. No sé si el problema es que antes los padres sentían que el problema era de la escuela y entonces actuaban y ahora se sienten más partícipes. Los padres se sienten culpables y por eso se ponen a la defensiva con el profesor. Pero a esas edades, en Secundaria, el responsable de sus actos es el alumno. Lo que pasa es que tenemos que estar todas las partes implicadas y no podemos sentir que nos atacamos los unos a los otros, si no que tenemos que solucionarlo. Aclarado este primer paso, la situación da un giro. Hay casos en el otro extremo, de padres que te dicen: "ah, pues la próxima vez, le das dos hostias, lo que usted considere". Hay que hacerles ver que tampoco es eso.

– ¿El profesor debe ser autoridad pública?

– No es la panacea. Todo el mundo coincide en que hay un problema de autoridad, pero es de autoridad moral, no de poder, que es lo que te da la autoridad pública. Si hay una agresión, y el profesor es autoridad pública tiene presunción de veracidad. Pero, ¿cuántos casos resuelve eso? Muy poquitos, no debe llegar ni al 6% al año. ¿Cuál es la solución? Los alumnos deben recuperar el concepto de autoridad moral de los profesionales que les rodean. Los estudios dicen que el problema es la pérdida de valores en la sociedad en general. Los padres incluso dicen que parte de la solución la tienen ellos. Dicen ´si nosotros en casa habláramos bien de los profes, también se recuperaría esta autoridad moral´. La familia también debe participar en este proceso de recuperación de la autoridad, lo que supone que deben participar en la vida del centro. Ese acercamiento ya haría que las familias hablaran mejor de los profesores.

– Un chico de 15 años que está en la escuela cuando ya no quiere estar en el centro escolar puede alterar y distraer a todo una clase, ¿cómo cree que se puede solucionar esto?

– Son casos difíciles, conllevan mucho esfuerzo, recursos y desgaste. En los estudios los profesores dicen que los dos principales problemas con los que se encuentran son la falta de puntualidad y los alumnos que molestan, la disrrupción. Lo primero, que hay que ver es el perfil del alumno, si realmente es un alumno que tiene problemas o hay que tomar otro tipo de medidas. Se pueden organizar los grupos de determinada manera; según el grado de complicación se puede pasar a otros programas como ALTER, donde ya no pasan toda la semana en el centro y reciben una formación básica que les permite desenvolverse en la vida. El objetivo es lograr que estos chicos tengan la formación que les permita un desarrollo personal y profesional al menos mínimo.

– En todos los años que lleva en las aulas, ¿qué conflicto le ha impresionado más?

– No es muy comercial, pero a mí me han sorprendido más las soluciones que los conflictos. En los dos últimos años, que llevaba temas de mediación, me he llevado la sorpresa con conflictos que pensaba que iban a escalar y desbordarse y que no sólo se detuvieron con alumnos mediadores si no que incluso se logró que ellos se conviertan en mediadores. Recuerdo alumnos que que han estado sancionados con agresiones físicas y al año siguiente eran mediadores y ayudaban a solucionar los conflictos de otros. Los otros alumnos lo ven y dicen ´oye, pues hasta él ha cambiado´. Me impresiona más eso que los conflictos, que en cierto punto son incluso propios de la adolescencia o de esta perdida de valores de la sociedad en general. De todas formas, en las aulas yo hablaría más de malos modos que de violencia.

– En el IES Sureda i Blanes hay un agente de seguridad, ¿esto llegará a ser común en todos los institutos?

– Depende luego de las funciones del agente de seguridad. Por ejemplo, para echarle un vistazo a los pasillos y que no abran las taquillas y no cojan lo que no es suyo; o para vigilar que no entren otros de fuera. El del Sureda i Blanes pasa más tiempo fuera que dentro del centro. Sale afuera, porque su presencia puede evitar situaciones de chicos que vienen a esperar a otro... Y evita que entre gente de fuera, porque él conoce a todos los alumnos y es como el primer filtro. A veces entraba gente de fuera saltando. También vigila el parking y dentro ayuda mucho a la organización del centro, como a los padres que llegan y no saben adónde tienen que ir. En parte es para evitar robos, desperfectos, ayudar con la apertura de las puertas, echar un vistazo por los patios... Hace muchas cosas.

– Para ser profesores en colegios e institutos con alumnado difícil o problemático, ¿hace falta estar hecho de una pasta especial?

– Probablemente, sí. En el Congreso, José Antonio Marina dijo que los profesores de los últimos años de Primaria y de los dos primeros de Secundaria son los que requieren mayor talento pedagógico. También hace falta ganas de relacionarte con el entorno del alumno. Tenemos que estar convencidos de las relaciones entre el centro, la familia y el barrio. Cosas como que el centro de salud de Son Gotleu tenga una Consulta Jove dentro del instituto, que por las tardes pueda venir gente con un técnico del ayuntamiento a hacer actividades...

– ¿Haría falta crear un grupo de profesores ´especializados´ o hiper motivados para este tipo de centros?

– Creo que la autonomía del centro ayudaría al éxito escolar. No sé si haría falta crear un equipo especializado, pero sí que los centros públicos deberían tener algo de autonomía para la selección no digo de personas si no de perfiles de sus profesores. Si los profesores están motivados, eso se nota luego en las aulas. Trabajan más con audiovisuales, o se los llevan de aquí para allá.... ¿Sería tan difícil que un centro tuviera la capacidad para elegir al menos el perfil de un 5% de su plantilla? Que los centros puedan decir :´Necesitamos un profesor que tenga esto, que esté dispuesto a, que no le importe qué....´ Eso redundaría en el éxito escolar.

