El conseller de Salud, Vicenç Thomàs, señaló ayer que su departamento no puede destinar a un profesional sanitario por cada niño diabético escolarizado y a lo único a lo que se comprometió es a formar al profesorado para que hagan estos controles y suministren la medicación durante las horas lectivas a los niños con este trastorno metabólico crónico.

El conseller salía así al paso a las quejas expresadas por los padres de dos niños de cuatro años de edad que llevan adosadas sendas bombas de insulina y que necesitan, antes de la merienda matinal en las escuelas, que se les dosifique una pequeña dosis de insulina para contrarestar la subida de azúcar que les puede provocar esta ingesta de alimento.

Como nadie se quiere responsabilizar de esta atención, ni profesores ni profesionales sanitarios de los centros de salud más cercanos a las escuelas en cuestión, los progenitores de ambos niños tienen que dejar momentáneamente su trabajo cada mañana y desplazarse hasta la escuela de sus hijos para ser ellos mismos los que velen por un correcto control de la enfermedad crónica de sus vástagos.

Thomàs reconoció que las conselleries de Salud y Educación firmaron en 2007 un convenio con la Asociación de Personas con Diabetes de las Illes Balears (ADIBA) por el que ambos departamentos se comprometieron a garantizar el control y el seguimiento de los niños diabéticos en el medio escolar. En el convenio se establecía que entre los centros educativos y los centros de salud más próximos a éstos se coordinarían para garantizar un desarrollo escolar normal a estos niños con este trastorno metabólico. Y el conseller de Salud se ufanó de este convenio asegurando que es pionero en el país. No obstante, hay dos niños que no son atendidos por, al parecer, la complejidad que entraña manejar estas bombas de insulina que recomiendan todos los endocrinos para mantener controlada una enfermedad cuyo descuido lleva aparejadas graves complicaciones de salud en el futuro.

"Además, el hecho de que los profesores se puedan hacer cargo de esta atención dependerá de dos cosas: primero, una autorización paterna. Y segundo, que los propios profesores quieran asumir esta responsabilidad", recalcó Thomàs, que tan sólo apuntó la citada solución de formar al profesorado o a los auxiliares técnicos de las escuelas que quieran recibir esta formación.

"No podemos solucionar este problema, que es puntual, poniendo a una enfermera en cada escuela", repitió el conseller.

Una de las madres afectadas por esta falta de asistencia explicó que al parecer el problema radica únicamente en el manejo de la bomba de insulina porque hay otros muchos niños diabéticos escolarizados que son atendidos por enfermeras en los controles del nivel de azúcar y en la dosificación de insulina mientras ésta se haga de la manera tradicional, esto es, mediante una jeringuilla o una pluma precargada.

Por su parte, desde el sindicato STEI-i señalaron que la atención de los niños diabéticos en las escuelas es competencia única y exclusivamente del personal sanitario. "Otra cosa es que algún profesor que tenga conocimiento de la enfermedad porque la padezca algún familiar quiera asumir esta responsabilidad. Pero no se puede obligar a los profesores o a los auxiliares técnicos a realizar unos cursos de formación para atender a estos niños. ¿Qué la conselleria de Salud dice que no tiene dinero para desplazar a una enfermera al colegio? Que pongan cuatro vallas publicitarias menos del mejor hospital de Europa", sugirió Antònia Font, portavoz de este sindicato mayoritario en el sector educativo.