"Es más barato viajar desde Palma que hacerlo en AVE". La frase es del ministro de Fomento. Y como algunas otras que ha pronunciado últimamente en relación con las islas y sus vuelos, falsa: nadie paga más que un balear para moverse por España. Ni siquiera un canario. Lo ha comprobado Diario de Mallorca, en una comparativa de conclusión elocuente y ejemplos sangrantes. Los hay de todos los colores, pero algunos escuecen cual perfume barato. Porque salen caros. Súbanse por ejemplo al AVE del ministro gallego y comprobarán cómo el viaje en el tren más famoso de la España del euro permite a José Blanco desplazarse a Valladolid por apenas 41 euros (ida y vuelta), cantidad que se eleva a nada menos que 743 euros cuando es un mallorquín el que quiere visitar la ciudad del alcalde del PP enamorado de los morritos de Pajín.

Aunque la comparación tiene trampa, dirán ustedes: Valladolid está cerca de Madrid (apenas 250 kilómetros) mientras que de Palma a las tapas y los rigores ya invernales de la capital castellana hay 800 kilómetros de vuelo con motor y sin mojón de carretera. Y no les faltará razón. Pero la razón no rige el mercado del transporte. Al menos en Balears. Se entiende bien con una comparación de las que animan al exabrupto: un mallorquín paga (ida y vuelta) por cubrir los 204 kilómetros que le separan de las hoy papales Ramblas barcelonesas los mismos 95 euros que pone a tocateja un canario que quiera hacerle la corte a Ratzinger. Solo que en vez de 204 kilómetros recorre 2.550 de ida y otros tantos de vuelta por el mismo precio.

¿Extraña? Mucho. Porque baleares y canarios, hermanados en el descuento de residente (50%) viven en las antípodas cuando se habla de tarifas. Si lo dudan, mastiquen otro ejemplo urticante, este con sabor ibicenco: el mismo trayecto entre Valencia e Eivissa que cubrió David Meca a nado le cuesta a un residente de las Pitiusas 216 euros, 6 por cada uno de los 35 escasos minutos que dura el salto aéreo. ¿Muchos? Juzgue usted mismo: a un isleño de Gran Canaria le supone apenas 82 euros llegar a la capital de la paella, las fallas y los trajes de Camps. Solo que su viaje es más largo: 4.500 kilómetros más. Son los mismos que hay de Palma a Moscú, pero es que ni el descuento de residente evita que a un mallorquín le resulte más barato aterrizar junto al Kremlin que tomar tierra en algunas ciudades vertebradas por el AVE.

Es el caso de Sevilla, Málaga o Zaragoza. Sobre todo cuanto la comparativa se hace en condiciones de insularidad, es decir, cuando el viaje no puede ser planificado. Cuando la urgencia personal o laboral obliga y no hay coche flotante con el que salir pitando. Cuando un trámite burocrático, judicial o sanitario impone el viaje relámpago y el navajazo al bolsillo. Por eso la comparativa de este diario toma como referencia en todas las rutas (reflejadas en el gráfico) una situación de urgencia que acentúan la insularidad: los datos corresponden al mejor precio por viajar en AVE, tren o avión que se logró este miércoles (día 3), para un viaje en la mañana del jueves 4 con retorno el viernes.

El resultado es doloroso. A ninguna otra gran ciudad le sale más caro conectarse con Madrid. Los 179 euros que desembolsa un mallorquín, se convierten en 75 cuando el que saca la cartera es barcelonés, que además tiene tres opciones: el avión (75 euros), el tren (86 euros) o pegarse una paliza en coche (seis horas y 82 euros según la guía Michelín). Cierto es que en el caso del salto de Mallorca a Madrid los precios caen en picado cuando el vuelo se planifica con un mes de antelación. Pero la isla no siempre da un mes. Y si el tiempo aprieta la única alternativa es aérea. Y cara, como sabe cualquiera que haya pasado en Mallorca más tiempo del que lleva pronunciar un mitin para salir zumbando en clase bussiness. Porque si la prisa empuja, a un mallorquín le vale 179 euros llegar a la capital del reino, cuantía con peso de losa cuando se envidian los 127 euros que se deja por lo mismo un sevillano con prisa y AVE, que además puede coger carretera y manta para, 4 horas y 48 euros después, saludar a la Cibeles y la Puerta de Alcalá con una mano al volante.

Idéntica desventaja sufren los baleares con cualquier hijo de vecino de Valencia, Málaga o Zaragoza. O incluso con los viajeros de la también periférica Vigo: la ciudad más rica y poblada del noroeste peninsular aún no tiene AVE (está en construcción), pero para un vigués cambiar la ría por el parque del Retiro es cosa de 167 euros de avión (doce menos que a un mallorquín) o de 98 euros de tren y seis horas de traqueteo. Menos sufre un bilbaíno con ganas de hacer cola en el Museo del Prado: paga 98 euros por el tren y 109 por el avión. ¿Y Canarias? Ay, Canarias. Las islas africanas tienen Madrid más a tiro que las mediterráneas: en las mismas condiciones de urgencia, a un grancanario le cuesta 110 euros el viaje de ida y vuelta a Barajas. Que son muchos, seguro, pero aún son 60 euros menos de los que rasca del bolsillo un mallorquín.

¿Cómo es posible? Preguntadas al respecto, las aerolíneas arman explicaciones abstrusas. Dicen que lo más caro es aterrizar, despegar y volar bajo. Y de ahí el desfase, como si un avión de Canarias no despegase, ni aterrizase ni se fundiese 4.500 kilómetros adicionales de keroseno. O aluden a las razones de demanda que hacen que en una isla como Mallorca la presión del turismo llene los aviones y haga cotizar al alza el precio de los billetes, obviando que en noviembre no hay rincón más turístico que las siempre veraniegas Canarias. Pero llegar allí es más barato. Por eso Fomento y el Govern buscan los motivos del desfase tarifario en otros lugares: hablan de picaresca de las aerolíneas, de aviones falsamente llenos y de agencias que ayudan a inflar precios. Son los otros males de insularidad. Los que, hasta ahora sin tino, persigue Blanco. O eso dice.