– El hecho de que en un aula estén gente de culturas tan diversas como la china, la africana o la occidental, ¿genera problemas de convivencia?

– Es más en las calles que en los centros, porque en los centros precisamente se trabaja para que la diversidad sea enriquecedora. Incluso si le preguntas a los alumnos ellos te dicen ´a lo mejor fuera porque hay bandas y cosas así, pero dentro no hay problemas y en el patio estamos más o menos mezclados´. Bien gestionado, no conlleva mucha dificultad, sobre todo si llevan tiempo. El problema suele ser cuando están recién llegados, porque cuesta incluirlos. Pero los que han llegado en Primaria no supone tanto problema.

– Hay estudios que han detectado que los jóvenes son cada vez más machistas, ¿lo ha notado usted?

– Eso de ´cada vez son más machistas´... La conciencia de igualdad no se hereda, no es un gen y eso está clarísimo. La igualdad hay que enseñarla en cada generación. La enseñanza en valores, las competencias éticas... no puede dejarse de lado, es lo más importante porque luego es lo que les va a convertir en ciudadanos responsables. No podemos olvidar que el éxito escolar pasa por el éxito personal, por ser una buena persona. ¿Qué los jóvenes presentan las mismas carencias y fallos que nuestros abuelos en temas de igualdad? Sí. Lo sé por ejemplo por la Consulta Jove. Los problemas que más planteaban en el Sureda i Blanes eran de tipo sexual, de alimentación y de sueño, por ese orden. La enfermera nos comentaba a final de curso que era sorprendente cómo los jóvenes reproducían esquemas y problemas propios de generaciones muy anteriores a la nuestra. Hay que seguir formando.

– ¿Qué alumno tiene más números para sufrir acoso?

– En el estudio de la convivencia realizado por el ministerio de Educación y desde el lado de las víctimas, hay un apartado que habla de las condiciones. No llega ni al 6% ni una. El 5,5% es por ´no defenderse´; por el color de piel un 3%; por ser gitano un 2%; por estar más gordo un 4,9%; por tener buenas notas un 2,8%... El motivo más frecuente, con un 5,9%, es ´estar aislado por no tener amigos ni amigas´.

– ¿No es bastante preocupante que un 3% sufra acoso ´por el color de piel´?

– Desde el momento que se produce ya es preocupante. Por eso es tan importante hacer un buen diagnóstico de la clase para luego poder actuar. Hay que favorecer la cohesión y el compañerismo, porque fíjate que el principal motivo es ´estar aislado´. Favoreciendo la inclusión reduces el acoso a la mínima expresión.

– ¿Pero no es muy difícil convencer a un chico de que tiene que ser amigo de Menganito porque nadie le hace amigo?

– No es un proceso así, tiene que ser más natural. Si a lo largo de toda la etapa favoreces actividades y estructuras cooperativas, haciendo según qué juegos en el patio, si las normas se hacen entre todos... Al tener que trabajar con alguien y cooperar, ya no queda nadie aislado.

– ¿Educación para la Ciudadanía está sirviendo para algo? ¿Se nota?

– No es mirar si sirve para algo o no, es algo más a largo plazo. Pero cualquier acción encaminada a eso, si va acompañada por acciones del entorno, siempre funciona. Las acciones que implican al entorno siempre funcionan más que lo puntual. En Pontevedra han lanzado una campaña para que los niños vayan solos al cole en la que han implicado a los padres, a la policía local e incluso a los comerciantes. Ese tipo de acciones son las que funcionan más que ninguna otra cosa.

– ¿Qué pasará si el PP quita Educación para la Ciudadanía?

– No creo que la quiten. Que hay que formar ciudadanos responsables lo ve cualquiera y lo quiere cualquiera que esté en el poder. Quizás sea cuestión de modos, de apostar porque esto sea prioritario o no.

– Se esperaba que con la crisis bajara el abandono escolar, pero según los últimos datos Balears, con un 40%, sigue liderando las tasas estatales, ¿qué ha fallado?

– Es algo multifactorial. Por un lado, la crisis al trabajo aquí no ha afectado tanto. Lo que sí ha aumentado mucho aquí es el querer formarse después, en la segunda oportunidad, la educación para adultos, la formación profesional... También han crecido mucho los porcentajes de Programas de Cualificación Profesional Inicial. El 50% pasa al segundo curso, y de estos más del 60% logra su titulación básica.

– Siempre se habla del porcentaje de los que fracasan, ¿qué pasa con los que triunfan? ¿se les potencia de alguna manera?

– El sistema es como un acordeón. Hay que abrirlo para incluir a todos y para que la escolarización sea universal y parece que esta inclusión es contradictoria con la excelencia, que es cuando cierro el acordeón. Pero es una contradicción aparente, en la práctica se hace. Todas las medidas van encaminadas a favorecer las dos. Todo el sistema educativo intenta ser un acordeón. Hay medidas que van desde la reorganización de centros hasta la oferta de diferentes itinerarios académicos.

– Hay colegios que separan a los alumnos por nivel, ¿es no es segregación?

– Si se demostrara que se obtienen muchísimos mejores resultados agrupando por niveles, todo el mundo lo haría así. Pero no es así. Las diferencias de resultados seguramente sean pocas. Lo que sí parece ser es que grandes abismos, grandes diferencias y de forma constante, no son buenas. Probablemente a ratos sí. Un grupo heterogéneo es positivo porque enriquece. Pero si las diferencias son inalcanzables no es positivo, porque el que está abajo se siente más pequeño y siente que nunca llegará al otro extremo, y los otros quizás se aburran y nunca lleguen a la excelencia. No hay varita mágica para esto. La flexibilidad y la capacidad reorganizar los centros es lo interesante y lo que da resultados.